Año III - Nº 114 - Uruguay, 21 de enero del 2005

 

 

 

 
COMO HAN CAMBIADO
LAS COSAS

Por Roberto Bogorja

La psicosis del atentado ha calado hondo en el país de la libertad.

Estados Unidos, la meca de la libertad, la democracia y la prosperidad. Ese fue el lema durante muchos años.

Los países latinoamericanos son frágiles democracias en manos de gobernantes corruptos, grandes señores terratenientes, militares, dictadores y de otras calañas más, ese era el otro paradigma. Desde las repúblicas bananeras a los feudos de poderosos personajes.

Como es lógico en esas repúblicas de frágil, escasa o nula democracia, sus gobernantes debían ser protegidos por fuertes dispositivos de seguridad. Ya no sólo policiales, sino militares, dirigidos por esos mismos comandantes, que siempre rodeaban a esos presidentes. Dignatarios "elegidos" en arregladas elecciones en donde no intervenían la mayoría del pueblo.

Militares que siempre se encontraban prestos para ejecutar las más despiadadas restricciones a todo tipo de libertad, en defensa de una democracia por supuesto inexistente. Medidas que van desde la simple prepotencia, pasando por la prisión, tortura e incluso desaparición de aquellos que no estaban de acuerdo o que parecían sospechosos. Por supuesto siempre en defensa de los más nobles ideales de democracia, libertad y justicia, representados por los supremos intereses del Estado. Los que en muchos casos eran coincidentes con los de los presidentes, o en realidad eran los intereses de los presidentes y sus cortes y no los del Estado como representación del pueblo.

El mundo giró. Asistimos a la asunción de un nuevo presidente, con una importante pompa, un costoso despliegue y por supuesto grandes imágenes para los medios.

Un presidente que en realidad simplemente asume un nuevo período, pero que en realidad sólo es una renovación, pues él ya es presidente.

Lo hace bajo un muy fuerte dispositivo de seguridad, con despliegue de misiles, soldados armados a guerra para su custodia, aviones caza interceptores prontos para actuar, controles al público asistente en busca de armas, pánico.

Un presidente que es parte de una rica familia de terratenientes, especialmente vinculados a un muy fuerte sector de la economía de su país.

Un presidente que con el apoyo de esos militares y asesores, es capaz de embarcarse en aventuras en donde la intervención armada, la muerte, la prisión, la tortura y la negación de los derechos están al día.

Un presidente que no fue electo por una verdadera mayoría, pues en su país existe una gran mayoría que no elige, pues no participa de la política.

Un presidente que es capaz de embarcar a su país en una guerra sin sentido, ni origen ideológico, sino en el más puro interés material, el petróleo. Elemento que le ha dado la riqueza a su familia y que hoy se la ha vuelto a multiplicar.

Un presidente que ha desconocido los derechos humanos, y no sólo de los ciudadanos de otras naciones, sino a sus propios compatriotas. A quienes les ha ocultado información, les ha mentido.

Ese es el actual presidente de la otrora meca de la democracia y la libertad. Que pensarían Franklin, Washington, Lincoln o Roosvelt.