Retrato de una no ciudad
Dr. Enrique Rimbaud
Decano de la Facultad de Veterinaria
Managua - Nicaragua
El viento barre impunemente Managua, el edificio de los Pellas yergue solitario e impotente para detener los vientos del verano, no hay edificios, ni centro, que actúen como barreras rompevientos&
El polvo, es la tónica diaria, muchos tosen, otros tienen cuadros alérgicos, y todos regresan a sus casas a darse baños, aplicarse cremas tanto en la piel como en los cabellos, azotados durante el día por millones de minúsculos meteoritos vernáculos&
Con treinta grados de temperatura diarios, las gripes campean, el trópico seco, sustentado por los vientos del pacifico, ha alejado las lluvias por varios meses, dejando la humedad como esperanza&
Los cauces de los ríos, prolijamente enmarcados en cemento y hierro, olvidaron el agua, drenando basurales que se van acumulando hasta la época de las lluvias, donde saltaran por los manjoles como géiseres en un volcán furioso de cemento&
Con mas de dos millones de habitantes, las casas van brotando lejanas a cualquier ordenamiento territorial, en un enmanzanamiento sin orden lógico, donde las calles se mezclan a su antojo, brindando un perfil raro, en el horizonte, se mezclan los cables eléctricos con techos de chapa, recortes de palmas y palos de mango, coloreados de tanto en tanto por alguna llamarada del bosque, que nos hace recordar que estamos vivos&
Las rejas y los rollos de alambre de púa nos hablan del estado de ánimo y el temor de los Managuas, atenuados por las trinitarias que cuelgan de las rejas, pero reafirmados tras cada CPF, vigilantes barriales cuyo único desvelo es que no duerma nadie en la ciudad, marcando su presencia y su distancia con pitadas estridentes y repetidas&
El viento empareja la pobreza, llevando hasta los barrios ricos, las colinas, los robles, la carretera sur, los olores, olores de mercados, del Oriental, del Huembes, del Ivan Montenegro, olores de fritangas y fritanguerias, reafirmando la conciencia de clase para aquel que la ha olvidado&
Una ciudad donde todo queda lejos y todo esta en cualquier lugar&
Por las noches, sones musicales se desparraman, y tirados en la hamaca podemos escuchar marimbas o tambores, a veces algún mariachi desnorteado de la rotonda de Bello Horizonte, o el redoblante furioso que delata alguna Gigantona..
Managua, dulce Managua, con sus Shoppings, Centros Comerciales y Supermercados esplendorosos y sus barrios pobres, con sus avenidas de transito rápidos y las villas donde no se puede entrar en carro, con su malecón de fiesta tan cerca del basural de la chureca..
Subidos en el Teatro Ruben Dario, monumento cultural de una nación sacudida, vemos líneas de luces hacia el lago y hacia el sur, por la carretera a Masaya, y vemos la oscuridad que mancha, delatando partes enteras de una ciudad que aun no ha sido construida&
Managua vieja, contrastando los fastuosos edificios públicos con aquellos que aun señalan el terremoto de hace mas de treinta años&
De rotonda a rotonda, desde la fuente del Plaza Inter hasta la fuente de Metrocentro, desde allí hasta Santo Domingo y la Centroamérica, otra ciudad fluye en la noche, los bares, las discos, los casinos, los hoteles, los restaurantes, dos cuadras para cada lado, no mas, sino nos hundimos en la Managua real, en el Dimitrov, en tantos barrios donde la gente suda y sufre por cada bombillo que ilumine, por cada balde de agua que acarrea&
Como haces Managua para tener tus restaurantes internacionales y los casinos siempre llenos, si tu gente esta juntando en la semana para poder comer un nacatamal la mañana del sábado o el domingo?
Cuanto contraste, deslizándonos desde las Colinas hasta el Roberto Huembes, entrando por La Fuente, el lujo y la pobreza, las casas donde cabe una colonia entera&
No es fácil pasear por Managua, no hay veredas, las plazas estan celosamente escondidas de las avenidas, y los parques cercados por vallas de alambre&
Asi y todo, hay algo en el ambiente que me gusta, quizás sea su gente, harta de estar tan harta, quizás sea la profusión de arboles y plantas, quizás sea ese desorden no calculado, o quizás sea simplemente que me gusta asi, como esta, como es, como late, una no ciudad, donde el horizonte no recorta edificios, sino montañas y volcanes, donde el viento polvoso nos hace recordar que en unos meses lloverá, y se lavaran pecados e historias, removiendo los residuos de meses de los cauces, explotando manjoles y floreciendo plantas&
Managua, dulce Managua&
Desde el país de los volcanes y los lagos&
Un abrazo enorme
Enrique