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Año IV - Nº 247
Uruguay, 17 de agosto del 2007
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PDVSA: del meta-Estado al para-Estado

por Elie Habalian Dumat
 
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            Con la nacionalización de la industria petrolera en 1976 afloró en Venezuela un nuevo fenómeno político-económico sumamente dramático. Esto es: las compañías petroleras transnacionales, un actor extranjero con el cual el Estado venezolano había forcejeado exitosamente por la maximización de la renta petrolera durante más de medio siglo, fue sustituido por un actor totalmente nacional que iba a exigirles al Estado, al pueblo y a la nación una relación distinta. Ése fue el punto de partida de una nueva realidad contradictoria para Venezuela: PDVSA, una criatura nacida a partir de las entrañas del capital petrolero transnacional, es también la hija del tercermundista Estado venezolano.

EL META-ESTADO

            Durante los primeros veinticinco años de dicha realidad el balance del binomio PDVSA-Estado fue muy favorable para el primero y catastrófico para el segundo. Petróleos de Venezuela llegó a ser una de las primeras empresas petroleras del mundo. Con la transferencia al hemisferio Norte de una buena parte de la renta petrolera implementó una política de internacionalización que la convirtió en la propietaria de refinerías, sistemas de transporte y de distribución de petróleo y sus derivados en Norteamérica y Europa. Con los Convenios Operativos, las Alianzas Estratégicas de la Faja y las Asociaciones bajo el Esquema de Ganancias Compartidas logró, a través de la Apertura Petrolera, reinsertar en el país al Capital Petrolero Transnacional. El holding petrolero llegó a facturar en el año 2001 más de 50.000 millones de dólares. En otras palabras, PDVSA, por sus dimensiones tecnológicas, financieras e internacionales llegó a convertirse en una especie de meta-Estado que trascendía al Estado venezolano inmerso en una profunda crisis política, social y económica sin precedentes.

BADUEL PROPONE

            En su enfrentamiento con el Estado durante todo el año 2002 y parte del 2003, el meta-Estado resultó finalmente derrotado. A propósito del estallido de la crisis de gobernabilidad de PDVSA, tuvo lugar en el país un debate petrolero en el cual participaron, con el patrocinio del General Raúl Isaías Baduel, diversos sectores del pueblo y de la Fuerza Armada, con la finalidad de aproximarse a una nueva institucionalidad para el macro-sector petrolero nacional. Por las trascendentales implicaciones del petróleo, en materia de seguridad y defensa, desarrollo nacional e integración, entre otras, Baduel ha propuesto al país en reiteradas oportunidades desde principios del año 2003 un consejo ejecutivo de Estado para los asuntos energéticos, tecnológicos y de seguridad y defensa de la nación. Otra propuesta interesante producto de ese debate fue la latinoamericanización de una parte de la renta petrolera venezolana a través de inversiones energéticas en América Latina & el Caribe con la finalidad de impulsar el proceso de integración de la región. A su vez, los países latinoamericano-caribeños invertirían en Venezuela en aquellos sectores económicos de alto nivel de requerimiento del factor trabajo con la finalidad de aliviar la crisis del desempleo en el país y promover la producción nacional de bienes y servicios.

PDVSA ES MÍA

            Sin embargo, el presidente tenía para PDVSA otros planes relacionados con su legitimación en el poder y con la “gran revolución latinoamericano-caribeña” cuyo comandante sería Hugo Chávez Frías, ahora potenciado con petróleo y renta, único capaz de integrar a toda América Latina & el Caribe en una sola nación socialista del siglo XXI. Estas razones fueron suficientes para convertir a la industria petrolera en un secreto de Estado –peor que una caja negra- que sólo conoce el “Gran Timonel” y los que él señale.

EL PARA-ESTADO

            PDVSA asume hoy tareas que usualmente corresponden al Estado convencional. Entre otras funciones, puede curar enfermedades, construir viviendas y fabricar muebles y enseres, paralelamente a los ministerios de la Salud, de la Vivienda y de la Industria Ligera y el Comercio, entre otros. Además, con una parte de la renta petrolera PDVSA alimenta directamente el “banco central paralelo” del presidente, obviando el Banco Central de Venezuela.

            En cuanto a sus responsabilidades inherentes a la exploración, la extracción, la refinación, el transportar y la distribución de los hidrocarburos y sus derivados, PDVSA arroja un balance bastante negativo y preocupante. Durante los últimos cinco años, la producción ha descendido de más de 3.0 millones a menos de 2.5 millones de barriles diarios; más de ½ millón por debajo de la cuota OPEP. Hoy PDVSA no dispone de los recursos humanos indispensables para acometer las complejas tareas que exige el negocio petrolero. Además, por la incontable cantidad de denuncias, parece que la corrupción se ha apoderado en forma descarada de la industria.

            En menos de cinco años después de aquel nefasto paro petrolero decretado por el meta-Estado, hoy existen en Venezuela un Estado convencional “regido” por la constitución bolivariana, cuyo vicepresidente es Jorge Rodríguez Gómez; y otro paralelo regido por el “socialismo del siglo XXI” cuyo virrey es Rafael Ramírez. Me pregunto: ¿qué sorpresas nos tendrá en el futuro el para-Estado con su “socialismo petrolero”?

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