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Año V Nro. 326 - Uruguay, 20 de febrero del 2009   
 

Visión Marítima

historia paralela

 
Manuel Flores Silva

Obama: innovación tecnológica,
innovación institucional

por Manuel Flores Silva
Ex Senador - Periodista
Fue director de la revista Jaque y Posdata
 
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         El dato de inicio de la política de Obama es la idea de que el protagonismo de Estados Unidos se ha debido a su capacidad de innovación tecnológica. Y que ella ha avanzado más que la innovación institucional. Es decir, la tecnología (de productos financieros, por ejemplo) permitió vadear los sistemas de control institucional establecidos.

La política económica de Obama

         Un primer análisis se apoya en el estudio del economista Alan Krueger, de Princeton, quien ha demostrado que el promedio de las ocupaciones de más alta remuneración actual no existían como ocupaciones antes de 1980. Que entonces se trata de administrar con inteligencia la permanente e inexorable destrucción y la creación de nuevos empleos. Un salto importante en la innovación tecnológica redundará necesariamente en la creación de empleos nuevos, muchos de los cuales aún no conocemos. Y ese salto hacia adelante debe ser el camino de Estados Unidos, según Obama.

         Los sectores que más prometen en su desarrollo tecnológico son justamente los imprescindibles para el bienestar del país. La energía con el desarrollo geométrico que están teniendo las energías alternativas. La salud, con las inversiones millonarias de las investigaciones de los laboratorios, en la que empieza a producirse un salto a partir de la información residente en el descifrado genoma humano. La informática y el desarrollo de la era de la información, que va dejando viejos los productos antes de que hayan llegado siquiera al tercer mundo. El desafío del medio ambiente y el reto científico que ello supone.

         Lo que Obama dice es, en el fondo, simple. La vanguardia tecnológica ha puesto a los estadounidenses en el mejor nivel de vida del planeta.

         Aprovechemos ahora que estamos en el umbral de un avance tecnológico de impacto similar o mayor que el que se dio con la revolución industrial. El emergente de la propuesta es una combinación de ciencia médica, biotecnología, computación, ingeniería energética y otros, todos como fundamento del futuro crecimiento económico estadounidense.

         Al mismo tiempo, porque a Keynes no conviene olvidarlo nunca, Obama lanza un programa que supone la renovación de toda la infraestructura de Estados Unidos.

         En 10 años habrá otros Estados Unidos y probablemente en algunos lugares del tercer mundo, en donde no se toman las decisiones que corresponde, se atribuya todo al «imperialismo».

         Algún día los latinoamericanos tendremos que darnos cuenta de que luchamos contra un sistema que no tenemos: el capitalismo. El capitalismo con reglas asegura la competencia y la atribución de mejores precios y calidades a los consumidores. Y esa competencia es el gran impulso a la evolución tecnológica. El capitalismo debe ser reformado permanentemente: un invento de Edouard Bernstein en 1905, que se llama socialdemocracia.

         Es evidente, asimismo, que la política económica de Obama debe estar apoyada en la corrección de los errores cometidos en las regulaciones del mercado. Que ello haya ocurrido en el país con mayor poder regulatorio de mercados del mundo hace necesaria la creación de una Aquí viene la primera pista de cuál va a ser la escuela económica en la que apoyará Obama su gobierno y la responsabilidad de rehacer una economía absolutamente desmoronada: la nueva escuela económica de Chicago, que nada tiene que ver con la anterior escuela de Chicago. Obama suscribe las teorías económicas desarrolladas ahora en esa Universidad para la formación de políticas públicas.

         Cass Sunstein no sólo es un jurista sino que además incursiona en la economía. En realidad en la nueva economía del comportamiento que se ha desarrollado en la Universidad de Chicago.

La nueva escuela económica de Chicago

         Algunos denominan a esa escuela como la de «Paternalismo blando», «Paternalismo suave» o «Paternalismo libertario». O, incluso, «Paternalismo del tío bonachón» («The Economist»).

