Año III - Nº 114 - Uruguay, 21 de enero del 2005

 

 

 

 

Fin de la Era del petróleo
Mariló Hidalgo

El petróleo es nuestra principal fuente de energía. Se encuentra en las zonas más conflictivas e inestables del planeta. Un puñado de gobiernos e instituciones son los que toman las decisiones que luego afectan a la vida de todos. Es el principal responsable del efecto invernadero. Y además, en estos momentos su precio bate todos los récords históricos desestabilizando la economía mundial. Mientras este modelo agoniza, en el horizonte surgen nuevas fuentes de energía ilimitadas.

Un modelo que agoniza

Nos encontramos en el corazón de una gran ciudad a la hora punta. Ruido estridente de motores, tubos de escape que echan humo sin parar, motos que buscan cualquier resquicio para adelantar posiciones y salir cuanto antes del semáforo, bullicio de gente que cruza presurosa, bocinas, olor a combustible de calefacción... Una imagen muy habitual que se repite cada día y que nos hemos acostumbrado a "sufrir" con resignación. ¿Pero es que existe otra salida que no sea irse a vivir al campo? Desde luego ésa sería una opción, pero existen otras. El transporte sin ruido y sin contaminación ya es posible en estos momentos, pero no de la mano de la energía producida por los combustibles fósiles, que parece haber llegado a su fin.
Dicen que en los últimos doscientos años de civilización occidental hemos consumido más energía que todas las anteriores civilizaciones juntas. Para hacernos una idea el 80% de la energía consumida en el planeta proviene directamente de los combustibles fósiles -especialmente del petróleo-. La energía nuclear genera el 16% de electricidad mundial y la energía eólica, geotérmica, hidrológica, solar y de biomasa representaría el 4% del total de producción energética. Somos por tanto una sociedad adicta al oro negro ya que todos los aspectos de nuestra vida moderna están de una u otra forma relacionados con este combustible fósil o sus derivados. La industria, los transportes, la iluminación de nuestras ciudades, la ropa, los utensilios domésticos, la calefacción de nuestros hogares, los edificios, incluso nuestro nivel de bienestar, todo, absolutamente todo, forma parte de esta red tejida en torno al petróleo. Un entramado que parece tambalearse desde diferentes ángulos.
Dos informes publicados este año han aventurado ya una fecha para el fin de la era del petróleo. Unos hablan del año 2016 mientras que otros sitúan la crisis en 2010. La diferencia es lo de menos, lo que a estas alturas ya nadie discute es que si por un lado sigue aumentando la extracción de crudo y sigue la escalada de la demanda, el punto de inflexión estaría muy próximo. Un dato que nos puede dar una idea: desde 1986 se ha extraído más petróleo del que se descubría. Y en estos momentos por cada barril de crudo detectado se consumen cuatro.
A ello hay que añadir que el petróleo del que hablamos se encuentra en unas pocas zonas del planeta, muy conflictivas y dependientes de factores políticos, económicos y ecológicos; y que además el control de las mismas está en manos de un pequeño grupo de instituciones o corporaciones que son quienes toman las decisiones y, por tanto los que controlan esta energía en el planeta. Todo ello nos muestra la fragilidad de esta economía dependiente del crudo.

Pero lo que definitivamente marca el fin de esta era es la ruptura del equilibrio planetario y las consecuencias que ya estamos experimentando. Greenpeace hace una llamada de atención y lo explica así, en un informe sobre energía: "El sistema energético debe someterse a los límites de la naturaleza. La sociedad actual utiliza la energía como si no existiesen límites, pero existen. Hay un límite que no podemos franquear y es la capacidad de la atmósfera para absorber CO2. El cambio climático es uno de los mayores problemas ambientales a nivel global a los que el planeta se está enfrentando. La comunidad internacional ha reaccionado ante el problema asumiendo como primer paso compromisos para reducir las emisiones de gases invernadero a través del Protocolo de Kioto. Pero aún cumpliéndolo, no sería suficiente para solucionar el problema. Habría que reducir el consumo de combustibles fósiles, que son las emisiones que más CO2 lanzan a la atmósfera. ¿Cuánto? Todo lo necesario para no sobrepasar los límites de la naturaleza. Necesitamos sustituir completamente los combustibles fósiles". Propuesta que es secundada por Heikki Willstedt, experto en energías renovables del Area de Cambio Climático de WWF/Adena: "Consumir menos petróleo no resulta ya suficiente, debemos planificar cómo dejar de consumirlo. Para lograr esto hace falta romper nuestra dependencia de este recurso finito, contaminante y fuera de nuestro control. Y este nuevo modelo no es una utopía, está al alcance de la mano: en nuestro país ya existe la tecnología y los recursos renovables necesarios para crear un sistema energético sostenible basado en el sol, el viento, el agua y la biomasa".

