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Profetas del oscurantismo
por Dr. Marcelo Gioscia Civitate
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El reciente discurso de Sr. Presidente de la República en Paso de los Toros tuvo un clarísimo carácter político partidario en el que, lejos de estar dirigido a toda la nación, lo fue especialmente para sus simpatizantes y para la fuerza política que integra y que lo llevó al poder.
Lejos, pero muy lejos quedaron sus gestos conciliadores cuando en plena campaña electoral requería el apoyo de votantes extraños a su partido. Muy lejos quedó también el respeto a la Constitución de la República y ello no es buena señal para el sistema democrático y republicano tan caro al Uruguay y a su gente.
Como en tiempos electorales, el acarreo de correligionarios desde distintos puntos del país, colmó las expectativas de público. Un público embanderado con los colores del Frente Amplio y con los colores de los distintos sectores que lo integran, con escasas banderas nacionales. Un público que interactuó al grito y respondió al Primer Mandatario en coro, que festejó sus ocurrencias y sus críticas a claros adversarios políticos. Una concurrencia que abucheó al Ministro de Economía Danilo Astori y celebró al actual Senador José Mujica, en la clara dicotomía que muestra el conglomerado que votó a quienes son gobierno. Como si de pronto hubieran olvidado que “participaban” de un acto que se trataba de un “consejo de ministros” y no de un concurso de simpatías.
Otra vez el Sr. Presidente de la República, -seguramente porque conocía la reacción que provocaría en la oposición su desatino- descalificó a la prensa opositora. Nuevamente, distinguió entre buenos y malos, sin advertir que dicha postura no apunta a la consolidación de un estadista, sino lo que es peor, emite un mensaje equivocado y soberbio a una población que tiene el derecho de estar informada y que puede legítimamente disentir, formar su opinión y plantear también legítima y razonablemente sus discrepancias.
¿Deben cargar los periodistas y los medios de prensa a los que pertenecen la denominación de “profetas del oscurantismo” por cumplir con su deber de informar, por su derecho a opinar e incluso por su derecho a discrepar?
Pues la investidura de quien formuló tal apelativo debiera ser motivo de una actitud de mayor contención, de mayor mesura. Claro que, embarcarse en un proceso electoral cuando quedan por delante dos años de gobierno, puede hacer perder el Norte a más de uno.
Por ello, promover actividades a costa del erario nacional, revestidas en apariencia de “interés público”, pero que resultan a la postre montadas sólo para un sector político, deben ser no sólo controladas y denunciadas por la oposición sino también por toda la ciudadanía.
Y la sugerida, no es tarea pequeña ni menor, pues será en definitiva ésta misma ciudadanía, la que –informada y advertida- decidirá soberanamente, a través de las urnas, si renueva o no su confianza en el partido político que hace tres años llegó al gobierno.
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