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Año IV - Nº 252
Uruguay,   21 de setiembre del 2007
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 ''La mezcla de nacionalismo y medio ambiente es un cóctel infernal''
Entrevista a Carlos Reboratti (Perfil)
 
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El discurso "catastrofista" que se sintetiza en la consigna de los vecinos de Gualeguaychú: "Patria sí, papeleras no", o las denuncias que identifican a la pastera de Fray Bentos con la muerte contrastan con una realidad: Botnia no se va a trasladar y el Gobierno nacional lo sabe.
"Creo que hay indicios de una búsqueda de acuerdos", dice el investigador Carlos Reboratti, muy reconocido por sus actividades académicas en el NOA. En esta entrevista, aconseja convertir al ambiente en política ambiental y señala contradicciones. "Los uruguayos tienen razón cuando se enojan, porque la Secretaría de Medio Ambiente acaba de autorizar a una pastera argentina utilizar el mismo blanqueador que se le cuestiona a Botnia".

- ¿Qué cree que va a suceder con el conflicto por las papeleras?
- Creo que hay algunas señas positivas. Trascendió que existen contactos informales a alto nivel para concretar una reunión entre Kirchner y Tabaré. Estimo que se está llegando a un extremo que, diría, es casi ridículo: Argentina no puede insistir en esto de concurrir a la mesa de negociación exigiendo el traslado de Botnia. Creo que los únicos que no creen que este planteo sea ridículo son los vecinos de Gualeguaychú. Ellos tuvieron esa posición y la mantuvieron todo el tiempo; les fue bien al principio, hasta que quedó en evidencia que el emplazamiento de Botnia es irreversible.

- Piensa que Kirchner va a tomar alguna iniciativa...
- Yo veo indicios de cambio y dudo que el presidente quiera dejarle a su esposa esta papa caliente. Creo que él va a iniciar el proceso de negociación concreta con el Uruguay.

- Usted ha señalado en varias ocasiones que el gobierno argentino tuvo un comportamiento errático. ¿Cree que el uruguayo también actuó de ese modo?
- El pecado original fue del gobierno uruguayo, cuando aceptó que dos papeleras se concentraran en un lugar. Considero que hay otro error básico de los uruguayos: De haber autorizado la instalación de las papeleras 15 kilómetros río abajo, la mayor parte de los problemas hubieran desaparecido. Lamentablemente, cuando ENCE resolvió trasladar el emplazamiento ofreció una ocasión única parea resolver el diferendo, pero el Gobierno nacional la desaprovechó. Todavía no era tan grave el deterioro de las relaciones entre ambos países y existía la posibilidad de lograr un acuerdo que no pareciera una derrota. Cuando el Gobierno nacional acordó con el de Uruguay constituir una comisión binacional, nadie pensaba que iba a haber un movimiento social como el de Gualeguaychú. Y ese movimiento se produjo y se mantuvo apoyado en un supuesto erróneo, catastrofista, que demoniza a las papeleras. "No a las papeleras, sí a la vida", su consigna, es una exageración.

- Con el accidente industrial de hace unos días, en Gualeguychú hubo gente que denunció que se había descompuesto y estaban a 27 kilómetros...
- Fue algo muy confuso pero se trató de un accidente industrial menor. De cualquier manera, no hay que minimizar la responsabilidad de Botnia que, por ignorancia o por falta de cultura en la inversión en el extranjero, se hace la sorda. Probablemente esperan que el gobierno uruguayo resuelva todos los problemas. Considero que no hay ningún actor absolutamente inocente, pero quien actuó evidentemente mal fue el Gobierno argentino, por esa conducta errática: primero dijo que sí, después que más o menos y terminó diciendo que no.

- Es alarmante que la relación con el Uruguay hoy, esté manejada por una asamblea vecinal...
- Al menos, condicionada fuertemente. A esto debo agregarle que nuestro gobierno parece desorientado. El problema de las papeleras es un problema menor que cualquier país del mundo lo arregla con un mes de negociación. Se trata de una cuestión fácilmente controlable del punto de vista técnico, como lo hacen todos los países del mundo. ¡No sé porqué no lo pueden hacer la Argentina y el Uruguay!

- Creo que hay también, una enseñanza sobre que, en el tema ambiental hay que trabajar antes, no después de los acontecimientos...
- La política ambiental debe ser, necesariamente, preventiva. No es cuestión de tratar de solucionar el problema después que aparece. Hay que fijar reglas de juego claras, para que las empresas sepan a qué atenerse.

- El medio ambiente es motivo de campañas políticas, pero falta una política de Estado inteligente...
- Nuestra secretaría de Ambiente tuvo una historia errática. Maria Julia Alsogaray que terminó de matarla porque le dio un color de frivolidad absoluto. Ahora nombraron a Romina Picolotti, que es una activista ambientalista, pero sin brindarle demasiadas herramientas. Un saldo positivo de este entuerto con Uruguay sería una conciencia ambiental. Aunque no estoy seguro de eso tampoco.

- ¿Cómo hacer una política de medio ambiente sin los actores protagónicos del lugar?
- Es fundamental, pero un movimiento ambiental, para ser creíble, tiene que estar basado en cosas serias. No puede ser creíble si dice "todo esta mal, hay que sacar las industrias, hay que eliminar la actividad productiva y vamos a dedicarnos al turismo". Además hay en este caso algo particularmente negativo: en el afán de adquirir notoriedad, la gente de Gualeguaychú, empieza a mezclar nacionalismo con medio ambiente, que es un cóctel infernal. El otro día, cuando cruzaron el puente, el único cartel que había era el que decía "Botnia no, patria sí".

- Los uruguayos se enojan...
- Y tienen razón, porque Uruguay sancionó hace mucho tiempo una ley de impacto ambiental muy desarrollado y la Argentina tiene 10 o 12 papeleras contaminando. Y peor, la Secretaria de Medio Ambiente acaba de firmar un acuerdo aceptando que una papelera argentina utilice el mismo sistema de blanqueo que tiene Botnia.

-Hay mucha desinformación...
- Hay contradicciones. La gente no sabe a quién creerle y entonces se inclina por la catástrofe.

- ¿Cuál sería la agenda si los gobiernos decidieran hacer del medio ambiente un tema prioritario?
- Reforzar mucho la educación ambiental, invertir en capacidad técnica y desarrollar un sistema basado en leyes ambientales modernas. Y mantener la conciencia ambiental. Es imposible vivir sin afectar, en alguna medida, el ambiente, pero es imprescindible resolver los problemas de contaminación hídrica, sobre todo, urbana, la deforestación, el mal manejo de la tierra y el deterioro de la biodiversidad. Es inimaginable frenar el avance agropecuario o el desarrollo o minero, pero hace falta sabiduría: hay que evitar el error del fundamentalismo y, al mismo tiempo, aplicar políticas de Estado, con inversiones adecuadas en materia de prevención y capacitación técnica para preservar el medio.


Fuente: El Tribuno de Salta/Argentina

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