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Año III - Nº 195
Uruguay, 181 de agosto del 2006
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APARICIO SARAVIA
A 150 años de su nacimiento

Graciela Vera
por Graciela Vera
Periodista independiente
 
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Aparicio Saravia
En el Partido Nacional, el Partido de los Blancos, en el que no han sido pocos los nombres que descollando en el accionar partidario se han metido en la historia misma del país, Aparicio Saravia tiene un lugar de preeminencia.

Nació el 16 de agosto de 1856 en Puntas de Pablo Páez; fue el cuarto de trece hermanos, hijos de Francisco Saraiva y Propicia Da Rosa, hacendados brasileños con propiedades a ambos lados de la frontera.

Su origen nos ayuda a comprender las conexiones que Aparicio mantuvo con el poder político del Estado de Río Grande do Sul y las ‘patriadas independentistas’ en las que participó activamente y que lo llevaron, a la muerte de su hermano Gumersindo, a ser nombrado General de las fuerzas revolucionarias gaúchas.

El apellido Saraiva fue castellanizado como Saravia.

Sus padres le enviaron a estudiar en Montevideo en donde apenas completó sus estudios secundarios porque dejó los libros en un rincón para, adolescente aún, unirse a Timoteo Aparicio en la Revolución de las Lanzas (1870-72), contienda llamada así porque fue la última en la que estas armas tuvieron preponderancia ya que en las próximas entrarían a jugar su papel, las armas de fuego.

En la Revolución de las Lanzas el joven Aparicio, con 15 años de edad, conseguía el grado de cabo, lo que propició  que los enemigos le llamaran en forma peyorativa,  ‘el cabo viejo’, apelativo que 150 años después los blancos reivindicamos orgullosos.

Tres años más tarde sus ideales lo llevaron a pelear en las huestes del Gral. Ángel Muñiz en la ‘Revolución Tricolor’,  ascendiendo por entonces a alférez.

En 1877 contrajo enlace con Cándida Díaz Suárez, sobrina de un caudillo colorado.

Una historia de amor que nos gusta recrear. La filiación política de la familia de la novia no dejó a la pareja otra alternativa que la fuga.

El hombre que convocaría multitudes,  una noche sin luna llegó a la ventana de la mujer con la que habría de compartir su vida y sin dudarlo, la subió a la grupa y cabalgó con ella hasta su hogar en la Estancia El Cordobés.

Ni el nacimiento de seis hijos varones alejaría a Aparicio del fragor de las luchas revolucionarias como la del Quebracho(1886), siempre defendiendo los ideales nacionalistas.

Aparicio(h), Exaltación, Ramón, Villanueva y Mauro, criados en el respeto y el amor a la Patria y al Partido Nacional,  acompañaron a su padre en las revoluciones de 1896 y de 1904.

Cuando Aparicio siguió a su hermano Gumersindo en la revolución federalista de Río Grande do Sul (1893-95), lo hizo por lazos afectivos; los mayores de los Saraiva eran brasileños pero los hermanos menores, como él, habían nacido en el departamento de Cerro Largo.

Era oriental y que se sentía tal lo demuestran sus palabras al regreso de aquella campaña: ‘yo he cumplido mi misión de acompañar a mi finado hermano. Ahora no tengo porque irme a meter. Sobre todo soy oriental, como todos saben y no tengo porqué ir a tomar armas en país extraño’.

Aparicio no aspiraba a cargos, siendo caudillo nunca entró en Montevideo.

En 1897  disolvía sus tropas diciéndole a sus hombres, más de quince mil gauchos dispuestos a dejar su vida por los ideales: “Yo, improvisado General por la fuerza de las circunstancias, abandono las insignias y os estrecho contra mi corazón  sin aspirar a mayores recompensas, porque no la puede haber mayor que lo que me proporcionan vuestra lealtad y vuestro cariño”

Pero cuando se vuelven a olvidar las aspiraciones nacionalistas, cuando el Pacto de la Cruz que tan caro había sido en vidas es traicionado; los blancos de ley volvieron para ponerse bajo su mando. Incluso el que tiempo después sería uno de los más  grandes estadistas del Partido y del país, el doctor Luis Alberto de Herrera, dejó su representación como diplomático en los Estados Unidos para unirse a las tropas saravistas ante el llamado del ‘águila blanca del Cordobés’.  

