Año III - Nº 118 - Uruguay, 18 de febrero del 2005

 

 

 

 
DESMORONAMIENTO DE LA ACEPTACIÓN POPULAR DEL PARTIDO COLORADO EN EL PAÍS Y EN EL DEPARTAMENTO DE CANELONES EN PARTICULAR
Causas y consecuencias

Escribe: Ernesto Martínez Battaglino

El historiador Gerardo Caetano, refiriéndose al Presidente Dr. Jorge Batlle en el programa de Sergio Puglia, "Mucho Gusto" de Canal 10 de Montevideo, lo calificó -palabras más, palabras menos- como que fue el que en su momento concitó las mayores esperanzas en la ciudadanía, en cuanto a posibles realizaciones revolucionarias (75% de la opinión), convencido que le permitiría dar el gran salto cualitativo y lograr así, una real independencia económica al país y un bienestar estable a la población.

Se basó esto en su reconocido carácter, su audaz impronta y su férrea línea ideológica que la venía manteniendo desde muy joven, incluso, en contraposición con la tradicional doctrina batllista seguida por el Partido Colorado, y hasta de la de su propio padre, el ex Presidente Luis Batlle Berres, último defensor de las originales doctrinas impartidas por don José Batlle y Ordóñez, hombre de otra época pero no sectario como para no acompasar sus ideas a los cambiantes momentos del país y el mundo. Aquellos lineamientos seguidos exitosamente hasta la década del 50 del siglo XX, eran las aceptadas y queridas por una gran mayoría, al haber ayudado a convertir al país en uno de los más democráticos, modernos, justos y prósperos en cuanto a cultura, salud, beneficios sociales y calidad de vida, por el hecho que el gobierno, en manos del Batllismo, se había convertido en el "gran padre protector" de todos los uruguayos, pero, fundamentalmente, de los que estuvieran en las clases obreras y medias, tradicional orgullo nacional de haber conformado y consolidado a estas últimas en la gran mayoría ciudadana, forjadora de nuestra tan apreciada forma de vida... a la uruguaya. Se vivía la época del "¡Como el Uruguay no hay!".

El que Batlle se hubiera cultivado desde siempre en los mejores colegios, el haber obtenido una carrera universitaria con el doctorado en derecho, el de manejar correctamente cinco idiomas y ser un gran estudioso de nuestra historia, de la historia y literatura universal y de las distintas doctrinas económicas, sociales y políticas, sin duda que lo convirtieron en el hombre justo para el momento justo, más aún, que había mamado desde la infancia "la política", al haber nacido y convivido en un hogar de políticos, nada menos que de la emblemática familia Batlle, familia de presidentes si las hubo.

Él sostenía que una cosa era el país del primer medio siglo XX, que se debió desarrollar ante un mundo lejano y plagado de poderosos países que buscaban sus ventajas sin mayores trabas legales, donde, si alguna dificultad se les presentaba que pudieran coartar sus siempre buscadas expansiones económicas, no escatimaban el exhibir su fuerza comercial y hasta la bélica si es posible, para lograr sus objetivos, razón que llevó, bajo la sabia visión de José Batlle, de darnos en la mejor forma posible la independencia social, para no tener que depender más que de lo necesario de terceros países, tratando de poder manejar la mayoría de los resortes administrativos, industriales y de servicios públicos imprescindibles, solo en aras de nuestro mejor vivir, sin depender de otros intereses siempre dispuestos a buscar ventajas propias, generalmente contrarias a las nuestras.

Pero otra cosa era el mundo que luego de la segunda guerra mundial se fuera construyendo en su faz tecnológica, política, comercial y productiva, que consolidándose en sus medios legales apoyados por los distintos Organismos Multinacionales que se fueron creando -aprobados por nuestros gobiernos y por nuestros parlamentos- nos empezaran a dar las seguridades necesarias que para países pequeños como el Uruguay, las convertían en imprescindibles, hecho que debía de hacer cambiar de rumbo a aquel país paternalista y hasta un poco encerrado en sí mismo, para que, sin descuidar su tutela social y su desarrollo económico, e incluso, para consolidarlos, se debió acompañar la evolución que las nuevas estructuras técnicas le iban imprimiendo a las relaciones entre naciones, donde no quedaban exentos de cambio lo referente al comercio, a la industria, a la producción agropecuaria y a todo lo que englobara los llamados "servicios", que van desde los transportes, las comunicaciones, el turismo, la informática, la banca, el agua potable, el saneamiento, el suministro eléctrico y de combustibles, etc., etc.

El tropiezo tenido con la subversión urbana primero y la dictadura militar después, fue enlenteciendo un cambio cantado que debería de haber empezado en los años 60 del siglo XX, y que recién, lentamente por lo que hubo que "zurcir" a partir de la vuelta a la democracia a partir del año 1985, se empezó a ir cambiando una demasiado acostumbrada forma de ver la política, no siempre aceptada por los intereses corporativos de la sociedad, una razón más para que el proceso se fuera demorando en su puesta en práctica.

Ahí es cuando aparece Batlle con sus planes más que pensados y añorados para poner en práctica, como algo que venía acuñando desde tanto tiempo y que fue sirviendo para que cada vez más fuera consolidando convicciones, buscando contactos con inteligencias nacionales e internacionales con las que él siempre buscó relacionarse y consultar, ya que más que convencido estaba que el Uruguay solo despegaría con un audaz cambio de rumbo económico y con una nueva visión de su estructura pública. Esas ideas ya lo habían llevado al fracaso electoral en más de una oportunidad, que hasta jocosamente le gustaba comentar, pero que no por eso lo habían hecho dejar de decir lo que él creía como lo mejor. Así surgió lo del hombre que "canta la justa" que lo hizo famoso, ya que cada vez que marcaba un rumbo que por otros era tomado como disparatado, al tiempo, ese "disparate" era lo que se debería de haber hecho o lo que, incluso el que lo criticara, lo llevaría a la práctica, luego, como la mejor opción.

