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Año IV - Nº 247
Uruguay, 17 de agosto del 2007
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Helena Arce

Llegó la hora de hablar: Segunda parte

Sigamos con las verdades
por Helena Arce
 
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De la República del 15/8/2007
Un camino editorial ante la intolerancia

La intransigencia es mala consejera y la intolerancia peor. Cuando llegan noticias la provincia de Entre Ríos, en las cuales se reseña que una persona es perseguida por haberse manifestado contraria al corte de rutas, es oportuno reflexionar sobre un tema de características difíciles que toca a muchos y asegurar desde el pique que el sectarismo y la intolerancia le hacen mal no sólo a las personas que libremente tienen el derecho de manifestarse con total y absoluta libertad, sino, además, a la democracia misma.
Cuando algunos lectores tratan de silenciar a columnistas, acusándolos de muchas cosas, creemos que se equivocan. Es bueno analizar cómo algunos casos de intransigencia se repiten también aquí, y en lugar de polemizar e intercambiar ideas, que es la forma más idónea de crecer en democracia, se reclama que se acallen las opiniones diferentes. Y ese, nos parece, es el camino equivocado que afecta a unos y otros, provocando en algunos casos dolorosas experiencias más que lamentables para el sistema.
Cómo no recordar un hecho doloroso, que nos tocó muy de cerca, que fue el ocurrido con el doctor Hugo Batalla, que adoptó al fin de su vida política una decisión que desde estas páginas consideramos equivocada, abandonando las filas de la izquierda, para volver a su partido primigenio, el Colorado. Una decisión que debe haber lamentado porque políticamente lo marginó, logrando solamente un lugar en el gobierno por integrar como vicepresidente de la República la lista más votada de su opción política. Pero, su grupo político, se deterioró a niveles de inexistencia electoral y política.
Pero todo ello es harina de otro costal. La de Batalla fue una decisión seguramente difícil, que no queremos analizar con mayor profundidad en esta nota, pero sabemos que le reportó sinsabores. Por el contrario, lo que queremos resaltar, fue su actividad de siempre, la de defensor de presos políticos, incluso del general Líber Seregni. Batalla fue un hombre íntegro que se jugó siempre contra la dictadura militar y, además, fue durante años uno de los puntales del Frente Amplio, al que no lo abandonó nunca durante la adversidad de la tiranía.
Sin embargo, bastó que se equivocara en la última decisión política de su vida desertando del partido de Zelmar, volviendo a un partido como el Colorado con muchos consejeros de Estado de la tiranía en su haber, para que en el barrio que vivía, La Teja, aparecieran también personajes intransigentes e intolerantes, que le hicieron la vida imposible, tanto a él como a su familia. Batalla debió mudarse de su barrio natal, en un hecho que muchos frenteamplistas tendríamos que analizar para medir al grado de intransigencia política a que se puede llegar.
La intolerancia ante las ideas de los demás muestra debilidad para encarar la polémica con las propias. Con el señor Amondarain, que es columnista de este diario, nos separan infinidad de discrepancias, como también con otros que cumplen día a día la misma tarea y que se expresan desde los distintos caminos ideológicos en que está dividida nuestra sociedad. La línea editorial del diario está dada por las notas concretas escritas en las páginas asignadas para ello y, por supuesto, en la totalidad de la publicación, en el esfuerzo que se pone para que se concreten caminos que favorezcan tanto a los uruguayos como a otros pueblos del mundo, es más que evidente. Las notas de opinión firmadas muestran el camino plural de la publicación, pero son la opinión de los autores.
Línea editorial basada esencialmente en esa defensa del pluralismo, en una apertura total de las páginas a quienes, sobre la base de ciertas reglas editoriales mínimas, quieran emitir su opinión.
Un compromiso con la ciudadanía que, obviamente, es sustancial, pues es la base misma de una concepción periodística democrática. Aquí podemos discrepar enteramente con una nota, con una opinión, pero estamos dispuestos a jugarnos hasta la vida por su publicación.
Es nuestro convencimiento. *


            No me voy a poner a valorar el hecho puntual acerca de  la opinión sobre si la decisión del Dr. Hugo Batalla fue acertada, o no. Solo rescato este editorial del Diario La República, pues coincido con el fondo de lo que aquí se expresa.

