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Soluciones futuras
Hay tiempo para proyectar la corrección de los errores del presente
por Gustavo P. Forgione
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Para quienes queremos un país serio y de largo plazo, resulta evidente que todas las actuales victorias legislativas del Poder Ejecutivo configuran un error.
A primera vista pareciera que estos errores son insalvables, pero la solución pasa más por revertirlos que por imaginar soluciones revolucionarias.
Tormenta favorable
El contexto internacional se ha convulsionado de manera tal que, todo lo realizado por el actual gobierno, pasará desapercibido por algún tiempo. Esta situación no configura un beneficio para el país, pero morigera sus resultados ante la opinión del resto del mundo.
Probablemente, dentro de un año, las aguas de la crisis mundial se habrán calmado y las desprolijidades del gobierno saldrán a la superficie. Seremos el país cuyo estado nacional se quedó con el dinero de los jubilados, el que destruyó estúpida y artificialmente el mercado de capitales, el que estatizó una línea aérea pagando más de diez veces por lo que realmente vale, el que deja que a su sistema financiero ingresen capitales provenientes de ilícitos, el que establece por ley la garantía de impunidad a los funcionarios que hayan cometido delitos económicos contra el erario, el que miente oficialmente sobre los números de la economía y, entre otras, toda otra tropelía que se proponga perpetrar hasta entonces.
Proyectando la solución
El resultado inicial que habremos de obtener es el reestablecimiento de la sensatez. No existe posibilidad de hacerlo con la actual gestión de gobierno, ya que, desde hace cinco años solo ha demostrado voluntad para crear los problemas enunciados, a lo que hay que sumarle el control de la mayoría de los medios masivos de comunicación, que le responden de la forma menos decorosa.
Sobre la matriz económica, donde se ha producido el mayor daño visible, habrá que recuperar el mercado de capitales que, a partir de la incautación del tesoro del fondo de capitalización previsional, diezmó el sistema financiero, cuyos resultados no se han visto hasta hoy pero que ocurrirán palpablemente en un par de meses.
Desde hace algunos días, el mayor inyector de capitales ha pasado a ser el estado nacional a través de la ANSeS, que se ha convertido en una extraña especie de financiador de la producción, a piacere del funcionario de turno que ocupe el sillón principal de esa entidad, la que debería ser quien pague las jubilaciones, pero ahora se dedica a otra cosa.
La situación debería dejar de ser así, ya que la economía girará por orden de la pareja gobernante como si estuviéramos en un feudo, y no como indica la eficiencia económica. Este razonamiento se basa en que el mercado de capitales es el método más serio de financiar a los más eficientes, como lo han hecho históricamente los sistemas de los países que hoy guían al mundo y como ocurrió en Argentina cuando éramos uno de ellos.
Resulta obvio que la reducción del gasto público en el corto plazo se hará mediante una devaluación del peso, ya que hoy, ese número es el triple del que experimentamos hace veinticinco años y del doble del que teníamos en épocas de convertibilidad. En ambas oportunidades, para reducirlo, tanto los ministros Lorenzo Sigaut como Remes Lenikov recurrieron a esa catastrófica medida para sincerar los números de la manera menos ingeniosa.
Es evidente que la imaginación positiva no es una virtud de la pareja reinante, ya que, ni siquiera con los recursos incautados les alcanzará para obtener un superávit que satisfaga el gasto de 120.000 millones de dólares actuales, y los pocos países amigos de Argentina que quedan en el mundo han retraído la salida de capitales y el crédito para protegerse de la crisis mundial.
No es de extrañar que nuestro peso siga el camino histórico de destrucción, antes de que este gobierno pague el costo de bajar el gasto real. Luego de ello, habrá que generar las condiciones para que el ingreso de capitales por exportaciones se encauce al mercado de capitales para financiar la producción, en vez de que lo haga el estado mediante nuevo gasto.
Si se recupera el mercado de capitales, las empresas que aún existan, podrán venderse o financiarse por allí; y con ellas, las empresas estatizadas hasta hoy y las que la pareja reinante estatice.
La salida
Si persistimos en este modelo, quedaremos a merced de la decisión de los funcionarios de turno, seremos esclavos de periódicas devaluaciones y la tasa de interés se disparará aún más. Como la tasa es el precio del dinero, no habría posibilidad de financiar la producción del sector privado, que es el que genera la riqueza, ya que el estado lo único que produce es gasto.
Existe la posibilidad de revertir esta tendencia de descalabro silencioso y continuo, y es que entre los diputados y senadores que ingresen en diciembre de 2009 al Congreso Nacional, la mayoría tenga la sensatez necesaria para sumarse a los que piensan en un futuro mejor y no a los que refrendan lo propuesto por el matrimonio Kirchner a modo de Politburó como ocurre hoy.
Lamentablemente, no existe posibilidad de mejorar la situación hasta 2010, cuando las cámaras comiencen a revertir los errores graves a los que nos está sometiendo el actual gobierno.
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