Por eso, dándole fin a lo que al principio comentara de lo expresado por el historiador Caetano con respecto a la personalidad de Batlle, es que éste ingresó a la presidencia cargado de esperanzas y de decisiones más que masticadas, "destacándose como el mejor gobernante para el país", pero, lamentablemente, "haciéndolo en el peor momento que el Uruguay pudo tener".

Tan es así, que prácticamente se le fueron demorando o lisa y llanamente frustrando plan tras plan, lo que desdibujó su "proyecto país", fundamentalmente por una serie de factores externos que son hasta difíciles de creer que puedan haberse dado en la forma tan maligna y acumulativa como el país y su pueblo tuvo que soportar, por lo que solo le dio el tiempo para dedicarse a enmendar entuertos de acá y de acullá, para que las consecuencias no fueran mucho más catastróficas y pudiera, ahora, irse con la frente en alto por haber podido sacar al país del pozo, luego de haber caído como nunca en su historia, y entregar el gobierno a las nuevas autoridades en paz, en democracia, en plena expansión económica y con perspectivas internas e internacionales espectaculares, en la medida que el gobierno que asuma a partir del próximo 1º de marzo, siga por lo menos las grandes líneas económicas ya trazadas y hasta elogiadas por ese futuro gobierno, que hasta ayer no más fueran las negadas por impropias por ellos mismos, y así calificadas como medio y trampolín para alcanzar el poder.

Por lo dicho y aprovechando muy bien una situación de catástrofe de nuestra economía, del desmoronamiento de la actividad industrial, de la comercial, de la bancaria, una inteligente y tenaz oposición, bien que supo también magnificar el descrédito para desprestigiar aún más a un gobierno que ya por tales circunstancias se venía desprestigiando sin ayudas extra, por lo que no fue extraño que un partido como el Colorado, que tradicionalmente fue considerado "como el partido de gobierno", cayera en la forma que lo hizo en las últimas elecciones nacionales. Y si estas elecciones dieron tal traspié al partido fundacional que más tiempo ha ostentado el poder en el Uruguay, e históricamente en país alguno, esto se entiende y se comprende, también, que el que lo sustituyera fuera el que más tenazmente se le había enfrentado desde hace más de 30 años y que se presentara con características mesiánicas en este especial momento, prometiendo un cambio profundo y total, capaz de levantar a los sumergidos y de darle bienestar, trabajo y seguridad económica a todos.

Es como si se les hubiera ofrecido pan caliente a un grupo de hambrientos, pues hasta el tener en algo en que creer ya era más que suficiente como para asegurarle la victoria a quien así procediera. La necesidad de creer era más fuerte que la de alcanzar la meta prometida. Era el Mesías, la Divinidad que lo había afirmado, lo cual era innecesario comprobar, y menos aún poder negarlo por los caminos del raciocinio. De esto mismo hasta el propio senador José Mujica hizo referencias en más de una oportunidad en reportajes a la prensa al asumir la nueva legislatura el día 15 de febrero último, advirtiendo sobre el peligro de un fracaso en la gestión del nuevo gobierno, ya que eso rompería el encanto de credibilidad que lo rodea y lo sustenta, lo que si así aconteciera, podría convertirse en un nefasto bumerang para la colectividad hoy triunfante.

Pero como por ahora y por un buen tiempo el próximo gobierno gozará de la confianza de la población (la que esperamos siga por mucho tiempo lo que demostraría que va por el buen camino para el bien de todos), es lógico lo que nos muestra una última encuesta telefónica realizada por Equipos Mori de este mes de febrero (que adjuntamos) donde queda demostrado que el EP.FA.NM. sigue en la cúspide de la aceptación ciudadana para la próxima contienda electoral que se nos avecina para el mes de mayo, votándose allí Intendentes y sus respectivas Juntas Departamentales, donde, precisamente en Canelones, departamento tradicionalmente colorado pero que en este último quinquenio su administración fuera pésimamente conducida, es que también acá el coloradismo ha quedado reducido a un desacreditado 6% como en esa encuesta aparece, por lo que vergüenza debería darles a la dirigencia canaria que ha permanecido estática ante el fracaso, sin reacción en cuanto a hombres, programas y actitudes, por lo menos para tratar de no seguir desangrándose, al punto que le será difícil el emerger en un tiempo prudencial.

Si el Partido Colorado no da un giro sustancial en cuanto a renovación de sus figuras directrices -nacionales y departamentales- poca vida se le puede augurar a quien fue por tanto tiempo hacedora de la cosa pública y referente en la vida institucional y política del país. Gente nueva, capaz, con antecedentes honorables que sean del conocimiento y credibilidad de la ciudadanía, y donde la limpidez de procederes y el cuidado de la recta conducta de sus integrantes se convierta en la meta y custodia de todos, es lo que imprescindiblemente esta colectividad necesita contar, y propagandear, pues si así no lo hiciera -en el corto plazo no más- poco se podrá esperar de un pueblo que ya les dio la espalda en forma tan tajante.

Para los que aún creen en los valores del Partido Colorado, en su doctrina política y en su plataforma de principios, reclamar el imprescindible cambio.positivo, es de sustancial urgencia.