Era el momento en que la historia de la patria podría haberse escrito de otra manera. Una bala, destino ¿o trama humana?, lo impidió.

Aquel nefasto día en el que Aparicio era herido está magníficamente ilustrado en parte del texto del artículo ‘¿Quién mató a Aparicio Saravia, el último caudillo blanco?’ escrito por Tabaré Petronio con motivo de la celebración de los cien años de la batalla de Masoller, aquella en la que se segaba la vida del caudillo cuando recién había cumplido 48 años.

“La tardecita se entronaba en los campos de Masoller en aquel mes de setiembre, las tropas del gobierno comenzaban a sentir que su parque de municiones disminuía vertiginosamente. Los blancos de Saravia sustituyeron el choque frontal por la guerra de desgaste y se preparaban para el alba venidera a dar la estocada con las tropas de refresco.

Con esa acción los colorados del gobierno estarían perdidos.

Fue en esa caída del sol, cuando Aparicio Saravia comenzó a recorrer la línea de fuego alentando, como era su costumbre, a sus tropas...”vamos muchachos, firmes... mientras su sombrero y poncho blanco se destacaban en el horizonte. No iba solo, unos metros más atrás le seguían su abanderado Germán Ponce de León, su hijo Mauro de 16 años y un soldado brasileño. L.O.D.

Pasaba revista a la división 9 cuyo jefe era su hermano Nepomuceno cuando comenzó la balacera sobre el General y su equino, la tercera bala lo alcanzó en la cintura, traspasándole el vientre de izquierda a derecha.

En ese momento comenzó a diluirse la revolución y el último caudillo rural comenzaba su marcha hacia la muerte, que aconteció el 10 de setiembre.

Después aparecen las dudas. ¿Quién disparó contra Saravia?

Escribe el profesor Mena Segarra...”No fue una bala perdida la que lo hirió”...

Varias versiones florecieron, algunos se vanagloriaron de aquel tiro certero, corrió el rumor de que habían sido campeones de tiro argentinos contratados por el gobierno para realizar “misiones especiales”, otros opinan que fueron “espías” colorados infiltrados en filas revolucionarias y otros opinan que fue algún “calepino” que no quería que se concretara un tratado de paz que dejara a Saravia como triunfador.

CABALGANDO EN HOMENAJE AL CAUDILLO
LOS BLANCOS DE HOY TAMBIÉN PRESENTES, MI GENERAL

Ciento cincuenta años después jinetes provenientes de todo el país y también del sur de Brasil rindieron homenaje en los pagos que le vieron nacer, al último caudillo de a caballo del río de la Plata.

Cabalgaron por campos que ahora se cierran en alambrados; acamparon en estancias que se abren a la modernización del siglo XXI y sin embargo mantuvieron vivas las tradiciones, fogón y mate amargo bajo la cruz del sur.

La escarcha de la mañana no era suficiente para borrar las huellas de otros centauros. Huellas que pasaron desapercibidas para los sentidos pero que se hacían presentes en los sentimientos.

Ningún blanco cabalga solo por los campos de la patria.

Cada vez que se encumbra la bandera  blanca y celeste y alguien luce un sombrero con la leyenda ‘Por la Patria’, el gaucho de la libertad envía un tropel de hombres valientes que surge alborotando las madrugadas, al grito de ‘presente, General’.

Jinete a caballo

Este año, uno de los jinetes que cabalgó hasta Puntas de Pablo Páez era una mujer, defensora de las leyes, de la que seguramente Aparicio, como blanco hubiera estado orgulloso de contarla en sus huestes. 