La energía del futuro

Ya fue anunciado por los antiguos. "El hombre se llegará a creer un 'dios' con poder para manipularlo todo a su antojo. Para explotar sin medida la generosidad de mares y tierras. Para extraer de las entrañas de la Tierra los fluidos vitales que convertirá en argumentos para tener más poder, para someter y esclavizar a los menos poderosos. El hombre despreció el fluido vital de la vida, el agua, para adorar el símbolo negro que emana de la muerte y produce muerte". La grave crisis ambiental por la que estamos atravesando, sin duda confirma estos vaticinios. Pero también nos recuerda el origen, ya que se empieza a hablar de la era del sol, el aire y el agua, punto de partida de las energías renovables. La energía del futuro.
Aunque vamos a hablar de cada una de ellas, es importante señalar algo que las engloba y supone precisamente, una ruptura respecto al sistema económico anterior basado en el petróleo. Se trata de elementos que están al alcance de todos. Son fuentes ilimitadas de energía que hasta bien entrado el siglo XIX estuvieron cubriendo la práctica totalidad de las necesidades del hombre hasta que aparecieron el carbón y el petróleo. Pero sobre todo, hablar de energías del futuro es hablar de muchas opciones que empiezan a ser realidad. La energía solar por ejemplo, aunque se puede desarrollar mucho más, ocupa un lugar muy importante en regiones del Tercer Mundo. La energía eólica podría proporcionar cinco veces más electricidad que el total consumido en todo el mundo, sin afectar a las zonas con mayor valor ambiental. Y contamos con otra fuente importante de energía, el hidrógeno que ha dejado de ser un tema de ciencia ficción para pasar a ser la gran alternativa energética del siglo XXI. Sin olvidar a la biomasa, combustible energético que se obtiene directa o indirectamente a partir de recursos biológicos como madera, residuos agrícolas o el estiércol. O la energía geotérmica que aprovecha las altas temperaturas del centro de la tierra. Sin duda el futuro abre un abanico de posibilidades.
SOL. Sin depender de nada ni nadie el sol sale cada día y nos proporciona luz y calor. José Santamarta, director del World Watch señala que la mayor virtud del astro es también su mayor defecto, ya que "se trata de una forma de energía difusa y poco concentrada, de ahí las dificultades que entraña el aprovechamiento directo de la radiación solar en una sociedad en la que el consumo de energía se concentra en unas pocas fábricas industriales y grandes metrópolis". No obstante ya están en marcha tres sistemas de aprovechamiento de la energía solar. A través de células fotovoltaicas -elaboradas a partir del silicio-, la energía del sol se transforma directamente en electricidad. Nuestro país es el séptimo productor mundial de paneles fotovoltaicos.
Las centrales termoeléctricas aprovechan las radiaciones directas del sol recogiéndolas a través de espejos concentradores. Ese calor es utilizado para generar electricidad como si de una central térmica se tratara, pero sin emitir CO2 a la atmósfera. Además aquí sí es posible almacenar ese calor, de forma que cuando llega la noche o hace un día nublado se puede disponer igualmente de electricidad.
Por último la energía del sol también se emplea para calentar agua que debe circular en unas tuberías especiales para captar el calor. Así se puede conseguir tanto agua caliente como calefacción para un edificio entero.

