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Circunstancias y Perspectivas
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| por Luis Alberto Lacalle Herrera |
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Las denominadas encuestas, es decir las mediciones de tendencias de la opinión pública en función de preguntar a un muy especial grupo de personas y de sus respuestas extraer datos válidos para toda la sociedad, están instaladas en nuestra vida cotidiana. Las más notorias son las referidas a las preferencias políticas, pero continuamente se realizan otras relativas a productos comerciales, tendencias y hábitos de los consumidores, Se han convertido en un instrumento valioso para los empresarios. La clave está en elaborar una muestra tan afinada, tan representativa del todo social como para poder efectuar las generalizaciones más aproximadas. Como en todas las actividades las hay muy serias y profesionales y de las otras. Las que refieren a la intención de voto son las únicas que, llegado el momento de depositar el sufragio, tienen una prueba de su veracidad y exactitud en el propio escrutinio. En la medida de que este está lejano, hay que hacer fe en el profesionalismo de los encuestadores. También cabe recordar que se trata de “fotografías” de la opinión, guarismos y porcentajes que “retratan” un momento determinado. No son una “película” que se va desarrollando, son sólo un dato cierto respecto de una fecha determinada. De todas maneras es un hecho que se han incorporado a las prácticas de los agentes políticos, muchos de los cuales viven exageradamente pendientes de esos oráculos. Son un instrumento útil, pero nada más.
Este razonamiento se basa en el dato que señaló en estos días que la coalición de gobierno habría descendido en la consideración pública y teóricamente perdido la preferencia mayoritaria de los ciudadanos. De esa noticia derivaron especulaciones y predicciones que son, a nuestro juicio apresuradas, más allá de que nos gustaría que fueran verdaderas a la hora, todavía muy lejana, de votar.
El gobierno de nuestro país es ejercido por una fuerza de características peculiares y propias. El Frente Amplio es una coalición en el más cabal sentido de la palabra. Desde su organización en 1971 ha ido acumulando adhesiones y alianzas del más distinto carácter y esencia. Creció aluvionalmente, sumando partidos, fracciones de partidos, movimientos sociales y componentes sindicales. No es susceptible de encuadramiento dentro de los moldes tradicionales, escapa a las calificaciones habituales y por ello merece un análisis diferente al que cabe respecto de los otros partidos. La referida complejidad genera una dificultad en la estrategia política y aún electoral de la oposición.
Actúan en la fuerza bajo análisis sectores típicamente políticos, partidos como el socialista o el comunista y agrupaciones de similar forma de actuación. Los conocemos porque son parecidos en sus comportamiento a los nuestros, salvando los contenidos. Junto a estos agrupamientos actúan fuerzas sindicales más o menos comprometidas políticamente con el Frente pero que pueden, en algunos casos y sin forzar a realidad, considerarse parte de esa corriente. Allí estamos en un terreno de más difícil análisis toda vez que en nuestro país los límites respectivos son a veces borrosos cuando no inexistentes. En esencia los intereses de los sindicatos y de los partidos no pueden ser iguales salvo en el caso de los partidos clasistas por definición. Más bien, respecto de los gobiernos, los sindicatos prefieren la lejanía, para poder ejercer mejor su presión y obtener sus logros. Entre nosotros no es así. Principales dirigentes sindicales figuraron en las listas de votación y fueron elegidos legisladores del Frente. Cómo reaccionarán en el futuro es una incógnita. ¿Seguirán unidos luego de ver las políticas económicas del Ministro Astori, sobre las que recaen en estos días tan severos juicios? ¿Lograrán cambiar tanto al Ministro como a sus políticas como notoriamente intentan?. Finalmente la fuerza que nos gobierna tiene otro componente, ese sí de gran gravitación. Es el elemento cultural. La coalición de izquierda deriva gran parte de su fuerza de tendencias culturales que actúan en nuestro medio desde hace mucho tiempo. La presencia del Estado como proveedor tanto de empleo como de solución para cualquier contingencia negativa de la vida, la desconfianza en el sector privado y el rechazo social al éxito económico, la creencia de que existe en algún lado una gran cantidad de recursos que los gobiernos no reparten por pura perversidad, son, entre otras, creencias arraigadas en lo hondo de nuestro ser nacional. El sistema de enseñanza pública utilizado durante décadas para la transmisión de datos negativos, mensajes de que nada era bueno, nada rescatable en nuestra sociedad, son hoy una realidad palpable. Luchar contra todo esto no es fácil.
Una encuesta no hace verano. Creemos que comienza un deterioro del gobierno. Señala su inicio no solo el contenido concreto de la reforma tributaria sino que también la percepción generalizada de que es contraria al interés popular. Pero de ahí a creer que hay certezas de éxito en una elección para la que faltan más de dos años, media un abismo. Será preciso edificar alternativas creíbles, percibidas como posibles y muy bien difundidas. Es la tarea que corresponde a todos, pero muy especialmente al Partido Nacional reconocido, más allá de nuestras preferencias, como la fuerza capaz de conjugar y conjuntar a todos los que desean cambiar esta realidad crítica., catastrófica y ruinosa que vivimos. El camino de la esperanza se debe de basar en realidades muy sólidas.
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