Venezuela: Cinismo presidencial
por Fernando Ochoa Antich
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Definitivamente, Hugo Chávez está convencido de que los venezolanos somos incapaces de valorar lo que dicen nuestros dirigentes. En estos últimos días, he quedado estupefacto del cinismo presidencial. Se ha atrevido a emitir ciertos comentarios sobre algunos aspectos de la vida nacional e internacional de una manera tan ligera que es necesario denunciarlos para ratificar en la opinión pública el criterio, formado en el tiempo, de la habilidad que tiene para engañar a los ciudadanos. Analizaré en particular sus declaraciones sobre la sentencia del general Raúl Baduel para que mis lectores puedan convencerse de esta gran verdad.
Sin ni siquiera sonrojarse dijo: "Lamento esta noche, en lo personal, la condena recibida ayer por el general Raúl Baduel a casi ocho años de prisión. Son muchos años de relación, conozco a su familia. Yo no tengo nada que ver con esa sentencia. Me enteré por la prensa. Lamentablemente, existían pruebas más que suficientes de corrupción. Eso demuestra que en Venezuela no hay intocables. Yo conozco con detalle el caso. El se pasó a la política después de que fueron descubiertos sus manejos irregulares en las finanzas de la Fuerza Armada. Se lo aconsejaron para poder decir después que era un perseguido político". Mentiras, mentiras y más mentiras.
La relación entre Hugo Chávez y Raúl Baduel es de vieja data. Se origina desde la década de los setenta. Coincidieron en la Academia Militar de Venezuela. Hugo Chávez se graduó en 1975, Raúl Baduel en 1976. Después, recién graduados, fueron designados a prestar servicio en el Regimiento de Paracaidistas acantonado en Maracay. Allí coincidieron los tenientes Joel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta Hernández. Los cuatro se juramentaron en el samán de Güere, con el fin de violentar el orden constitucional, sin importarle su juramento de soldado. Su amistad se hizo muy estrecha. Terminaron siendo compadres.
Los problemas entre Hugo Chávez y Raúl Baduel comenzaron desde siempre. En el momento decisivo del 4 de febrero de 1992, el general Baduel tomó la decisión de no acompañarlos en el alzamiento. Consideró que iba a fracasar. Existían grandes debilidades en su planificación. Esta posición jamás le fue perdonada por Hugo Chávez. Al alcanzar el poder, consideró prudente tenerlo a su lado. Conocía su ascendiente militar. Lo nombró secretario privado. Allí las relaciones fueron tensas. Al poco tiempo lo designó comandante de la brigada de Paracaidistas. Este nombramiento fue providencial.
El 11 de abril, Raúl Baduel fue más que leal. Tuvo oportunidad de transformarse en centro del país. Prefirió ser consecuente con la vieja amistad. Su posición fue decisiva para salvar el régimen. En ese momento, los elogios lo presentaron como el héroe de la jornada. Existía una marcada diferencia entre la actitud indecisa de Hugo Chávez que lo condujo a rendirse sin combatir y la valiente actuación de Baduel. Desde allí comenzó su desgracia. Chávez se vio obligado a designarlo comandante del Ejército y ministro de la Defensa. Era demasiado su prestigio entre el propio chavismo. Apenas, se cumplió su tiempo de servicio lo dio de baja.
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No pensó que Raúl Baduel iba a aprovechar el acto de entrega del ministerio para realizar planteamientos políticos. Su discurso tuvo un gran efecto. Fue factor importante en la derrota del régimen en el referendo para aprobar la reforma constitucional. Había que destruirlo. Podía transformarse en un rival dentro del propio chavismo. El mejor camino era acusarlo de corrupción. Así se hizo. Su detención por la DIM fue un vejamen a la Fuerza Armada. Ahora la sentencia, al inhabilitarlo políticamente, termina de ponerlo a un lado. Hugo Chávez, se encuentra más que contento. Alcanzó el objetivo que se había propuesto. Verdades dolorosas pero ciertas.
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Fuente: El Universal
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