Año III - Nº 114 - Uruguay, 21 de enero del 2005

 

 

 

 
UNA SEMANA CON
DEMASIADOS NOMBRES

por Luis Tappa

 

Nos ponemos a pensar y cuesta creer la velocidad con que se van los años, en una juventud, aunque algo lejana ya si miramos nuestra cédula de identidad, parecía que un año era algo interminable, principalmente en nuestra época de estudiantes, el tan esperado fin de curso no llegaba nunca y las tan ansiadas vacaciones estiraban perezosamente en el tiempo su llegada. Es más, deseábamos que el tiempo pasara rápido, ¡queríamos ser "grandes!, idiotas ignorantes de que junto con "grandes" vendrían las complicaciones, obligaciones y responsabilidades que inevitablemente deberíamos asumir.

Luego, con el tiempo, todas estas sensaciones se invertirían, para los que tenemos unos cuantos abriles, o eneros en mi caso, nos da la sensación de que la tierra ha aumentado su velocidad y cada vez demora menos en recorrer su órbita alrededor del sol. Los meses pasan volando, ya estamos recorriendo el 2005 y pensando en qué nos va a deparar el nuevo año.

Este nuevo año nos ha traído las tan esperadas vacaciones, un carnaval más, nos acerca al retorno de nuestros hijos al estudio y también a otra "semana de turismo", luego de la cual y como es tradicional en nuestro país recién entonces se comienza a tomar en serio el trabajo y las obligaciones, quizá por eso es que nos parecen tan cortos.

Esta semana tan especial que mencioné anteriormente tiene distintos nombres y van de acuerdo al uso que le da cada cual.

Para muchos es Semana Santa, una semana con olor a incienso en que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Para otros es la "Semana Criolla", también están los que la ven como la "Semana de la Vuelta" y quienes la usan como "Semana de Turismo".

Pero hay otra denominación que aun no se usa pero que es muy popular, la "Semana de la Caza", de la caza, así, con "Z"

Para estos últimos esta es la tan esperada oportunidad de sacar a luz toda la artillería celosamente guardada y cuidada durante el año, llenar las alforjas de municiones y armados hasta los dientes salir a depredar y matar cuanto animal se les pone a tiro por esos campos de dios.

Esto sucede con la complicidad de algunos estancieros que permiten semejante barrabasada en sus tierras, aunque por suerte no son todos, por el contrario, ya son muchos los que no permiten a gente armada en sus campos, un ejemplo que deberían seguir los demás.

Estos cazadores, que así se denominan ellos mismos, sostienen que no matan por matar y que cuidan el medio ambiente, pero igualmente matan y depredan en nombre de un deporte que no es tal. Un deporte es otra cosa, esto es simplemente matar animales por el solo gusto de darle al gatillo y probar sus habilidades en el manejo de un arma. También es bueno aclarar que muchos practican este "deporte" durante todo el año.

Estos individuos salen como "idos" a matar, sedientos de sangre, también son inevitables las personas heridas alcanzadas por alguna bala perdida, y también caballos, vacas y ovejas que pastaban tranquilamente por el lugar sin saber que estaba en el medio de una guerra.

Al final de cada "Semana de la caza" quedan desparramadas por los campos las víctimas de tanta insanía, miles y miles de animales muertos, o heridos y escondidos en algún recoveco o madriguera esperando la muerte, por el solo delito de haber estado allí, o haberse cruzado inconscientemente en el extremo de la línea recta que conforman el ojo de un cazador y el punto de mira de una escopeta o carabina.

Así de simple, así de sencillo, así de cruel y brutal.

Estos enfermos cambian el ruido de la ciudad por el insoportable estampido de las armas de fuego, y el ajetreo citadino por las corridas tras los perros para alcanzar a la siguiente víctima de su paranoia asesina escondida tras sus inquietudes y veleidades de "cazadores". También cambian el olor a gas-oil y nafta por el hedor a pólvora, pero se olvidan de apreciar y disfrutar la naturaleza en todo su esplendor, el canto de los pájaros y la paz que nos brinda el ruido del campo lejos del bullicio de las ciudades, pero que son incapaces de escuchar.

Al final regresan más cansados que cuando salieron a descansar, pero contentos y a contar sus hazañas, -matamos 400 perdices, cazamos 30 mulitas, varios carpinchos, algunas pavas de monte, un par de ciervos, 40 teros, 50 horneros, un montón de palomas de monte y valla a saber cuantos "bichos" más.

Según ellos, por deporte, ¡que ofensa para esta sagrada palabra!

De las 400 perdices habrán comido 30 las demás quedan como abono para estos sufridos campos nuestros que no tienen la culpa de tanta "ansiedad y estrés" de nuestros "valerosos e intrépidos cazadores".

Les puedo asegurar que la mejor caza se consigue con una cámara fotográfica o una filmadora ¡esta sí que es difícil! y requiere habilidad, una habilidad que nos recompensará cada vez que tengamos oportunidad de mostrarle a algún amigo, nuestras "piezas" vivas en su hábitat natural.

Pero también tenemos la Semana Criolla, o de las "domas" un espectáculo circense que nada tiene que ver con el trabajo de campo ni sus jinetes de "Gauchos", solo se disfrazan para dar espectáculo. También aquí campea la muerte, al final de cada semana se cuentan por cientos los animales muertos tras largas y agotadoras jornadas, animales quebrados o simplemente muertos por el cansancio de tanto corcovo para que se luzcan estos artistas de circo, mal llamados "domadores", que hacen su aparición en el campo con ridículos atuendos de "gauchos" y facón al cinto.

Así se pasean luego por la calle y los alrededores, provocan más a la risa que a la admiración.

Muchos de estos "gauchos", después de terminada la función se retiran en su "caballo", de cuatro patas también, pero de goma.

En varias oportunidades he pasado por la parte de atrás de La Criolla del Prado, realmente da pena ver las tropillas, animales agotados, con las cabezas colgando casi contra el piso porque ya ni sostenerla pueden, las orejas caídas, terminados.

Muchos de ellos entran al ruedo "a la fuerza", a dar sus últimas exhibiciones antes que se les reviente el corazón y terminen sus días en algún frigorífico como carne pa'chorizos.

Estos pobres animales luchan hasta la muerte solo por orgullo, por el orgullo indomable de su raza criolla. Nuestros caballos de hoy merecen otro trato, aunque más no sea que por el honor de sus ancestros, y nuestros gauchos de ayer, que regaron con su sangre los campos de la patria, más respeto.

REQUIESCAT IN PACE... semana de turismo.

Sírvame otra copita que aun no estoy bien en pedo
Y dispués que me duerma no me llame, aparcero.
Hasta que no clausuren lo e la feria
Y se vaya a la pu...cha el tal torneo.

Trozo del poema "Progreso" de José Alonso y Trelles, (1857-1924) un gallego acriollado en nuestro país y que escribiera bajo el seudónimo de "El viejo Pancho". Su libro "Paja Brava", un conjunto de poesías camperas, fue editado por primera vez en Montevideo en el año 1915.

En 1978, "Paja brava" de José Alonso y Trelles, fue reeditado en la Argentina. En la introducción de este libro, y que es de donde sacamos estos datos, Francisco R. Bello, autor de la misma, entre otras cosas, dice:

"Han pasado cincuenta años desde entonces. Y el escenario argentino, en una revitalización del criollismo, no siempre de buen gusto, se ha visto en muchas ocasiones mistificado por gauchos de carnaval"