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La gran aventura
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por Carlos Quijano
colaboración de Pedro Hernández |
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El pasado es uno, el porvenir múltiple. El pasado pertenece a la memoria, el porvenir a la imaginación y la voluntad, enseña Pierre Massé.
En esta búsqueda a tientas del Uruguay futuro, de un Uruguay futuro, dentro de los muchos que pueden estamos reservados, poco confiamos en nuestra imaginación, algo más en nuestra voluntad.
La vida es siempre una aventura. Una grande o una pequeña aventura, donde la previsión no puede iluminar todas las zonas y el azar nos espera, agazapado, en cada recodo. Pero la grandeza del hombre está en desafiar a lo desconocido, en tener la osadía de prever y errar, en construir castillos sobre playas ignoradas, y acaso inexistentes, expuesto a que vientos y mares se lleven, en horas o minutos, el esfuerzo de la vida entera. Y también lo está en que la obra no rompa amarras con la realidad. Dominar y obedecer son hermanos siameses. Para dominar a la naturaleza ya ha sido dicho hay que obedecerla. Un Uruguay futuro debe ser un Uruguay posible; un Uruguay probable; y un Uruguay mejor. Prever no es entonces, resignarse. Prever es actuar, para modificar el curso ciego de los hechos. Adelantarse a estos para evitarlos, cuando corresponda y provocar su nacimiento cuando se ajusten a los fines que nos hemos trazado. El arte de la guerra consiste no sólo en determinar los propios objetivos y movimientos, sino también en "calcular", los objetivos y movimientos del adversario. Y la vida la vida de un país con más razón es guerra. Un juego contra adversarios múltiples. El ajedrecista inclinado sobre el tablero, está obligado a proyectar e imaginar tanto sus desplazamientos, como los del contrario.
Empecemos por algunas comprobaciones de carácter general.
- La población activa ocupada en el sector primario el de las producciones básicas, agricultura y ganadería tiene una tendencia constante a disminuir. El hecho nacional se ajusta a la evolución universal. ¿Por qué esta generalización del fenómeno. Las causas pueden ser diversas o con más exactitud las mismas causas pueden tener, según las latitudes, mayor o menor incidencia. Cabe pensar, no obstante, que algunas causas predominan: la mecanización de las tareas del agro; el aumento de la productividad en ese sector que en buena parte deriva de la dicha mecanización; y la particular estabilidad relativa de la demanda de productos alimenticios. Y aún puede agregarse, que "la población agrícola es, en número relativo, inversamente proporcional al grado de la técnica alcanzado" por un grupo social. A mayor desarrollo técnico general, menor población agrícola desocupada.
2. También y aunque parezca sorprendente, la población activa ocupada en el sector secundario tiende a disminuir, a estabilizarse o a aumentar menos que en el sector de los servicios. Fundamentalmente por el prodigioso desarrollo de la tecnología. Los países más adelantados han llegado o están por llegar al punto óptimo de ocupación en la actividad industrial. La "automación" libera, día a día, nuevos contingentes de hombres. Y no ha liberado más por las fabulosas inversiones que exige y por temor, confeso o no, a un desequilibrio capaz de provocar un estallido social. Los robots ocuparán nuestros puestosya empiezan a ocuparlos en la sociedad futura. La cibernética proveerá a nuestras necesidades y nos ahorrará todos los cálculos. Una sociedad deshumanizada y regida por máquinas asoma en el horizonte.
3. La población activa destinada al sector terciario, aumenta en términos absolutos y sobre todo en términos relativos. Hacia 1939, en Suiza, por ejemplo, para citar la evolución de un país cuya población total es poco más del doble de la nuestra, el sector primario ocupaba el 21 por ciento de la población activa, el sector secundario el 44 por ciento y el terciario, el 35 por ciento. En 1964, las cifras eran estas: 9 por ciento en el sector primario; 51 por ciento en el secundario; 40 por ciento en el terciario. El aumento, en cifras relativas de los últimos había sido paralelo; pero ya aparecía una progresiva disminución del crecimiento en el sector secundario.
4. Otra tendencia, se dibuja en el sector secundario de los países más evolucionados. Mayor producción de bienes de capital o de bienes de equipo que de bienes de consumo. En otros términos, desarrollo más acelerado de la industria pesada que de la industria liviana. Más máquinas que producen otras máquinas. Menos máquinas y menos ocupados en producir alimentos y vestidos.
5. El crecimiento del sector terciario y la disminución de los intermediarios en el comercio, corren paralelamente. Menos intermediarios y más servicios. El supermercado suplanta al proveedor individual. El comercio al por menor está en vías de reducción y en ciertos rubros, camino de desaparecer. La intermediación se concentra. Las sucursales de las grandes empresas, desplazan a los pequeños comerciantes.
