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Año IV - Nº 247
Uruguay, 17 de agosto del 2007
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Fernando Pintos

Nazismo, comunismo, antisemitismo, frenteamplismo… En fin, todos ismos…

por Fernando Pintos
 
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            Ahora que esa llamativa estupidez política que está obnubilando a buena parte del pueblo uruguayo ha conseguido poner nada menos que al «Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros» como primera fuerza política dentro de esa colcha de retazos denominada «Encuentro Progresista» (si eso es «progreso», preferible toda la vida el oscurantismo), me reencuentro con algunos artículos que escribí en 1984 para aquel excelente semanario que fue «Nueva República»,  y caigo en cuenta de que tan estúpido no era para escribir, en aquel entonces, tales cosas…

            Verán, me parecería odioso y hasta reprobable asumir el papel de profeta de botella, o señalar con un dedo acusador hacia el mapa de la vieja y deportiva RODELÚ para expresar, con un tonito impertinente: «¡Y tengan en cuenta que a su debido tiempo se los dije!…». Pero sí creo oportuno reverdecer algunos recuerdos, aunque sean de 23 años atrás, y por más que se trate de ahora (23 años después), precisamente para ejemplificar la sabiduría de aquel antiguo dicho: «Aquellos polvos trajeros estos lodos». Si les alcanza la paciencia, lean lo siguiente —que se publicó bajo el mismo título de este artículo— y después me cuentan.

            «…Con genuina congoja, esa prestigiosa tribuna periodística que es «Semanario Hebreo» (un  sólido órgano de prensa, con un cuarto de siglo de fructífera existencia), recoge en su página editorial del jueves 13 de setiembre de este año de 1984, un hecho por demás significativo, desarrollado en largo y enjundioso artículo bajo el título de «Un triste privilegio para un grupo político» El párrafo inicial –que transcribimos textual–, resulta por demás significativo:

            “Cuando una indignada ciudadana uruguaya judía volvió de una reunión frenteamplista hace dos semanas y nos llamó, decepcionada y dolorida, para decirnos que quería que leyéramos un folleto que allí distribuyeron, no imaginábamos exactamente de qué se trataba. Nos hizo llegar el texto al día siguiente, y comprendimos sus sentimientos, compartiéndolos plenamente. El folleto en cuestión, es el texto de las Bases Programáticas del “Movimiento Popular Frenteamplista”, que tuvo su raíz en el “Movimiento Popular y Progresista” creado en setiembre de 1969 en el marco del Partido Nacional y desvinculado del mismo en diciembre de 1970, para pasar a ser uno de los grupos fundadores del Frente Amplio, en el cual adquirió su nuevo nombre…”

            Y luego de extenderse brevemente sobre su deseo de no realizar el análisis de la problemática nacional que se hace en ese folleto, «Semanario Hebreo» prosigue, refiriéndose al meollo del asunto, con estos términos:

            “…Entre otros conceptos referentes a la liberación de los pueblos y la defensa de sus intereses frente a la dominación política o económica, figura la siguiente expresión: ’La autodeterminación de los pueblos ha de ser siempre defendida. El racismo (segregación, sionismo) tiene que ser denunciado y enfrentado. La igualdad jurídica de los estados debe ser sostenida en todos los planos’. Indudablemente, una expresión gravísima que no podemos ni minimizar ni pasar por alto. No fue puesta allí por simple fraseología ni cayó por azar. Es parte de un programa de acción que llama a enfrentar y a denunciar al Sionismo como forma de racismo y segregación”.

            A continuación, sigue una brillante exposición sobre el tema, cuya extensión nos exime –lógicamente– de transcribirlo. Eso sí, de lo que no nos eximiremos, es de compartirlo plenamente; y apoyarlo en toda su extensión. Porque es hora de decir que, aquellos que denuncian a Israel y al Sionismo como “racistas” o “imperialistas” (por citar dos de los términos más usados al respecto), son por contrapartida, verdaderos genocidas y auténticos racistas. Son los herederos de Hitler, de Goebbels, de Stalin o de Eichmann. Son los aliados de un Khadaffy, de un Habash o un Arafat. Son los que se estremecían de gozo en 1948, en 1956, en 1967 y en 1973, cuando pensaban llegado el momento en que, los ejércitos coligados de varias naciones árabes iban, ¡por fin!, a culminar la tarea iniciada años atrás en Auschwitz, Treblinka, Maidanek, Sobibor, Kelmno, o Belzec, masacrando a un pequeño país casi inerme: Israel. Son los mismos, pues, que en 1948, 1956, 1967 y 1973 se quedaron con un palmo de narices, cuando ese pequeño país y ese pequeño pueblo –oasis de estabilidad y democracia en una región caótica y salvajemente despótica, como es el Medio Oriente–, derrotaron irremediablemente a los grandes ejércitos armados por el imperialismo rojo y adoctrinados y entrenados por capitostes del Tercer Reich…

