EL DR. VICTOR GRUNBERG
Por Helena Arce
Estimados lectores de Informe Uruguay, desde hace un tiempo la situación del país, el trabajo y un sin número de etcéteras, me han mantenido lejos del teclado para comunicarme con ustedes. Sin embargo una invitación a un brindis a la prensa me permitió, entre otras satisfacciones, un reencuentro con una persona que ha sido muy importante en mi vida familiar, y me consta, en la de muchas otras personas, por ser nada menos que el encargado de mantener sanos a nuestros hijos. Estos uruguayos, son quienes nos permiten descubrir lo que podemos lograr en este país desde nuestros lugares, para hacer en él la diferencia, la diferencia que nos permita salir adelante
En estas épocas de poca profesionalidad general, de desinterés en la vida de los otros, del no inmiscuirse, el reencontrar al Dr. Grunberg, médico pediatra, me recordó la diferencia que puede hacer en la vida de un ser humano, de una familia, la existencia de personas como él.
Para quienes lo conocen no voy a contarles ningún secreto, pero creo que nos hace bien a todos, en nuestro continuo aprendizaje como seres humanos, el tomar conocimiento de la existencia, y aquí en nuestro pequeño gran país, de quienes honran la profesión que eligen, y lo hacen tanto desde el punto de vista técnico, como desde su maravillosa calidad personal.
Sentados con mi esposo en el recinto donde se realizaba el evento, lo reconocimos y estábamos esperando un paréntesis en la conferencia que se estaba brindando para ir a saludarlo, no nos dio tiempo, él que tantos niños atendió en su vida, en el primer corte se acercó a nosotros, recordó a los padres de uno de sus pequeños pacientes, de hace tantos años y se acercó a saludarnos. Claro ya su pequeño paciente no es tal, ha alcanzado la mayoría de edad. .
Tal vez a alguien le resulte raro, increíble que un médico de su trayectoria y al borde de su retiro profesional, pueda reconocer a los padres de uno de sus pacientes, sobre todo cuando ha transcurrido tanto tiempo, pero eso suele suceder, cuando ese médico es un ser de la calidad profesional y humana del Dr. Grunberg
Cuando nació mi hijo no tuve que pensar cual era el médico a elegir para que fuera su pediatra, la decisión estaba hecha desde antes de plantearme la posibilidad de tener un hijo, la había tomado desde hace hoy tal vez, casi 35 años, y como saben mi hijo tiene solo 18 años. .
Lo conocí cuando siendo un joven médico que atendía en la guardia de una mutualista, recibió allí al pequeño hijo, casi un bebé, de unos queridísimos amigos, cuyos síntomas según el médico que lo atendía en forma habitual, correspondían simplemente a una alergia. Sus padres lo llevaron a la emergencia, pues los síntomas empeoraban y no respondían al tratamiento que le estaban aplicando. Con su increíble ojo clínico, el entonces jovencísimo Dr. Grunberg, diagnóstico que el pequeño tenía púrpura, les explicó a sus padres la gravedad del tema e inmediatamente hizo las consultas necesarias para que tuviera la mejor atención, no se quedó con su diagnóstico, ni se amilanó ante la existencia del diagnóstico anterior, además se involucró personalmente en las posibilidades de cura de ese niño. Por su brillantez y su inteligencia, por su increíble don de gentes, aquel pequeño niño es hoy un hombre adulto que sobrevivió a esa, tan cruel enfermedad y sin secuelas.
Obviamente, a partir de ese momento, al conocer la existencia del Dr. Grunberg, y lo ocurrido, lo convertimos en el médico de los niños de nuestra familia. Hoy apronta su merecido descanso, pero como siempre, está pronto a atender las consultas, los llamados telefónicos para conocer su opinión, de sus antiguos pacientes preocupados por sus hijos.
Nunca tuvo inconvenientes en visitar a sus pequeños pacientes en sus casas, uno lo llamaba y el siempre podía hacerse un huequito, quitando horas a su descanso para asegurarse que nada malo ocurría, actuar si la ocasión lo ameritaba o tranquilizar a los padres, si eso era lo único que hacía falta,
Aun lo recuerdo entrando a casa y mirando de reojo todo lo que allí había y reconviniéndome por aquel detalle o el otro que no era bueno para la habitación del bebé. Tomaba contacto personal no sólo con sus pacientes, sino que se preocupaba de conocer su hábitat y a sus padres, a los efectos de saberlos llevar ante las situaciones que pudieran ser riesgosas para los chiquitos.
Cuando a mi niño sufrió una laringitis que no le permitía respirar, dejó pronta la orden de internación para que lo lleváramos al sanatorio, donde estuvo en carpita de oxígeno unos días. Ya no era su responsabilidad, era atendido por los médicos del sanatorio donde estaba internado, sin embargo no dejó un solo día de llamar personalmente a nuestra casa, a interesarse por su evolución, cuando regresamos a casa no hubo necesidad de llamarlo, fue la primera visita que tuvo, Grunberg no se desentendía de sus pacientes.
Antes que mi hijo cumpliera el año, el trabajo nos llevó a vivir a Durazno, y allí comenzaron las llamadas telefónicas, existen es verdad en Durazno excelentes pediatras, y ellos atendían a mi niño, pero para nosotros la última palabra siempre la tenía él. Lo llamaba por teléfono, y si era necesario lo traía a Montevideo, donde este excelente profesional lo atendía donde estuviera y a la hora que fuera, el tenía siempre presente en su memoria los antecedentes de sus niños. Bueno es recalcar que cuando uno insistía en pagarle la consulta particular, el decía: "Pero por favor, si ustedes son socios de la mutualista, saquen la orden nada más".
Fue el pediatra de mis sobrinos, y cuando ellos a su vez tuvieron hijos, tampoco dudaron, aquel que había sido su pediatra, fue elegido para sus hijos.
Hoy el Dr. Grunberg se ha retirado de gran parte de su vida profesional, por lo que ya no está en las mutualistas donde los nuevos miembros de las familia son socios, sin embargo, no ha logrado perder contacto con ellos, constantemente es requerido telefónicamente para dar la última palabra, la cual por cierto con su modestia habitual, no es asumida así por él, siempre plantea con humildad su visión, sin embargo quienes lo consultan, buscan en la suya, la definitiva.
Agradezco la oportunidad que me brindó la vida, al permitirme de forma casual reencontrarlo, verlo, charlar con él y reírnos juntos recordando viejas anécdotas de momentos difíciles, que por su diligencia, su responsabilidad, capacidad técnica y calidez, pudieron convertirse en recuerdos para ser trasmitidos.
Mucho tenemos los uruguayos en general, para aprender de personas como él, yo la primera obviamente. Pero por sobre todo, vaya su ejemplo a las nuevas generaciones de médicos que en la tremenda vorágine en la que todos nos vemos sometidos en la lucha por la subsistencia diaria, a veces pierden la perspectiva de la importancia de la profesión que han elegido.
Y a usted Dr. Grunberg, por ese hoy hombre, hijo de aquellos tan queridos amigos, vayan las infinitas gracias por salvar su vida.