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La educación: Laica
por Aquiles Diggo
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El profesor de filosofía de aquel 2do año del entonces preparatorio de derecho, que yo cursaba con mucho sacrificio (de descanso y esparcimiento) en el turno nocturno del IAVA, y cuyo nombre por respeto, me reservo, nos hablaba paternalmente de su intención de enseñarnos a vivir, de enseñarnos a pensar.
Había sido también mi profesor pero no recuerdo de que materia de 4to año en el viejo Bauza de la calle Agraciada.
Yo me adormilaba con su conversación, siempre tenida de crítica política al gobierno, al punto que un día en que el sopor me colmaba, me despertó diciendo:
- ¡Aquiles, pruebe con un cigarrillo, le ayudara a mantenerse despierto!
Una noche, luego de su consabido ataque al gobierno, y minutos antes de terminar la clase, respetuosamente le dije:
-Señor, yo soy un obrero y vengo de trabajar más de 8 horas. Es bueno que usted nos enseñe a vivir, pero con esas lecciones no salvaremos el examen.
-¡No se preocupe Aquiles! ¡No se preocupen muchachos, estúdiense bien la clasificación de las ciencias de Kant, que es muy poquito y fácil, que será lo que les preguntare en el examen! ¡Yo seré el presidente de mesa!
Esa noche, como todas las noches al volver a casa hice el habitual alto en el bar de Guayabos y Jackson.
Allí, hice catarsis de la bronca que me inundaba, conté a todos lo ocurrido.
Al otro día, en casa, durante el almuerzo, comenté el hecho ante mis padres y mis siete hermanos.
Como en el bar, ninguno de los que me escucharon dijeron nada.
Cuando dos noches después, llegué corriendo y tarde a clase, al abrir la puerta me quedé perplejo viendo al profesor de filosofía, llorando a moco tendido, y a mis compañeros con los rostros demudados de indignación.
-¿Qué pasó? – pregunté por lo bajo al tomar lentamente asiento.
-¡Que un traidor de entre ustedes me denunció, y esta noche salió en El Diario un artículo donde se dice que yo, en horas de clase hablaba contra el gobierno y lo que les había propuesto para salvar el examen!
¡Ah! ¡Ven lo que les digo! ¡Entre ustedes, a quienes trato como hijos, hay alguien envenenado por el imperialismo, que pretende apartarme porque les digo la verdad!
- ¡Y el muy cobarde se esconde en el anonimato! ¡Tiene miedo de dar la cara!-gritó uno de mis compañeros
Me puse de pie,
- Señor, dije- cuando usted nos dijo que con saber la Clasificación de las Leyes de Kant nos bastaba para pasar el curso, usted advirtió que no quedé conforme con eso, y comenté en el bar y en mi casa mi desacuerdo con Ud. Pude haber sido yo, el que indirectamente, sea el responsable…
Porque yo como muchos hacemos el sacrificio de venir, para reforzar, oyendo el tema en clase y tomando apuntes, lo poco que podemos leer. .. Tal vez alguien de quienes me escucharon…
- ¡No Aquiles, no! ¡Sé que no fue usted, fue alguien de ese grupo de derecha (y dijo la sigla de un movimiento estudiantil, que no recuerdo) que esta infiltrado entre nosotros!
Y siguió gimoteando por un rato, mientras los más obsecuentes discípulos lo consolaban.
Una sospecha cruzo por mi mente, esa noche, al poner la cabeza en la almohada.
Al otro día, en el almuerzo familiar, interrogue a mi padre:
- Papá, ¿tu hablaste algo con tu amigo de lo que conté el otro día del profe de filosofía?
Mi padre era amigo de Leonardo Tusso que creo que por aquel tiempo era el Jefe de Redacción o algo así, de la Mañana o de El Diario.
¡Mi sospecha se confirmó!
Nunca conté a mis compañeros la verdad, no tenía necesidad alguna, de ser el catalizador, de un encono inmerecido hacia mi persona.
Ha pasado mucha agua bajo muchos puentes…
Y al pasar del tiempo veo la sucesión de acontecimientos, de la misma manera que a la distancia se ve el bosque.
Ahora veo la importancia que tuvo el subliminal manoseo de la mente estudiantil a cargo de personas que se hacían simpáticas en su tarea de enseñanza, para dar imagen de evolucionados defensores de un pueblo que no necesitaba para nada de su defensa.
