Año III - Nº 114 - Uruguay, 21 de enero del 2005

 

 

 

 

MARTIN AQUINO
EL ULTIMO MATRERO ESTUVO EN CHUY

Rey de todos los matreros
hoy para siempre caíste
y quedó el recuerdo triste
de quién tus amigos fueron,
más vivo no te prendieron
como era de suponer
cumpliste con el deber
de pelear continuamente
y luchar hasta la muerte
con quien te vino a prender.

La historia fronteriza está llena de acontecimientos que comprometieron de alguna manera la paz y la seguridad de los pocos habitantes que poblaban la zona rural comprendida entre los Campos Neutrales y esta línea divisoria.

Los estancieros y vecinos de pequeños núcleos poblados estaban permanentemente bajo la amenaza de matreros y desertores de ambos países.

Sin embargo cuándo terminaron las revoluciones del 1893 y 1904 parecía que la tranquilidad volvía por sus carriles quedando como resabio de aquellas contiendas algunos gauchos que con mucho arrojo y valentía pretendían prolongar la tradición.

En la actualidad a 60 kilómetros de la ciudad de Melo en un paraje conocido como Rincón de la Aduana se encuentran las paredes de un rancho de barro y paja brava que perteneciera al último matrero que asoló la frontera, hasta que en una resistencia inútil fue muerto por la policía el 6 de marzo de 1917.

Se había escapado de la cárcel de Minas en 1913 y el Ministerio del Interior distribuyó en las comisarías de todo el país el siguiente comunicado con la filiación del matrero: Martín Aquino, uruguayo, 25 años más o menos, soltero, profesión se ignora, estatura regular, complexión débil, color morocho, cara chica, cabellos castaños, orejas salientes, frente ancha, cejas al pelo, ojos negros vivos, nariz aguileña, bigote lampiño afeitado, boca regular y barba afeitada. Señas particulares; dientes de mandíbula superior separados o le falta un diente.

Antes de que la policía lo localizara en Cerro Largo el famoso matrero anduvo por estos pagos como lo asevera el historiador brasileño Anselmo Amaral en reciente publicación, donde señala que el gaucho malo, solitario y sin fronteras, aparecía de sorpresa en los establecimientos riograndenses.

Solamente tenían como amigo el caballo que montaban. El cuchillo siempre bien afilado no se le caía de la cintura, garantiéndole la subsistencia como seguridad de vida. La admiración que causaba entre la gente de campo esos valientes de los caminos hacía meter miedo y envidia a cualquier político. Sus hazañas eran comentadas permanentemente en los galpones y ranchos de la campaña.

Se hablaba mucho en aquellas ruedas camperas-dijo Amaral- de un tal Aquino de nacionalidad uruguaya, matrereando de un lado para el otro de la frontera del Chui y también en San Miguel.

Homicida En el Uruguay en algunas oportunidades, se empleaba como peón rural en las estancias de Santa Vitoria. Su ímpetu sanguinario lo traicionó finalmente al matar un estanciero vitoriense que lo protegía y que era además muy estimado y perteneciente a una familia tradicional de la zona.

Una amiga nuestra casada con el estanciero Rosalino Silveira propietarios de un campo en Marmeleiro, nos contaba ciertos episodios fronterizos. Se llamaba Corina y conoció personalmente a Martín Aquino describiéndolo como una persona tranquila, buen conversador aunque tenía en sus ojos mucha agresividad."

Por aquellos años se popularizaron muchas décimas sobre Aquino en el departamento de Rocha, las que eran cantadas por gauchos aficionados.

En la nota aludida Anselmo Amaral culmina transcribiendo una de las décimas que le fueran entregadas por doña Corina sobre la vida del matrero uruguayo, muerto por la policía de Cerro Largo el 6 de marzo de 1917.

El 6 de marzo fue el día
que Aquino se terminó
y que a la historia pasó
por su grande valentía
dicen que con energía
empuñaba su facón
mientras que desde un galpón
hacía fuego Melgarejo
en los últimos reflejos
de aquella cruel situación.

Cuando apareció el arma automática el matrero descendió del caballo y pasó a ser asaltante. Más asesino, más ambicioso y más cobarde, aprendió a matar por la espalda dijo finalmente Amaral