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Cuidemos las instituciones
por Gustavo Penadés
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No es nada bueno para el sistema democrático que un integrante del Poder Ejecutivo se refiera con términos agraviantes al jerarca de otro órgano del Estado; como sucediera en el episodio que involucra al Ministro de Defensa Nacional y al Presidente del Tribunal de Cuentas de la República.
Pero, lamentablemente, ese tipo de actitudes no son nuevas; sino que, por el contrario, desde el mismo inicio del gobierno del Frente Amplio se vienen sucediendo.
No es momento de hacer un repertorio de los hechos a los que aludimos. Alcanza con algunos ejemplos de diversa gravedad, los que, de una u otra forma, van marcando una suerte de deterioro de las relaciones que deben existir entre los diversos órganos del Estado. La cuestión va mucho mas allá de los juicios que sobre las personas, y en forma reservada, cada uno puede libremente formular. Tiene que ver con lo institucional. Las personas son, en definitiva, titulares de los órganos, y entonces, todo juicio sobre las personas en tanto titulares de los mismos implica abrir juicio sobre esos órganos.
Si el jerarca del órgano “x” es tachado de “mentiroso” lo que se está haciendo es echar sombra sobre el órgano, y, en el caso de órganos de integración pluripersonal, sobre todos los titulares.
Tales actitudes van erosionando la imagen y el respeto de las instituciones.
Cuando el señor Presidente de la República organiza “consejos de ministros” que en realidad son asambleas en las que participa él junto a los ministros está desnaturalizando una institución muy importante de nuestro ordenamiento constitucional. No es así que debe funcionar el Gobierno.
Si lo que se pretende es que los integrantes del Ejecutivo hagan campaña en favor del Gobierno, estos perfectamente se encuentran habilitados para hacerlo. Lo que no corresponde es utilizar la excusa de un Consejo de Ministros para que lo hagan. Y, menos aún, que el mismo Presidente de la República encuentre en ello una excusa para hacer proselitismo, cuando a él sí, por revestir la representación que inviste, le está absolutamente vedado la práctica de la política partidaria.
Días atrás le tocó el turno a la Suprema Corte de Justicia, cuyos integrantes fueron hasta acusados, con total impunidad, de actuar en función de sus intereses personales. Además, se intentó presentar al máximo órgano del Poder Judicial como servil a los intereses partidarios. Algunos fueron más allá aún, y sostuvieron que la Corte defendía intereses de las clases privilegiadas. ¿No conforman dichas manifestaciones ataques que lesionan gravemente la imagen del órgano? ¿Qué puede pensar quien acude a los tribunales, aunque su causa sea de escasa complejidad o cuantía? Escuchando a los voceros del Gobierno podrá pensar que, si tantas sombras se arrojan sobre el jerarca del sistema en asunto tan importante, ¿qué podrá esperar él que acude por un asunto menor?
En el mismo sentido, se vio atacado el Fiscal de Corte por el Ministro de Economía cuando aquél dictaminó acerca de la inconstitucionalidad del IRPF.
¿Corresponde que el Ministro se pronuncie sobre el dictamen de quien tiene el deber de dictaminar? Estamos de acuerdo en que es comprensible el desagrado del Ministro, pero de ahí, a públicamente cuestionar el dictamen y la idoneidad del Fiscal hay un paso muy grande.
Así las cosas, progresivamente –valga la paradoja- el Frente Amplio va distorsionando la institucionalidad y sus símbolos. El Escudo Nacional fue sustituido por un logotipo, al extremo, que en más de una ocasión, un inciso del Poder Ejecutivo vio rechazado expedientes elevados a la Presidencia de la República por no figurar en ellos el logotipo del Gobierno y sí, en cambio, el Escudo Nacional. Del mismo modo, los desfiles militares son rechazados, sin tener en cuenta lo que significan en la tradición nacional, todo porque el gobierno no les tiene simpatía.
Haría bien el Frente Amplio en meditar acerca de estas cuestiones, que de no ser tenidas en cuenta y corregidas, irán deteriorando el Estado de Derecho y la democracia, de la que nos enorgullecemos, y a la que hay que respetar y cuidar.
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