Año III - Nº 122 - Uruguay, 18 de marzo del 2005

 

 

 

 

 

OTRA VEZ NUESTROS NIÑOS
Por Helena Arce

Aun resuenan en mis oídos las palabras proclamadas por el Dr. Vázquez en su primer discurso ante el Parlamento Nacional luego de su juramento, resuenan en mis oídos: "Un país donde nacer no sea un problema, ser joven no sea sospechoso y envejecer no sea una condena".

Yo me afilio a su idea, pues la siento sincera, sin duda es lo que más deseamos los uruguayos para nuestro país. Pero los demás debemos entender que no es el solo quien logrará ese maravilloso objetivo.

Hoy no voy a hablar de política, uso las palabras del Presidente de todos los uruguayos, pues aun estoy espeluznada por los ecos de la red internacional que se ha puesto al descubierto, de pornografía infantil. Y usaban niños uruguayos!!!!!!

Esos angelitos que deambulan por las calles y de los cuales por acción u omisión, somos todos responsables.

Lo somos desde aquellos que irresponsablemente los traen al mundo, pasando por aquellos que una y otra vez pasamos por su lado desviando la vista pensando que no podemos hacer nada, y lo son más aquellos que en alas de una concepción extraña de la dignidad de la vida, los estimulan a traer cada vez más niños al mundo, y no estoy hablando aquí del difícil tema del aborto, estoy hablando aquí de la imprescindible planificación familiar.

Sabido es que no es por placer que he tenido un solo hijo, dentro del anhelo de los integrantes de esta familia quedó pendiente el deseo de ser más, pero cuantos más? Nunca se imaginó si quiera la posibilidad de que esos más fuesen un número que no nos permitiera la posibilidad de darles oportunidades, Y al hablar de oportunidades nos centramos en la de jugar, comer, estar abrigaditos cuando hiciera falta, asistencia sanitaria, estudiar y bueno todo aquellos que una familia debe brindar a sus integrantes más pequeños para que puedan, al crecer, contar con la mínima base necesaria que los ayude a buscar su camino.

Intento mirar el aspecto únicamente desde mi condición de mujer a la que lo más grandioso que le ha pasado en la vida es ser madre, el descubrir que un acto de amor se ha germinado en una vida, el llevar dentro de una un ser creciendo y desarrollándose, el darlo a luz, el verlo ir creciendo de nuestra mano convirtiéndose del ser totalmente dependiente al adolescente rebelde que quiere usar sus alas y se sacude nervioso ante las muestras de cariño que siente como ataduras, es sin duda una de los placeres más maravillosos de la existencia. No hay nada que supere esa experiencia.

Sin embargo esto es una de los deleites de la maternidad, la parte del debe (derechos) de la contabilidad de ser madre, uno desde el primer momento, desde aquel en que se enteró que ese acto de amor germinó tiene del lado del haber (el de las obligaciones) una cuenta infinita que debe estar siempre por encima de todo lo demás-

Estamos acostumbrados a pensar en la patria potestad como un derecho, y la patria potestad es por encima de todo un deber. No se deben traer más niños al mundo que aquellos que se pueden mantener dignamente. Y cuando digo dignamente no hablo de lujos, no hablo de dinero a raudales,
hablo de dignidad que no va unida a una vida sin sobresaltos económicos, pero si de que los niños dentro de las posibilidades de cada uno gocen de la existencia como niños.

Se me crispa el corazón cuando veo en la televisión: "ella embarazada, con 5 niños pequeños, el 23 ella 20 están en la calle y no tienen que comer".

Alguien debe hablarles de cuidarse cuando tienen relaciones, alguien debe hacerles sentir que esos niños debieran ser menos. Ahora ya están en el mundo hay que ayudarlos a salir adelante, pero como mantenerlos si no tienen trabajo, como es que está esperando otro ser si está condenando a esa vida que crece en sus entrañas, a venir al mundo a pasar necesidades infrahumanas? Eso solo se arregla con educación, pero educación sincera. Lejos de las premisas dogmáticas que les hablan de traer tantos niños al mundo como Dios mande, que tendrá que ver Dios en eso?!

Conocí una niña que solía venir a mi casa tendría 9 años cuando empezó a venir con su madre, pedían en el edificio donde yo vivía y siempre algo se les daba. Tendría 12 años cuando apareció embarazada , sinceramente no la felicité, le recriminé que no se hubiese cuidado, que iba a ser de ella y de ese bebé, le pregunté si se había puesto a pensar, le sugerí que fuese a una ONG que conozco a pedir ayuda, pero igual le di lo que tenía en ese momento, incluso algunos recuerdos de cuando mi hijo nació. Desapareció por un tiempo, al poco tiempo llegó de nuevo por casa con el bebé en un cochecito y una panza descomunal, y le pregunté si había ido a la ONG, me dijo que no que no le había hecho falta que con lo que le daban podía salir adelante ella y el bebé, y que pensaba que con el nuevo iba a ser igual. Y con mucho dolor y sintiéndome muy mal por ello, ese día le dije que me perdonara que no podía ayudarla, que me sentía cómplice con ella de traer niños al mundo en esas condiciones, se enojó y no vino más. Muchas veces me pregunto que habrá sido de esas 3 criaturas, porque eran 3 verdad? Cuántas criaturas serán hoy?

A veces pienso que tal vez debiera haberla llevado yo misma hasta la famosa ONG, si bien quedaba a 3 cuadras de mi casa y en una ciudad del interior si ella quería la hubiese encontrado fácilmente, pero si en aquel momento me hubiese "metido" más y hubiese postergado lo que estaba haciendo y la hubiese acompañado?

Así esos niños, hijos de otros niños, deambulan hoy por la calle y son espantados como moscas molestas, otros los miramos con impotencia sin saber que hacer. Así crece el problema de la droga, así hoy vemos que el futuro de nuestro país está naciendo en la indigencia.

NO estoy sacando ni un gramo de responsabilidad a la economía que ha llevado a que la gente tenga cada vez menos posibilidades, no estoy sacando ni un gramo de responsabilidad a la mala distribución del ingreso, pero creo que dentro del imprescindible plan de emergencia que asista a estos niños y a sus padres, debe aplicarse un sistema de educación que meta dentro de nuestras cabezas que la patria potestad es un deber ante todo, que uno es responsable por los hijos que trae al mundo y no solamente por los delitos que cometan, sino también por el hecho que esos niños coman, duerman, jueguen y se eduquen y en la medida que lo entendamos es que hay que hacer una planificación familiar propia, cada uno debe ser capaz de "sentir" cuantos hijos debe tener Los niños no son un regalo del cielo, son una hermosísima responsabilidad que nos es confiada y por ellos debemos responder en la vida y luego de ella, aun si no somos creyentes.