De poncho blanco, Adriana Peña Hernández dejó por unos días sus despachos, el del Parlamento Nacional y el profesional y durmiendo en el suelo, buscando el calor de las llamas de las fogatas, saboreando la infusión que es casi un distintivo de la patria, se presentó ante el Cabo Viejo.

Adriana Peña Hernández, es Representante Nacional por el departamento de Lavalleja.

Ella misma nos explica motivos y sentimientos nacionalistas que la llevan a realizar esta cabalgata....’desde toda mi vida política deseé hacer un homenaje de éste tipo a Aparicio Saravia, en especial me motiva un sentimiento de patria, de tradición, de acercamiento a los pagos donde Saravia nació y que me da la sensación de trasmutarme en el tiempo... ‘

Llegaron hasta la tapera que señala el lugar en el que el 16 de agosto de  1856 nacía un niño al que el destino había señalado especialmente por los hados,   para hacer grande al Partido Nacional.

A primeras horas de la mañana partían, más de trescientos jinetes y mucha gente a pie, recorriendo en peregrinación los seis kilómetros hasta el cementerio de Santa Clara del Olimar para converger frente al panteón que guarda los restos mortuorios de Aparicio.

El grupo con el que marchó Adriana había salido desde Zapicán ‘uno de los pagos más al norte de mi departamento y voy con gente, toda de Lavalleja’.

Para llegar al lugar de concentración los diferentes grupos pasaron por distintos lugares dependiendo de su origen. ....Fraile Muerto, Tupambaé, el grito de carga parece retumbar en la tranquilidad de los campos orientales

Y los ponchos blancos pasan, sombras y realidades,  los de ayer y los de hoy; entre ellos  el poncho blanco de la doctora Adriana Peña, miembro integrante de la Comisión Permanente de la Cámara de Diputados de Industria, Energía y Minería, delegada en la de Transporte, Comunicaciones y Obras Públicas y vicepresidenta de la Comisión Especial de Género y Equidad. ¿Qué diría Aparicio del sitial al que ya llegan las mujeres blancas en nuestro gobierno, libre y democrático gracias a su sacrificio supremo?

Su poncho blanco también se agita con la brisa de la mañana ‘el poncho blanco es el sentimiento más profundo que un nacionalista tiene; además es sentir el peso, la responsabilidad y el amor por la patria en un trozo de tela... es amor, es la gente, es campo, es sentimiento profundo de tradición’

Las tacuaras de los gauchos de Aparicio silban con el viento ¿fragor de batallas o continuidad de ilusiones?; los blancos de hoy empuñan otras tacuaras ‘en el Parlamento,  nos vamos a las cuchillas siempre,... continuamente tenemos que hacerlo ya que no tenemos la mayoría y hay temas intratables.......es preferible no estar en sala en el momento de la votación aunque la pelea de ideales y pensamientos la damos igual y sacamos siempre la lanza cuando esos temas que tenemos sobre la mesa son totalmente fuera de lugar y de los ideales de patria que nosotros tenemos y queremos’.

¿Puede alguien explicarle al mundo porqué se elige ser blanco?, la respuesta de Adriana Peña puede quizás ayudar a comprenderlo: ‘soy blanca porque quiero mi país porque pongo por delante el querer hacer al querer tener para mi. Porque desesperadamente quiero que el interior del país tenga las mismas oportunidades que el resto; porque los blancos sentimientos el campo, la producción de forma distinta.
Porque peleo por la libertad de hablar, porque agradezco a mi partido que las mujeres podemos votar, porque agradezco a Saravia que tengamos representación proporcional.
Por mil cosas que pasan por el corazón, porque me hierve la sangre al sentir la Marcha Tres Árboles y porque la canción de Aparicio... Aparicio... te estoy buscando... ¿dónde estás general de poncho blanco?,.... andarás por el cielo, naides lo dude....’ y hay emoción en su voz cuando dice: ‘te aseguro... su poncho es nube’.

Almería, en el sur del norte, 16 agosto 2006

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