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Amarillo por Javier García
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Días atrás se informó de la reunión de un grupo de sindicalistas integrantes de una de las agrupaciones mayoritarias del PIT CNT con dirigentes políticos del Frente Amplio, ministros de Estado y presidentes y directores de Entes Autónomos. Según "El País", un destacado dirigente gremial presente en la misma declaró "No estamos cerca del gobierno. Nos sentimos parte del gobierno".
La confesión, exultante, del sindicalista deja en claro una relación entre gobernantes y dirigentes gremiales que vale la pena analizar. La vieja independencia del movimiento sindical respecto al gobierno ha desaparecido. Un sector del mismo del cual surgen, por su peso político en la central de trabajadores, las principales decisiones se declara integrante del gobierno. A confesión de parte relevo de prueba.
No es novedad que históricamente existió una afinidad ideológica entre la mayoría de los líderes gremiales con la izquierda tradicional, pero si algo diferenció siempre al movimiento sindical uruguayo de otros de la región, y más precisamente del argentino, es su independencia, no su neutralidad que eso sería tonto exigir.
Los sindicalistas uruguayos reivindican su separación de las estructuras partidarias. Esto nunca fue cierto y a la luz pública está que en las listas del Frente Amplio figuran los más notorios dirigentes del PIT-CNT que integran simultáneamente organismos de dirección de la central de trabajadores y de su partido político. Hay legisladores que en plena campaña electoral integraban el ejecutivo de aquella organización y renunciaron luego al mismo por haber sido electos diputados o senadores.
Sin embargo a partir de esta declaración de pertenencia ("Nos sentimos parte del gobierno") queda clara la funcionalidad del sector mayoritario del movimiento sindical a los intereses del gobierno. Por sentirse integrantes de éste pierden por definición su condición de sindicalistas. Serán dirigentes políticos pero no podrán reivindicar la mentada "independencia de clase", están sujetos a la jerarquía del poder y son solidarios con éste y sus políticas.
¿Qué garantías les puede ofrecer, por ejemplo, COFE a los trabajadores estatales si sus dirigentes sindicales son al mismo tiempo sus patrones? Los dirigentes sindicales que confiesan con orgullo pertenecer al gobierno lo integran junto a los ministros o los directores de entes autónomos que definen las políticas salariales y las condiciones laborales que esos mismos dirigentes sindicales deben defender.
En los sindicatos de la enseñanza igual y si en esa reunión participó, no lo sabemos, el gremio de la prensa ¿cómo hace para defender a los periodistas ante los ataques reiterados del presidente, algunos ministros y jerarcas, si este gremio se siente "parte del gobierno", es decir de quienes los atacan?
En otros tiempos si esto sucedía a los sindicatos, o a los sindicalistas que así procedían, se los calificaba con un color, el amarillo.
Pero no es cuestión de colores, sino de conductas e incompatibilidades. Nadie le puede pedir a un dirigente gremial que sea políticamente asexuado, eso no existe. Pero sí que entienda que debe defender a los trabajadores, sus intereses y condiciones laborales y custodiar sus derechos cuando son violados por sus patrones. O de lo contrario ser uno de éstos, pero las dos cosas son imposibles simultáneamente.
Ser parte del gobierno es integrar la patronal más poderosa. Es legítimo, pero hay que decidir de qué lado del mostrador se está.
"Qué garantías les puede ofrecer, por ejemplo, COFE a los trabajadores estatales si sus dirigentes sindicales son, al mismo tiempo, sus patrones?"
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