            En estos días he recibido críticas sobre nuestra posición opositora, como si el ser opositor fuese un delito. En realidad Informe Uruguay, no es en esencia un medio periodístico opositor. Desde nuestras páginas hemos invitado a todos aquellos quienes desde sus condiciones, ya sea de actores políticos o simples ciudadanos a dar su opinión. Y nuestras páginas siguen abiertas para ello.

            Lo lamento si a algunos las opiniones de nuestros columnistas no gustan, cada uno tiene el derecho en el acierto o en el error a expresar sus opiniones. Y también cada uno tiene el derecho a disentir con las mismas.

            Desde mi condición de Redactora Responsable, he intentado mantener siempre que me es posible, pues sin duda soy un sujeto de derecho, la mayor ecuanimidad posible. Pero cuando entendemos que los caminos están errores, sería por lo menos una deshonestidad intelectual no dar nuestra opinión.

            El hacer del gobernante no es fácil, y tampoco lo es la del legislador. No creo sinceramente que quienes nos han gobernado, ayer y hoy, hallan necesariamente en su conjunto, haber accionado en mal del pueblo. Sin embargo no hay duda que tanto ayer como hoy, se cometen errores. Algunos errores son circunstanciales y remediables, otros lamentablemente le hacen muy mal a la sociedad en su conjunto.

            Pero algo hay que entender, y es que en una situación más difícil se encuentran quienes deben ajustar su vida diaria, a las decisiones que toman quienes están conduciendo las actividades gubernamentales. La única forma que estos pueden hacerse oír es mediante los medios de prensa.

            Todos los medios de prensa en su conjunto, simplemente se hacen eco de lo que sienten los ciudadanos de a pié.

            Así desde estas páginas, se han escuchado voces de diferentes articulistas, explicando las dificultades que la Reforma Tributaria acarraría para la población en su  conjunto, lo mal instrumentada, que esta estaba, y los efectos que ocasionaría.

            Lamentablemente, hoy los hechos le dan la razón.

            Las consecuencias de lo ocurrido, ¿es culpa de la prensa? Por cierto que no, la prensa no inventa las noticias, ni las acomoda a su antojo, simplemente trasmite los hechos.

            Desde estas páginas hemos intentado, una y otra vez, traducir lo ocurrido. Sabemos que nos leen, infinitas pruebas de ello tenemos.

            Puedo decirles que aun circula por el país una nota de mi autoría, acerca del país que hoy día tenemos. ¿Es acaso, que  a través de esa nota  se convenció a las personas de esa realidad? Por cierto que no, simplemente esa nota traduce el sentir de buena parte de la población.

            La nota donde se apoyaba el “Nunca Más” promovido por el Sr. Presidente de la República, recorrió los despachos del Palacio Legislativo. ¿Acaso es ello mérito mío, por haberla  escrito? Por cierto que no, simplemente es que la mayoría de la población, aunque no se anime a decirlo abiertamente, estaba de acuerdo con esa proposición de nuestro Primer Mandatario, lamentablemente distorsionada por la oposición que le hicieron en su mismo partido.

            Por ello cada vez, que escucho decir a un actor político que la “culpa es de la prensa”, me recorre un escalofrío, recordando épocas pasadas. La prensa no “inventa” noticias, simplemente las trasmite, cuando la opinión de un comunicador llega a la población, no es porque el comunicador sea un mago en el arte de convencer a la gente, sino simplemente porque está traduciendo en palabras, lo que ya se ha hecho carne en la población del país.

            Muchos ciudadanos en el acierto o en el error, han debido en momentos cruciales tomar difíciles decisiones. Para algunos esas decisiones han hecho a su vida personal para bien o para mal, pero cuando quienes toman decisiones son actores políticos, esas decisiones abarcan más allá de su vida privada.