6. Una redistribución empírica del ingreso, por la acción de los sindicatos, el ascenso de las grandes masas necesitadas, la basta difusión de ciertas formas de civilización y el peso del Estado, también se ha producido. La parte del trabajo en términos relativos ha aumentado. Absorbe un mayor porcentaje de la renta nacional. En Suiza, para recurrir al mismo ejemplo, la renta del trabajo representó en 1939, el 49 por ciento de la renta nacional, frente al 30 por ciento de la renta del capital y al 21 por ciento de la que correspondía al comercio. En 1964, las proporciones fueron las siguientes: renta del trabajo, 63 por ciento, renta del capital 20 por ciento; renta del comercio 17 por ciento.
He ahí algunas de las tendencias de la economía en los países desarrollados de nuestro tiempo. No son, no pueden ser exactamente, las de un país subdesarrollado. Dos precisiones deben hacerse, no obstante.
- a) Lo ajeno no es totalmente ajeno. Debe servirnos, por lo menos, de enseñanza para ajustarlo a nuestra realidad.
- b) Con menor intensidad y aun con otras características y repercusiones, alguna o algunas de las tendencias señaladas, pueden observarse en nuestra evolución.
La disminución ya antes fue señalado de la población ocupada en el sector primario. Por la concentración de la tierra, la mecanización de las tareas, la alta productividad de las exportaciones y también el mayor aunque muy modesto, avance en el campo industrial.
- El crecimiento, hasta la hipertrofia, del sector terciario. Hemos referido otras veces, muchas, a este fenómeno. Ese crecimiento no es, según creemos, exactamente comparable con el de otros países desarrollados. En estos últimos puede considerarse ese crecimiento, y no son pocos los autores que así lo consideran, como un signo de progreso. Juicio semejante no puede extenderse a nuestro caso. En aquellos países, el aumento del sector terciario es una consecuencia de la mecanización de la agricultura y de la revolución tecnológica en la industria. Entre nosotros, si bien puede influir lo primero, lejos estamos de lo segundo. La ganadería prescinde de los hombres, elimina trabajadores y la industria no puede absorberlos, por carencia de mercados y de capitales.
- El aumento del sector terciario significa, en nuestras tierras, aumento de la burocracia y la intermediación. Más empleos públicos, más intermediarios "improductivos", más dilatado proceso, a causa de nuevas etapas, entre la producción y el consumo. Los supermercados se levantan; pero los comerciantes minoristas de barrio no parecen haber disminuido. Bares, almacenes, verdulerías, carnicerías, lecherías, mantienen sus posiciones. Algunos ganan su pan con mayores dificultades; otros, por razón de ubicación y a virtud de la escasez, los precios tarifados y los regímenes de cuota autoritariamente impuestos, deben obtener mayores beneficios.
- No existe, por cierto, una saturación del sector secundario. Mucho menos un acrecimiento de la industria de bienes de equipo y un descenso relativo o absoluto de la industria de bienes de consumo. Por razones obvias: falta de capitales, ausencia de técnica y tradición, limitación del mercado.
- Carecemos de elementos estadísticos que permitan comprobar o demostrar que en el curso de los últimos veinticinco años, la parte del trabajo en la renta nacional, ha aumentado más que la del capital o la del comercio intermediario. Sobre la base de los muy deficientes datos utilizables, podría no obstante, admitirse que no hemos escapado, con retrocesos y pausas, a la tendencia general. El fortalecimiento de las organizaciones sindicales, los convenios colectivos de trabajo y la propia ley de Consejo de Salarios, le confieren mayor certeza a la suposición. Pero queda por verse si los innegables aumentos nominales, corrésponden a un aumento real del poder adquisitivo.
La observación directa de los fenómenos nacionales y la evolución de los fenómenos ajenos, llevan a algunas previsiones y conclusiones primarias.
No parece posible detener la reducción constante, paulatina o acelerada, de la población ocupada en el sector primario. Ni posible, ni probable. La mecanización del campo y los adelantos tecnológicos, pueden en una etapa transitoria quizás, exigir más hombres que ahora. En el largo plazo no requerirán más y seguramente requerirán menos.
El sector terciario tendrá que absorber buena o gran parte de los desplazados del sector, primario o de aquellos que en él no puedan encontrar ocupación. Pero un sector terciario de extendida población, no puede vivir si no reposa sobre un sector primario y un sector secundario, sólidos. Dentro de ese sector terciario, por otra parte, la concentración de la intermediación será inevitable. El pequeño comerciante se proletarizará. Perderá su autonomía en aras de una precaria seguridad, arrastrado por una ola incontenible.
