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En crisis, se necesita más responsabilidad política que nunca
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El año pasado sucedió algo inédito en el mundo para las ultimas 2 décadas. La economía global no solo creció menos que en periodos anteriores, porque ello ya había ocurrido en los años 1991, 1998 y 2001 y siempre se recupero, sino que su crecimiento resulto negativo por primera vez. Los alrededor de 200 países que conforman el actual mundo, pasaron de crecer a una sostenida tasa promedio superior al 4% anual durante el periodo de los años 2003-2008, a que su evolución se caiga abruptamente al -0,6% anual.
No solo ceso lo que genéricamente se dio en llamar como “el viento de cola internacional”, sino que este comenzó a “soplar de frente”. Surge ahora la semántica discursiva de las causas de la actual crisis global y, si en algo hay un consenso general, es que las mismas no tienen su origen en las políticas públicas llamadas peyorativamente de “ajustes” sino, todo lo contrario, son el resultado de los relajamientos públicos, siempre “políticamente correctos”.
Se derrumbaría así la histórica predica socialista que el sistema financiero mundial solo le presta dinero a quienes no lo precisan. Con el mensaje progresista, también políticamente correcto, que nunca se debe “enfriar la economía”, los gobiernos autodenominados económicamente “heterodoxos”, tentados por el siempre atractivo facilismo “nacional y popular”, permitieron irresponsables financiamientos bancarios sin las garantías adecuadas a quienes no lo ameritaban social ni económicamente.
Así, la “creativa contabilidad” pública y privada genero los llamados “apalancamientos” y se crearon activos financieros de todo tipo y calidad que se estiman alcanzan actualmente hasta 50 veces los valores económicos agregados de largo plazo de los activos productivos no financieros (tierras, tecnologías, recursos humanos, etc.), pertenecientes a la “economía real” de los “miopes ortodoxos”, a la que traumáticamente ahora retornamos, cuando las “mágicas burbujas” comienzan a explotar.
Una vez más, la sabia historia nos enseña. Luego de 3 décadas de continua prosperidad mundial en el periodo de los años 1880 a 1910, conocida como la “Belle Epoque”, surgieron otras 3 décadas, entre los años 1910 y 1940, de nacionalismos populares exacerbados y extremos (Hitler en Alemania, Mussolini en Italia y Stalin en Rusia, entre muchos otros) que llevaron al mundo a penosas guerras y genocidios.
Sin renunciar a las licitas preferencias ideológicas democráticas, aquellas tristes experiencias deberían desestimar a la dirigencia política al tentador uso de la dialéctica demagógica y populista porque, si bien en situaciones de crisis puede llevar a coyunturales éxitos electorales, su intrínseca condición de falsedad cortoplacista, conduce a los países que las adoptan a muy dolorosos desenlaces.
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Fuente: Cato Institute
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