AIRE. También la energía eólica convierte el movimiento del aire en electricidad a través de los aerogeneradores -una versión moderna de los molinos de viento-, que se agrupan en los parques eólicos. Se trata de una energía limpia y la tecnología que necesita está en pleno auge. España es la tercera potencia mundial en energía eólica. Entre los inconvenientes de esta energía está la falta de constancia de este elemento y que para instalar estas turbinas es preciso encontrar un lugar donde realmente azote el viento.
BIOMASA. Hablamos aquí de la utilización como fuente de energía de la materia orgánica originada en un proceso biológico, espontáneo o provocado. La madera es utilizada como combustible casi desde que se descubrió el fuego, pero existen otros elementos como las hojas, los residuos agrícolas, el estiércol -muy empleado en zonas rurales en desarrollo-, aserrín, etc., de los que el hombre consigue extraer calor, electricidad o combustible para el transporte. Los denominados biocarburantes, se obtienen a partir de recursos agrícolas normalmente excedentes -trigo, maíz, cebada, caña de azúcar-, o con una mínima parte de residuo industrial -aceite frito usado, por ejemplo-. El resultado es un bioalcohol que sustituiría a la gasolina o un biodiésel que se emplearía en lugar del gasóleo. Aunque parezca ciencia ficción, en Brasil más de la mitad de los coches ya están adaptados por sus fabricantes para poder consumir una mezcla de hasta un 95% de bioetanol y un 5% de derivado del petróleo. Y en España una treintena de gasolineras en Cataluña ya venden biodiésel directamente al público.
Antes de que se utilizase el carbón, la biomasa era la única fuente de energía en el planeta. Hoy es empleada por más de dos mil millones de personas en el Tercer Mundo. Según los expertos, utilizando las nuevas tecnologías, la biomasa podría generar hasta el 80% de la energía total mundial.

Hidrógeno la revolución

Dicen que el futuro se escribe con "H" de hidrógeno. Incluso se ha llegado a hablar del nacimiento de un nuevo régimen energético capaz de construir una nueva civilización sobre bases radicalmente nuevas. ¿Realidad o ciencia ficción?
Aunque el proceso de producción de hidrógeno aún es costoso y tecnológicamente está en pañales, es considerado ya como el combustible del futuro. Se trata del elemento más básico de todo el universo y que está presente en todo ser vivo de nuestro planeta. Cuando se aproveche adecuadamente podría convertirse en una especie de 'combustible eterno' que además no contamina la atmósfera. El hidrógeno no se encuentra aislado sino que se produce industrialmente a partir de fuentes de energía primarias como el carbón, petróleo o gas -todos ellos emiten CO2- y también de fuentes alternativas como biomasa, biogás o materiales de deshecho. Pero sobre todo se puede obtener por electrólisis del agua, separando hidrógeno y oxígeno mediante la utilización de la electricidad (extraída de fuentes renovables como el sol o el aire). Una vez separado, el hidrógeno se reconvierte de nuevo en electricidad mediante baterías de combustible que permiten almacenar, transportar y suministrar de forma ininterrumpida energía eléctrica a partir de fuentes renovables. Sin depender si hay o no viento, lluvia o luz del sol.

Tenemos por un lado un recurso, una fuente de energía que es ilimitada y además está presente en todo el planeta por tanto no depende de yacimientos, ni de grupos de poder que controlen esos yacimientos. ¿Cómo sería entonces esa sociedad basada en la economía del hidrógeno? El profesor Jeremy Rifkin(*), licenciado en Economía y Relaciones Internacionales, consultor de jefes de Estado y empresas de todo el mundo, apuesta por el nacimiento de una nueva economía basada en el hidrógeno que cambiaría la sociedad por completo. Sus teorías se han hecho famosas en todo el mundo y en la actualidad cuenta con detractores, pero también con muchos seguidores que al igual que él, buscan bases nuevas sobre las que pueda construirse una sociedad más justa. Pues bien, Rifkin asegura que el uso masivo de esas baterías, sería la única forma de sacar a miles de millones de personas de la pobreza y hacer llegar la energía a todos los rincones del planeta. Primero habría que suministrar pilas de combustible fijas a cada barrio y aldea del mundo -ahí tendrían que colaborar los gobiernos-, a ellos se sumarían centros comerciales, oficinas, vehículos, fábricas, etc. Todos serían consumidores y también productores de energía pero además, estarían conectados entre sí a través de una red, de manera que pudiesen compartir los excedentes de energía. El autor llama a esto, "democratización de la energía" ya que cuando un usuario conecte su pila de combustible a estas "redes de energía de hidrógeno" podrá en ese momento, compartir energía de igual a igual con miles de personas. El diseño es el mismo que Internet. Duro golpe el que iban a recibir las centrales eléctricas, que verían cómo el negocio se les iba de las manos: centros generadores locales a partir de pilas de combustible, kilovatio más barato, sin apagones, sin privilegios y llegando a todos los rincones del planeta.
La siguiente cuestión sería, si todo es tan perfecto ¿por qué no se utiliza ya? Hay una razón básica; hace falta desarrollar una más alta tecnología en todos los aspectos relacionados con el sistema energético del hidrógeno, para poder realizar una producción a gran escala. Y eso necesita inversión.

