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Año IV - Nº 256
Uruguay,   19 de octubre del 2007
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¡Qué días los de esta semana!

Graciela Vera
16 de octubre – Día Internacional de la Alimentación
17 de octubre – Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza
por Graciela Vera
Periodista independiente
 
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            El mundo se ha encontrado esta semana con la conmemoración de dos días que invitan a la reflexión, y que a la vez están íntimamente fusionados.

            El martes 16 se celebró el Día Internacional de la Alimentación y el miércoles 17 el Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza.

            Sin tratar de minimizar las generalidades del significado de las fechas, quiero rescatar la correspondencia entre ambas.

            Hambre y miseria; alimentación y riqueza,  aunque no lo son, pueden llegar a considerarse sinónimos y combatir uno de los efectos ayudará a desterrar el otro.

            En la transición del martes al miércoles pasado más de 854 millones de personas se acostaron a dormir con hambre; desde el Día de la Alimentación al Día para la Erradicación de la Pobreza el mundo siguió girando en un endiablado baile de contrasentidos mientras se sigue vulnerando el derecho a la dignidad, establecido como ‘derecho a la alimentación’ en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

hunger.jpg            Podemos comprender muchas cosas que hasta parecen incomprensibles. Podemos informarnos y entender lo que es la incidencia de lo fortuito en materia científica, casos como con el reciente descubrimiento del inventor John Kanzius sobre las posibles propiedades del uso del agua salada en sustituto de los carburantes tradicionales*1) ,  o incluso opinar sobre el significado de la observación de Einstein que nos lleva a la conclusión de a pesar de que la velocidad de la luz  es de aproximadamente trescientos mil kilómetros por segundo, ‘nada’ es más rápido que la luz, (y no de que la luz es más rápida que todo).

            Pero no podemos y no queremos entender porqué en un planeta en el que se producen alimentos para dar de comer a toda su población, más de ochocientos millones siguen sufriendo hambre.

            Y no el hambre que suele hacernos cosquillas en el estómago cuando se atrasa el horario de una comida, sino el hambre que se clava en las vísceras formando nudos.

            El hambre que no se va a saciar al día siguiente, ni en muchos mañanas,  porque el mundo se divide en ricos y pobres, entre los que comen con saciedad y los que apenas tienen un mínimo de algo parecido a comida para llevarse a la boca. Porque un día de concienciación no alcanza para cambiar el destino de esos ochocientos millones.

            En el año 2.000 los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas se propusieron como meta, y lo dieron a conocer con gran pompa, reducir en un 50% la pobreza en el mundo para el 2015.

            Casi llegando a la mitad del plazo establecido, aquella apuesta dada a conocer como el principal ‘objetivo del milenio’, está muy lejos de cumplirse.

photowanting.jpg            El último informe de la FAO (siglas en inglés de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) señala que el número de personas malnutridas ha pasado de los 800 millones del año 2.000 a los 854 millones del 2007, de los que 52 millones viven en América Latina y el Caribe. 

            Cuando  alguien llega a no tener que comer, significa que todo lo demás, incluso el derecho a vivir dignamente, le ha sido negado.

            Y esto es algo que conocen muy bien los 1.300 millones de seres humanos que viven por debajo de la línea de pobreza, más de cien millones en países industrializados.

            Pero son éstos, los países industriales los que van reduciendo muy lentamente pero en forma continuada, el número de sus pobres.

            No es suficiente, falta un compromiso signado por voluntad y no por exigencias del rol; mientras éste no llegue la brecha entre países ricos y países pobres continuará ensanchándose.

            África es el continente más castigado pero no hay país que no tenga sus pobres aunque la pobreza en algunos lugares significa tener que vivir con ingresos diarios inferiores a un dólar.

            Un informe del Banco Mundial coloca la línea de la pobreza en dos dólares diarios para América Latina y el Caribe, cuatro para Europa Oriental y la ex Unión Soviética y 14 en los países industrializados.

            Pues llegó la hora: ¡Alcémonos contra la pobreza! (ver)

Almería, en el sur del norte, 18 de octubre de 2007


*1) No penséis que este descubrimiento tiene poco que ver con los asuntos a los que venimos refiriéndonos porque por el contrario, podría cambiar muchos órdenes en el planeta: “Absolutamente atónito se quedó el inventor John Kanzius, ingeniero jubilado de Pennsylvania, cuando al calentar una mezcla de agua y sal Morton con un dispositivo de radiofrecuencia ideado por él mismo para combatir el cáncer, el líquido soltó una fuerte llamarada. “No estaba buscando una fuente de energía, sino un método de desalinización”, reconoce Kanzius. Pero la serendipia, como en tantos otros casos a lo largo de la historia de la ciencia, jugó a su favor. Para comprobar que no se trataba de ningún truco, el veterano químico Rustum Roy, de la universidad norteamericana Penn State, repitió el experimento y llegó a la conclusión de que estaba ante “el mayor descubrimiento en 100 años investigando sobre el agua”. Roy y su equipo de expertos en ciencia de materiales sostienen que la radiofrecuencia libera el hidrógeno del agua salada debilitando las uniones con el cloruro sódico y el oxígeno. Eso explica por qué la llamarada alcanza los 1600 ºC. “El potencial es enorme”, afirma Rustum Roy, que asegura que ahora es el momento de confirmar si la energía liberada será suficiente para impulsar un coche u otra maquinaria pesada.“  Fuente: Revista Muy Interesante on line.

 
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