Año III - Nº 122 - Uruguay, 18 de marzo del 2005

 

 

 

 

El voto consular
por Esal Kuete

Respecto al artículo de Alvaro Kröger, su concepto sobre la posibilidad del voto consular me parece paternalista. Argumentar que los residentes en el exterior no están debidamente informados me parece ofensivo.  En primer lugar, eso es algo que usted no lo sabe, Sr. Kröger. Asimismo, en ninguna ley se establece que los votantes deban estar enterados de nada. Es un derecho del ciudadano y el estado uruguayo se lo deniega al emigrante, convirtiéndolo en una especie de ciudadano de segunda categoría. Uruguay debe seguir el camino de naciones como Francia, Alemania, España y Estados Unidos, cuyos ciudadanos pueden votar sin perjuicio del lugar en el que residan y, en el caso de los ciudadanos españoles, el estado reembolsa los gastos de franqueo de quienes votan por correo asegurando así la gratuidad del ejercicio del derecho constitucional más básico. Los uruguayos tenemos que aprender a imitar las cosas buenas y a tender puentes entre los que vivimos en el exterior y los que residen en nuestro querido país. Dejémonos de erigir más barreras entre unos y otros, Sr. Kröger, no olvide que los residentes en el exterior somos tan uruguayos como usted.  Muchas gracias.

Eytán Lasca – Chicago/EE.UU.

Hace tiempo que quería escribir sobre el voto consular, pero esta carta en contestación a una nota de nuestro columnista Alvaro Kröger me decidió. No por contestarla en forma personal, sino porque me dio el pié y la decisión necesaria para hacerlo. Este tema fue tratado por varios columnistas de Informe Uruguay, no sólo el Sr. Kröger tiene su posición tomada, sino también varios han escrito sobre el mismo.
Para hacerla corta, yo estoy en contra del voto consular aunque vivo en el exterior y hace treinta años que no tengo derecho al voto, pero no tengo derecho al voto no porque mi país no me lo permita, sino porque yo lo decidí de esa forma al emigrar. 

Argumentar que los residentes en el exterior no están debidamente informados me parece ofensivo.
Yo no comparto el que esta aseveración sea ofensiva. Es más, estoy totalmente convencido de que es cierta. Por mi actividad, tengo la obligación de estar totalmente informado, y tan es así que diariamente recibo cientos de mails con información, de mi país, de otros países referidos a mi país, información política, social, etc. Sin embargo, a pesar de toda la información que me invade diariamente, NO ESTOY INFORMADO. Y lo que es más importante, no estoy informado lo suficiente como para poder decidir mi voto, y sin embargo, me considero una persona bastante bien informada. 

Es un derecho del ciudadano y el estado uruguayo se lo deniega al emigrante, convirtiéndolo en una especie de ciudadano de segunda categoría.
Es cierto, el voto es un derecho, pero no es un derecho “tácito”, sino que es “un derecho vivido” (no vívido, sino vivido). Sí, el voto es un derecho vivido, es decir, que para votar hay que “vivir” a los candidatos, verlos, observarlos, escucharlos, sufrir o disfrutar de las consecuencias de sus acciones y desde el exterior no se los puede “vivir”. Muchas veces un gesto, una frase, una actitud, un hecho fortuito, una sensación, decide nuestro voto, y eso, los que vivimos en el exterior no podemos experimentarlo.
Esta es una de las principales razones por la que me opongo al voto consular, y que también se entrelaza con que NO estamos lo debidamente informados.

Asimismo, en ninguna ley se establece que los votantes deban estar enterados de nada.
Los que piensan esto, están totalmente equivocados. Esa Ley existe. No es una ley impresa. No es una Ley homologada por un gobierno. Es una ley moral, es una ley que debemos tener cada uno dentro nuestro, porque NO tenemos derecho a imponer un determinado candidato a los que viven en nuestro país, si nosotros lo estamos haciendo en otro. Yo no discuto si el candidato al que votamos gana, no gana, o es el ideal, yo sólo discuto que NO tenemos el derecho de elegir un candidato y no “vivirlo”, como tienen que hacerlo los que sí “lo van a vivir” y que residen en el país.

Dejémonos de erigir más barreras entre unos y otros, Sr. Kröger, no olvide que los residentes en el exterior somos tan uruguayos como usted. 
Hace muchos años escuché la respuesta de un artista argentino que vivía en los EE. UU. acerca de su posición respecto a su país de nacimiento y al de su adopción, ya que en una entrevista los periodistas le recriminaban el haberse nacionalizado estadounidense.
“Esto es como la vida. Es como la madre y la esposa. Yo tengo una madre que adoro con un amor indiscutido de hijo, y también tengo una esposa a la que adoro, pero con un amor diferente, el amor de esposo. Mi país es mi madre, pero mi país de adopción es mi esposa.”

Y esta es una gran realidad.

Si entendemos esto, y lo explicamos en una parábola, pensemos que somos hombres grandes, casados, y ya abandonamos, como es lógico, nuestro hogar materno. Nuestra madre es viuda y tiene tres pretendientes que están deseosos de contraer matrimonio con ella. ¿Qué derecho tenemos, como hijos que ya no viven con ella, de decirle éste es el hombre que tiene que ser tu esposo?, ¿No es nuestra madre la que en su fuero íntimo tiene que decidirlo? En este caso, el fuero íntimo de nuestra madre son los compatriotas que viven allí.

Tengo un amigo que reside en un país Europeo, que no es España, y tiene una acomodada posición económica. Este amigo, todos los años viaja a Uruguay a pasar sus vacaciones en Punta del Este, pero sobre todo, viaja cada vez que hay elecciones, vota por su candidato preferido, que siempre es del mismo partido, y luego regresa a su país de adopción.

A mi esto me parece una barbaridad. Yo estoy en condiciones de hacerlo, pero mi conciencia me grita que NO tengo el derecho de votar al candidato que a mi me gusta y luego volverme al país donde resido, porque MI derecho se dá de patadas con EL derecho de los que residen en mi país, mi madre.

Yo lo veo de esta manera: una persona vive en una de las mejores casas del pueblo. Una hermosa casa, confortable, con todas las comodidades que siempre hemos soñado. Pero este señor ha nacido en una humilde vivienda de gente que intenta mejorar su existencia, y en la que viven sus hermanos.

Todos los días, este señor sale de su hermosa residencia, se dirige a la humilde casa donde ha nacido, defeca allí, y luego se regresa a su hermosa mansión.

¿Qué obligación tienen sus hermanos de aceptar sus deposiciones? ¿Qué derecho tiene esta persona de hacerlo en la casa de sus hermanos y obligarlos a soportarlas? Ninguno.

Ese es el voto consular, con la diferencia que no vamos a viajar a nuestra casa natal sino que les vamos a enviar nuestras deposiciones por telegrama, mail, o lo que sea.

Quiero decirle al Sr. Eytán Lasca, que este artículo no es una contestación a su carta. Vuelvo a repetirlo: Su carta me dio el pié y la fuerza necesaria para escribir algo que hace tiempo quería hacer. Sr. Lasca, gracias por generar dentro de mí ese click que me decidió a escribir. A los lectores, quiero disculparme por dar algunos ejemplos en forma escatológica, pero no encontré una mejor forma para poder explicar mis ideas, sino con esa parábola.

Sé que estas líneas pueden traer una catarata de contestaciones, pero entren en lo más profundo de sus conciencias y piensen: ¿Qué derecho tengo para obligar a mis hermanos a aceptar mis deposiciones si yo vivo en una hermosa mansión?