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Las víctimas de los paros en la enseñanza
por Jaime Mario Trobo
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Con meridiana claridad se identifican las víctimas de las medidas de fuerza que practican los docentes, son los niños y los jóvenes. Parecería que de ellos depende más o menos salario para los funcionarios encargados de impartir la enseñanza, y como consecuencia a ellos, niños y jóvenes, hay que hacerles sufrir el gravamen de menos horas de clase, menos atención del docente, a lo que se agrega en los hogares más humildes la difícil solución al problema de la alimentación o el destino del hijo en los horarios que debería estudiar en su local de enseñanza.
En la estrategia sindical, los mecanismos de presión tienen variadas fórmulas y naturalmente se vinculan con procedimientos de presión al empleador para que este acceda a negociar, o en el marco de la misma a transar una solución. Es una relación normal, que practicada en una sociedad civilizada y por actores con franca concepción democrática, permite resolver las controversias y acordar. Pero cuando uno de los interlocutores, en este caso los docentes identifica erróneamente el sujeto de la protesta, el riesgo del desborde y la intolerancia les hace deslizar en la irresponsabilidad. Es responsabilidad del Estado y en particular del Gobierno fijar y financiar los salarios de los docentes de la educación pública, pero tanta como esta o más, es la responsabilidad de los docentes que tienen el poder de la vinculación con el alumno, la obligación de enseñarle, atenderlo, hacerse cargo de una cuota importante de su futuro que es la educación.
El conflicto de la enseñanza, sus promotores, sus activistas, no dejarán de tener razón si reforman su decadente práctica de calendarizar los paros, que aunque anunciados, victimizan a los niños y los jóvenes, y especialmente a los más pobres.
Es increíble que los que tienen como profesión y vocación “enseñar”, hayan perdido a tal grado la sensibilidad.
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