LA INTENDENCIA DE MONTEVIDEO
Por Helena Arce
Hemos escuchado estos días las exigencias del Senador José Mujica respecto a sus aspiraciones sobre el candidato a la Intendencia Capitalina, por el EPFANM, quien, según él, debería salir de las filas del MPP. Según las declaraciones que le escuché, el MPP se siente en su legítimo derecho ante este reclamo, pues ha sido el sector más votado dentro del Partido que asumirá el futuro gobierno de todos los orientales, señaló incluso con presentarse él a candidato si no fuese así. Por otro lado hemos visto las opiniones al respecto de los demás líderes del Encuentro, donde todos han coincidido en que el candidato debe ser el más apto, sin importar de que sector sea su procedencia. Es justo reconocer que esta tesis, es la que siempre ha manejado el futuro gobierno en sus proclamas electorales, "los más aptos para todos los cargos"
De cualquier manera, es interesante recordar que el Intendente no es un cargo de especial confianza de un gobernante en particular, sino un cargo electo por el pueblo, en donde sin lugar a dudas quien debe postularse debe ser necesariamente un político. O debiéramos decir un Político, pues sería hora que dicha palabra, se enaltezca. Un político no es necesariamente un técnico, aunque nada impide que lo sea, siempre y cuando ese técnico sea por encima de todo un político. La gran diferencia es que un político que no sea técnico, puede rodearse de los mejores técnicos, y un técnico que no sea político puede perder de vista la real dimensión de su función.
Esto viene a cuento pues me ha causado preocupación, como se ha remarcado en distintos medios informativos, al presentar al Sr. Rosadilla, el supuesto candidato del MPP a la Intendencia, su calidad de panadero.
Lamentablemente en más de una ocasión, he escuchado en señal de desmedro este punto en particular. Por ello creo interesante remarcar que el candidato a Intendente debe ser ante todo un político, y para serlo hay que tener claro aspectos que por cierto, puede tenerlos más tal vez un panadero, que algunos renombrados técnicos que hemos visto acceder a cargos públicos. Pues para ser sensible a las necesidades de la gente y vislumbrar las posibles soluciones, se necesita por cierto por encima de todo tener vocación de servidor público, y la inteligencia suficiente como para saber rodearse de técnicos confiables, De nada serviría tener a cargo del gobierno a un renombrado profesional, si este no sabe ver más allá de sus narices. Desconozco si el Sr. Rosadilla tiene o no esas capacidades, pero por cierto que ellas no se aprenden en las Universidades.
Ahora bien, quisiera hacer algunas precisiones más al respecto. Antes que nada y sin faltarle el respeto a la figura del Senador Mujica, y al amplio respaldo popular que lo ha llevado a ser en valores absolutos el hombre más votado, en el país en general, y en Montevideo en particular, su fracción dista mucho de ser mayoría en el electorado total, esto no hace suponer que al presentarse, será necesariamente electo Intendente. Me parece importante señalar, que al haber alcanzado el EPFANM el 61.33% de los votos de Montevideo, dentro de ese 61.33% hay un 31.64% que voto a Mujica. O sea que hay algo más de un 80% de los votantes encuentristas de Montevideo, que no lo votaron. Ese 80% del electorado encuentrista se traduce en un 49% del total del electorado Montevideano, si a eso sumamos al 38% de los votantes de Montevideo que no votaron ni siquiera al Encuentro, existe un 87% de votos totales del electorado montevideano que no votó a Mujica.
Por otro lado, creo ningún bien le hace al futuro gobierno y a su credibilidad, esta batalla por los cargos, nada menos que en el seno de su dirigencia. En estos momentos en que el Uruguay entero, aun aquellos que no lo votamos, está, estamos unidos en la esperanza del accionar del futuro gobierno, y su promesa de conducción humanista e integradora, contando con las mayorías propias que le aseguran gobernabilidad, sería una muy buena señal para todos, si demuestren en los hechos y desde el vamos, que pueden realmente estar unidos, no solo en un programa común, sino también en la forma de encararlo.