Si el sector primario tiende a reducir el empleo de mano de obra y el terciario, sin perjuicio de su propio crecimiento, a concentrar la dirección en pocas manos y a suprimir la libre intermediación, deberá ser entonces el sector secundario el que ofrezca las nuevas oportunidades. Históricamente, estamos en la etapa de esa posible evolución. Pero es necesario comprender cabalmente que toda nuestra economía es y lo será por muchos años, una economía de exportación. En el sector primario, en el secundario y también en el terciario. Producir más carne, más lana, más trigo, requiere conquistar nuevos mercados. Producir más tejidos o más zapatos, reclama también que tengamos acceso a otros mercados. Producir más servicios seguros, bancos, fletes y por supuesto turismo exige nuevos consumos que se agreguen en un caso a los propios; en otros, turismo internacional, que se originen en el extranjero.
La conquista de nuevos mercados depende de los precios. No venderemos más carne o más tejidos o más fletes, si no organizamos nuestra producción, si no somos capaces de competir en los mercados mundiales.
Nos pasa ya con nuestras producciones primarias básicas. No podemos colocar nuestras carnes si otros la ofrecen a precios más bajos.
Producir por producir nada significa. Es una proposición, por su vaguedad, carente de sentido. Hay que producir para vender. Y no se puede vender si el producto es caro o malo.
Para producir en condiciones de competencia internacional es necesario abatir los costos. Para abatirlos es necesario disponer no sólo de mano de obra hábil a ciertas producciones muy especiales puede ella bastarle sino también de equipos. Esta segunda revolución industrial que hoy el mundo vive está destinada a hacer más fácil la vida de muchos; pero también más difícil la de muchos más. A ahondar profundamente el foso que separa a los desarrollados de los subdesarrollados. El equipamiento reclama cuantiosos capitales, inversiones de una magnitud astronómica a las cuales no pueden hacer frente, ni están, por otra parte, en condiciones humanas de hacer frente, los países chicos, despoblados, llegados con atraso a la vertiginosa carrera.
El adelanto técnico de nuestro campo, no dará trabajo a más. El imprescindible desarrollo de nuestro sector secundario, no parece en las condiciones presentes, viable. Por falta de sustento interno y carencia de capitales.
Tendríamos que dar un salto prodigioso para entrar en carrera. Es inconcebible. Nos falta el punto de apoyo y no disponemos de los medios.
Esta es una primera aproximación al problema de nuestro tiempo. Una manera de pensar en voz alta, nuestra angustia colectiva. De formularnos las preguntas que solemos eludir o a las cuales no queremos acercarnos. Vivimos en la interrogación y la duda, aunque no nos lo confesemos. En un mundo del absurdo, como aquel que obsesionaba a Camus. Un mundo y un tiempo de los cuales está excluida la rebelión. Un mundo corroído por el desprecio y el rechazo. Donde la esperanza se llama evasión. Puesto que no podemos rebelamos contra él, lo negamos. Todos. Excepto los que medran, se atiborran de migajas, enarbolan oropeles y se resignan a "durar".
Esta primera y dolorosa aproximación, no desemboca en el nihilismo. Siempre el horizonte está más allá. En un planeta lanzado a la conquista del espacio, donde las desigualdades de poder son tan inmensas y profundas, los chicos y los débiles, no tienen, si se condenan al aislamiento, destino. O sólo tienen el destino de las colonias o los apéndices. El deber de las patrias chicas es unirse a otras patrias chicas, para formar la patria grande. Es lo que Artigas avizoró. Por eso está siempre presente. La empresa es vasta, peligrosa y difícil. Pudo ALALC ser el punto de partida de la misma. Mucho nos tememos que haya sido un frustrado empeño. Pero las mismas frustraciones sirven. De frustraciones están hechos todos los caminos. Y frente a la frustración de los hombres se alza la callada obstinación de la geografía y de la historia, de la vida misma.
"Sabíamos que nos aventurábamos dice Shakespeare a quien recuerda el ya citado Massé en un mar peligroso y que podía apostarse diez contra uno a que no nos salvaríamos. Sin embargo, nos aventuramos porque el logro esperado acallaba el temor del peligro probable".
Ha llegado, nos parece, el tiempo de reiniciar la gran aventura negada antaño por la traición.
Estamos embarcados. Bien poco es lo que hay que perder y mucho lo que tenemos el deber de ganar.
Carlos Quijano
MARCHA, 17 de septiembre de 1965
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