Los impedimentos

Algunos presagian que la transición energética de los combustibles fósiles a las energías renovables -donde incluimos el hidrógeno obtenido a partir de éstas- no va a ser nada fácil ya que existen muchos intereses creados. "Existen diversas barreras que frenan la promoción de las energías renovables que van desde la falta de voluntad política hasta las barreras económicas o la falta de información al consumidor para que pueda ejercer su derecho a elegir. Todas ellas deben ser eliminadas para que las renovables alcancen el necesario nivel de desarrollo", asegura Greenpeace en un informe sobre energías renovables. Explican cómo el "actual mercado energético sigue arrastrando enormes distorsiones económicas que impiden a las renovables competir en pie de igualdad con las energías convencionales. Por un lado están las subvenciones, directas e indirectas a las energías de origen fósil y nuclear. Por otro, éstas no se ven obligadas a incorporar en sus precios el coste de su ciclo de vida sobre la sociedad y medio ambiente". Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, entre 1995 y 2001, las energías renovables recibieron en la Unión Europea seis veces menos ayudas que la térmica o el carbón. ¿Interesan o no las energías limpias? WWF/Adena apuesta por ellas: "Necesitamos un objetivo ambicioso de cambio a renovables para todo el país, con el fin de mantener la salud de nuestra economía y de nuestro medio ambiente. Muchos tecnólogos, empresarios y entidades financieras también lo consideran asequible. Por todo ello, el Gobierno debe adoptar este objetivo y transmitir a la sociedad una visión y un camino para alcanzar un futuro sin petróleo".

Por otro lado también se dice que la opinión pública tiene cierto rechazo a estos temas "debido a la dificultad para la realización de determinados proyectos de energías renovables", apunta Greenpeace. "La realidad muestra que la gente lo que no quiere es asumir el riesgo a un accidente nuclear, ni ver su economía y medio ambiente arruinados por una marea negra o por un desastre climático, ni que se emprenda una guerra para controlar el suministro de petróleo. Eso sí produce rechazo social". Dicen que si hubiese que pagar los contaminantes, todo sería distinto. Habría que dejar que el mercado dijese la verdad.
Con ayudas o sin ellas, las nuevas energías han empezado a moverse. En este momento la mayoría de fabricantes de automóvil están invirtiendo en nuevos diseños de motores para que puedan estar impulsados por hidrógeno. El primero en lanzar su prototipo en un certamen internacional fue General Motors que presentó su "Autonomy". Pronto veremos los nuevos diseños de Mercedes Benz, Toyota y Honda. En Madrid por ejemplo, ya funcionan los primeros autobuses de hidrógeno y en Islandia se ha dado un paso importantísimo en este sentido, al inaugurar la primera estación de combustible de hidrógeno para suministrarla a los vehículos que ya la necesiten.
¿Nos podemos imaginar una ciudad silenciosa, limpia, donde podamos mirar al cielo y ver las nubes o las estrellas por la noche? El futuro está en movimiento. ∆

(*) "La economía del hidrógeno" de Jeremy Rifkin. Editorial Paidos. 2002.

Artículo publicado por la Revista Fusión