            Pero, claro, “Dios los cría y ellos se juntan”. Pese a todos los reveses sufridos, el feroz racismo; el perverso, intrínseco y visceral racismo de todos los totalitarismos, sigue vigente y a la flor de piel, allí donde se encuentre un totalitario. Y ese es el punto al cual queremos arribar. La esencia del ser totalitario y su fácil identificación, más allá de ese fácil eufemismo en que –por desgracia para los crédulos o los poco enterados– se ha convertido la palabra “democracia”, en este país y en este mismo momento.

            Los que en 1939 cantaban loas a Adolfo Hitler, se vestían con camisas pardas, ensayaban el paso de ganso, saludaban con el brazo en alto y entonaban más o menos gangosamente el “Horst Wessel Lied”, no eran demócratas (por más que Mussolini y Hitler declarasen, enfáticamente entonces, ser los líderes de las democracias más auténticas del mundo). Tampoco eran demócratas los otros: los que cantaban la internacional y saludaban con el puño crispado en alto.

            Aquellos quienes en 1984 propugnan, en Uruguay, el “restablecimiento inmediato de las relaciones diplomáticas con Cuba” (folleto del Frente Amplio titulado “Ud. Tiene derecho a votar a quien quiera”, impreso bajo Depósito Legal 199.713/84 y repartido, por todos los Comités de Base, en todos los barrios de Montevideo), que como todos saben bien es una tiranía comunista sangrienta, espuria y vergonzante… Los que realizan en el Uruguay de 1984 multitudinarios actos de apoyo a la feroz e implacable dictadura comunista que asuela a Nicaragua desde 1979 (donde se pone al Sionismo y al Judaísmo en el banquillo de los acusados, como a dos monstruos culpables de todos los males del mundo)… Los que hoy día se congregan en actos políticos bajo la bandera del Frente Amplio que en 1971 sirvió de fachada política legal para la subversión totalitaria que quiso destruir las instituciones de este país y la democracia de esta nación…

            Todos aquellos que callan, obsecuentes, ante los desmanes sangrientos del imperialismo moscovita y su largo rosario de atropellos y genocidios a escala universal… Los que denuncian a voz en cuello los “21 desaparecidos” causados por este Proceso Cívico-Militar en once años, pero, púdicamente, ignoran los 210 desaparecidos registrados en Nicaragua, tan sólo en 1983… Todos esos son y serán los totalitarios y los antisemitistas de siempre… No en vano, en 1939, Ribbentrop y Molotov se dieron el más fraternal de los abrazos, genuinamente hermanados en el cálido y “humanitario” propósito de repartirse el mundo como si de un pastel de cumpleaños se tratase… Y si más adelante se rompiese tal armonía, no fue por lo disímil de ambos regímenes, sino por la vieja ley universal de que, tarde o temprano, indefectiblemente, los grupos gangsteriles juzgan que ha llegado el momento de ajustarse las cuentas y apoderarse la totalidad del botín. Lo mismo pasó años después entre rusos y chinos, y seguirá sucediendo siempre, porque el carácter rapaz de los totalitarismos así lo marca; fatal e indefectiblemente.

            Por ello, no es de extrañar que ya, tan temprano, algunos de los grupúsculos totalitarios del frenteamplismo saquen las garras y se muestren tal y cuales son: intolerantes, fascistas, agresivos, peligrosos… Dispuestos a usar todos los resortes de la democracia, para tomar a ésta misma por asalto, e imponer a todo un país sus disolventes doctrinas de odio y destrucción.

            Por todo ello, no nos sorprende en lo más mínimo esta actitud programática del Movimiento Popular Frenteamplista. Racistas y antisemitas deben ser, lógicamente, dado que apoyan a un país que –como lo hace sin tapujos la Unión Soviética–, practica una política de opresión despiadada contra sus ciudadanos de relación judía, y realiza todos los esfuerzos posibles –guerras y terrorismo mediante– para que sus aliados y títeres árabes borren del mapa a ese bastión de progreso, libertad y occidentalismo que significa, para el Medio Oriente, el joven Estado de Israel…».

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