Que tenía más que muchos otros pueblos en el mundo.
¡Mientras en EEUU se apaleaban y asesinaban negros y en China, la URSS o en Cuba, se purgaba a diestra y siniestra (literalmente hablando) acá vivíamos la libertad y se respetaban todos los derechos de todos!
Ya años atrás, en primer año liceal había vivido un acontecimiento, no similar, pero que a la distancia me da la pauta de procederes, que no son los que merecíamos a nuestros 13 o 14 años de vida.
Y que pautaron una avalancha de degradaciones que nos han traído a la catastrófica situación moral que vive la mayoría de nuestra juventud.
En el salón de clase un gran pizarrón al frente, abarcaba casi toda la pared tras el escritorio.
Llega el profesor de Matemáticas, que se detiene a poco de pasar la puerta, mirando fijamente el pizarrón…
Era el profesor más serio, (jamás lo vimos sonreír) que he conocido…
Todos nos quedamos fríos leyendo la palabra, bueno, la mala palabra de cuatro letras que alguno de los mocosos había dibujado con el dedo en la superficie empolvada de tiza mal borrada del pizarrón.
Hoy nadie se escandalizaría por eso, ¡hoy ocurre cada cosa en las aulas!
Pero en aquellos tiempos era algo inusitado, atrevido y por ello sorprendente…
El profe mando buscar al director, y se quedó, como guardián para evitar que nadie hiciera desaparecer la prueba de que por allí había un pequeño delincuente…
El director encargó de investigar el asunto, a un joven profesor adscripto que era muy popular entre la muchachada, era lo que decíamos, un tipo piola.
Este profesor, llamado Chifflet, alto él, de ojos claros, cabello rubio peinado suelto, hacia atrás, nos hizo pasar uno a uno por la secretaría, y allí, a modo de la más rigurosa Gestapo nazi, me espetó, no bien hube entrado:
-Aquiles, te conviene confesar por las buenas, si no, vas a ser expulsado del liceo.
¡Fuiste vos quien escribió esa palabrota en el pizarrón! ¡Varios compañeros que te vieron, te han acusado!
El latir del corazón se me transformo en un resonante redoble de tambor…
-¡Es una infamia, esos compañeros mienten, yo no fui!
-¡Está bien! ¿No confesas?, -me señalo con el dedo índice amenazante: ¡bueno, atenete a las consecuencias!
Tembloroso, salí de la secretaría, y me mantuve todo ese día, alejado de mis compañeros.
¡No quería saber de ninguno, entre ellos estaban los que me acusaban!
Luego de algún tiempo, indagando, me enteré de que a todos y a cada uno les había hecho la misma historia.
Queriendo sacar de mentira verdad, echaba tierra sobre el compañerismo y ponía en mentes casi infantiles, fríos de mazmorras y tortuosos temores…
Creo que hoy esa misma persona es una de las encargadas de velar por la moral y la ética del partido de gobierno…
No sé a ciencia cierta si es el mismo o un hermano gemelo, pero si es el mismo, espero que el tiempo transcurrido, lo haya cambiado moralmente, tanto como lo cambió físicamente.
En fin, hace entonces muchos años que el deterioro de nuestra sociedad estudiantil, vino de mano de unos docentes manipuladodores, en una prédica de proselitismo destructor de la sana y espontánea voluntad juvenil, pastores de rebaños de adoctrinados por simpatía, patrocinadores de foráneas envidias, de ajenos intereses, intelectualoides fracasados y resentidos sociales, que desahogan sus impotencias personales, deformando el libre desarrollo del criterio juvenil.
¡Quizá por eso merezcan estar mal pagos! ¡Por ser obsecuentes aduladores de asesinos y verdugos!
¡Que me perdone la minoría bien intencionada…si es que existe, esa también se lo merece por no hacerse oír, por no acusar a los que traicionan el apostolado de la laica docencia y comulgan con la apostasía del odio, de la separación de clases, del todo o nada, del pretender ser los únicos dueños de la verdad!
Como me respondió mi padre aquel medio día:
-¡Esas cosas hay que denunciarlas, esos profesores están traicionando el laicismo de la educación!
| Gentileza de: Uruguay Perdido |
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