            Muchos han sido juzgados injustamente, simplemente por aquellos que no compartían sus ideas, así como menciona La República, la intolerancia hizo que en el acierto o en el error, la decisión tomada por el Dr. Hugo Batalla, le haya valido la intolerancia y la falta de respeto de quienes mucho le debían, cuando en épocas difíciles, cuando hoy grandes personajes miraban para otro lado, el se jugaba la vida defendiendo presos políticos. Así Wilson en su lecho de muerte debió afrontar la incomprensión y el abucheo de aquellos que no compartían su decisión de impulsar la ley de caducidad punitiva del Estado. El en su increíble visión de estadista entendió que en esos momentos, era lo único que aseguraría la instalación definitiva de la democracia. Poco rédito político iba a sacar en lo particular de ello, dado que ya sabía que se enfrentaba al fin de su vida.

            En el Uruguay de hoy, los viejos recalcitrantes, que se niegan a crecer y a madurar, siguen aferrados a un pasado que mucho dolor le ha causado a nuestro país.

            Cuando las persona crecen, es condición sine qua non, que recapaciten y piensen en los que vienen, en las nuevas generaciones, y por su propia salud mental dejen atrás el odio y los rencores. Y por sobre todo entiendan que únicamente en tolerancia es que se puede convivir. Para convivir hay que dejar atrás, los rencores y los dolores, no podemos seguir relamiéndonos en nuestras cicatrices. Si seguimos abriendo las heridas, estas nunca se cerrarán.

            Por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, es menester, imprescindible que avancemos, que sigamos adelante.

            No podemos rechazar el mundo que se viene, debemos aprender a vivir en él.

            SI el mundo se hubiese negado a avanzar, aun hoy seguiríamos recorriendo el mundo en carretas tiradas por caballos, pero se inventaron los medios de transporte autopropulsados por motores, y con ello se lograron avances que han logrado que la humanidad obtuviera muchos beneficios, en su conjunto.

            Podemos como algo folklórico, dar algún paseo a caballo a quienes gustamos de ello, pero sabemos que para trasladarnos de un punto a otro, necesitamos del automóvil, o de un ómnibus, nos guste o no, ese es el mundo en el que vivimos.

            Muchos dolores a nivel de la comunidad nacional e internacional, hemos sufrido, como a nivel personal, a cada uno de nosotros le ha ocurrido. Ya sea por hechos de la comunidad que han incidido en nosotros, o por las circunstancias de nuestra propia vida. Pero todos sabemos, que la única forma de seguir viviendo, es esforzarnos en seguir adelante, en curar nuestras heridas, sanar nuestros dolores o por lo menos aprender a vivir con ellos.

            Muchos hemos aprendido a vivir con esos agujeritos en el corazón que nos van quedando, por situaciones no agradables, algunas de ellas más dolorosas que otras, a las cuales la vida nos ha enfrentado. Y sin embargo seguimos, nos esforzamos, pues sabemos que por más que pateemos el tablero, no podemos cambiar el pasado.

            Lo único cierto que tenemos, es el hoy, el presente. De cómo construyamos nuestro presente, será el futuro que nos toque vivir.

            Si eso podemos realizarlo, por las fuerza de la necesidad en nuestro diario vivir, es inconcebible que no podamos hacerlo en la vida en comunidad. No podemos hipotecar la vida de los demás, por nuestros errores, incomprensiones y/o fracasos del pasado.

            Es hora de ponernos a construir, y para ello es hora que entendamos que nada se construye desde el odio, tampoco desde la intolerancia.

            Mucho menos podremos construir, si no sabemos escuchar las críticas de quienes no están de acuerdo con lo que postulamos. Es muy fácil hacerse eco, únicamente de las alabanzas, cercarse de aquellos que nos admiran y no nos encuentran defectos. Es ciertamente más cómodo y más fácil.

            Pero la vida no es fácil, la vida pasa por aprender todos los días, y la forma de aprender es escuchar las críticas, pues ellas nos hacen replantearnos, únicamente así podremos saber si podemos ratificar o rectificar, lo que hemos hecho pensando que era lo mejor.

            Hasta la próxima

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