         Se trata de un papel del Estado que respecto de las empresas es regulador pero respecto de los ciudadanos, sin llegar a ser un Estado indicativo, intenta crear mecanismos de política pública que no limiten la libertad individual (eso los diferencia de los paternalistas duros) pero que procuran sesgar, inclinar, estimular en un sentido dado, las decisiones de la gente a lo que la era de la información ahora hace posible que se les pueda aconsejar sobre sus propias decisiones.

         En realidad, la base de reflexión de esta idea, es que el consumidor no optimiza sus gastos, como lo sostiene la economía tradicional, sino que el consumidor es un mal gastador, comprobación de la escuela comportamental, lo que perjudica a toda la economía. El problema es cómo convertirlo en un buen gastador y eso pasa por indicarle el camino, respetando siempre la libre elección a la que tiene derecho el consumidor.

         El libro estandarte de tal posición es «Empujoncito en la dirección correcta: mejora de las decisiones acerca de la salud, la riqueza y la felicidad», de Thaler, Richard H. y Cass R. Sunstein, Yale University Press, 2008. Richard Thaler, fundador de la economía del comportamiento, es también un profesor de Chicago, como Obama y Sunstein.

         La idea central del libro y de la Nueva Escuela de Chicago es que el ciudadano, cualquiera que sea, nunca va a estar capacitado para estar enterado cabalmente de toda la información necesaria que necesita para tomar todas sus decisiones y menos en un mundo en el que la oferta es cada vez más compleja, sea en el campo financiero, de salud, de vivienda, etcétera. No existe el consumidor, o el grupo de consumidores, omnisapientes que regulan la economía.

         Entonces se debe poner la era de la información al servicio del ciudadano y cuando éste cargue sus datos, que el sistema le indique, por defecto («default option»), cuál es el camino que más le conviene. Tome o no tome ese camino, que eso es un tema diferente y se vincula a la libertad personal de cada uno. Por eso lo de empujoncito, lo de estímulo de la información pública para que el ciudadano actúe en sus decisiones con plena información.

         Eso explica que la primera decisión de Obama haya sido proclamar que de ahora en más la información pública es totalmente libre.

         La teoría de poner la episteme de la informática al servicio de la libertad está en el centro del plan.

         Así, el sistema de ahorro sueco para las pensiones contiene un ejemplo de lo que quieren decir los autores mencionados. Ofrece a los suecos la opción de fondos en los cuales invertir (según infinidad de variables, edad, nivel de ingresos, cantidad de hijos, salud, etcétera), pero incluye una opción por defecto de bajo costo y bien diseñada, que se convirtió en la elección del 90% de las personas.

         En rigor, con eso se quiere decir que determinar las elecciones financieras que deben tomar las personas y desarrollar «elecciones por defecto sensatas» entre las opciones de productos financieros, de forma tal que la opción de seguir la sugerencia por defecto sea una opción que se ha denominado «alfabetizada en términos financieros». Partiendo de que los ciudadanos son cada vez más analfabetos financieramente dada la complejidad creciente de ese mundo y de otros.

         Otra idea buscaría facilitarle a las personas el proceso de elegir la tarjeta de crédito que les conviene, mediante la imposición de la obligación a las empresas emisoras de tarjetas de suministrarle al mecanismo de regulación informativa los cargos de comisiones que cobran. El consumidor podría cargar sus datos, por ejemplo anuales, en esa base de datos de ofertas de las tarjetas, y el sistema operaría según el nivel de gasto incurrido, su pago al contado o en cuotas, el tipo de gasto, etcétera. Y con un clic, se le recomendará la tarjeta de crédito más conveniente para su caso en particular.

         La era de la información será la era en la cual los fijadores de precios hagan más diferencia o será la era de mejor información en la historia del hombre. Puesta al servicio de la democracia social.

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© Manuel Flores Silva
 
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