Año III - Nº 153 - Uruguay, 21 de octubre del 2005

 
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INCONGRUENCIAS ENERGÉTICAS?
O ES OTRA COSA?

* Alvaro Kröger


Todos sabemos que el país productivo se mueve con motores diesel y no con motores nafteros.

El transporte de pasajeros urbano e interurbano, el transporte de carga por camión o por ferrocarril , la maquinaria agrícola en su totalidad , vehículos de distribución de mercaderías, vehículos pequeños de uso personal, pero mayormente afectados a tareas de sus propietarios.

Este hecho nos dice que frente a la inevitable crisis que se avecina, el Uruguay YA debería tener plantas de biodiesel funcionando.

Este tipo de combustible no es una novedad para el resto del mundo; de hecho la Unión Europea se ha fijado como objetivo que se vaya sustituyendo gradualmente el diesel fósil por biodiesel.

Y es más, aquel país que no llegue a cumplir con las normativas de la Unión, deberá pagar multas de 25 mil millones de euros.

Aquí, en Uruguay, somos varios los que estamos interesados en la fabricación del biodiesel. Es un producto no muy sencillo de hacer, pero tampoco es necesario enormes instalaciones para ello; sí se necesita buena formación técnica y experiencia en su fabricación.

Por costos que hemos hecho varios operadores privados sobre el precio final del producto, éste estaría en torno al 50% o 55% del costo actual del diesel fósil; con la ventaja de que todas las materias primas son nacionales, son renovables, son muy poco contaminantes y se comporta de la misma forma que el diesel convencional.
Aparte del impacto directo sobre la economía de las empresas usuarias, hay toda una serie de impactos o efectos colaterales de suma importancia, a saber:
a) el aumento de las áreas sembradas de oleaginosas
b) la seguridad que al productor de oleaginosas se le da que sus cosechas tienen comprador
c) freno a la emigración del campo a la ciudad, ya que al crearse puestos de trabajo estables no es necesario en el interior la emigración hacia los centros poblados
d) independencia gradual de la tiranía del petróleo
e) el dinero de la operación queda en el país, generando así un aumento en el consumo interno
f) la seguridad de que el combustible será de la máxima calidad ya que es producido por operadores privados, a los cuales no les interesa perder clientes
g) utilización tanto de mano de obra como de técnicos nacionales

Entonces el lector se preguntará: ¿dónde está el problema?. Si tenemos los inversores, si tenemos el team compuesto por técnicos y operarios nacionales, si tenemos la materia prima, ¿por qué no lo hacemos?

Existe un problema entre burocrático y político. En una reciente entrevista mantenida con jerarcas de la Comisión de Biocombustibles de Ancap nos anunciaron que este ente está más inclinado a la fabricación de etanol para la mezcla con naftas que con dar el asentimiento para que operadores privados fabriquen biodiesel.

Según una ley promulgada en el gobierno del Dr. Batlle, se daba luz verde a los fabricantes de biocombustibles, independientemente del monopolio de Ancap, ya que este tipo de combustibles no son derivados del petróleo y la Carta Orgánica de aquel ente le da el monopolio a la destilación de petróleo, la fabricación de alcoholes y del portland.

Desgraciadamente la reglamentación de esta ley no se ha hecho, por lo que los operadores privados no tenemos un marco jurídico al cual atenernos. Este marco jurídico va desde la posibilidad de expropiación a la implantación de un conjunto de normas técnicas de control de calidad.

La fabricación de etanol por parte de Ancap es un acto político, teñido de subjetividad ya que se hará una plantación de 400 hectáreas de caña de azúcar, para poner en marcha Azucarlito y allí fabricar el alcohol. El área sembrada es tan pequeña que el volumen de alcohol producido solamente demostrará que se puede hacer, pero no influirá en las economías de Ancap.

La fabricación de ambos combustibles no es excluyente: que Ancap se ocupe de su monopolio y que los operadores privados de la fabricación de biodiesel. El problema al que se enfrenta la actual administración es que hay sectores radicales del partido que se niegan rotundamente a dejar a operadores privados hacer lo suyo y a su vez impulsan la formación de un polo de desarrollo en Artigas muy tímidamente.

Para tranquilidad de estos señores que nos están trancando las iniciativas y que a medida que pase el tiempo iremos perdiendo inversores si no hay una respuesta clara, les podemos informar que los privados no somos los "lúmpenes" que ellos piensan: somos tan uruguayos como ellos, tenemos los mismos intereses, pero la diferencia radica en que los operadores privados van por una ganancia (hecho que es lícito y que no está penado por alguna ley). Es el incentivo que tienen los privados para invertir, trabajar y satisfacer una necesidad nacional, los que los lleva a impulsar este tipo (y otro) de negocios.

Pero básicamente el tema está ahora en que el Parlamento reglamente la ley de 2003, pero que a su vez también tiene sus bemoles. Dicha ley exonera de impuestos a los fabricantes de biocombustibles hasta diciembre del 2005. Esta reglamentación de la ley, con mucha suerte será tratada a principios del año próximo y seguramente se llevará el año entero.

La única planta de biodiesel que funcionaba en el país era la de la Intendencia de Paysandú, a la cual obligaron a cerrar porquen según técnicos de Ancap el producto rompía los motores. El problema allí no fue el biodiesel en sí, sino que el asesor y a su vez vendedor de la planta de biodiesel sostiene que el mismo no se debe lavar. Todos los demás operadores lo lavamos para eliminar cualquier tipo de producto indeseable en el mismo. Este hombre, el Sr. Carlstein, argentino, recomendó no lavar el combustible y los técnicos de Paysandú le hicieron caso, a pesar que todos los demás que estamos en el tema los instamos a que sí lo hicieran.

El impacto social que producirá la fabricación de alcohol etílico o etanol en Artigas no tiene el menor punto de comparación con el impacto social que acarrearía la fabricación del biodiesel.

El tema es un tema de volúmenes; es también un tema en los que los operadores privados arriesgamos mucho y Ancap no arriesga nada, porque si la experiencia de Azucarlito es un fracaso, lo pagará la población entera; mientras que si fracasamos nosotros, somos solamente nosotros los que vamos a pagar los errores.

Desde mi particular punto de vista, veo que esta experiencia de la fabricación de etanol en Artigas es un homenaje a Raúl Sendic Senior, ya que de allí salió la famosa marcha de los cañeros hacia Montevideo, y fue cuna del movimiento tupamaro.

Soy conciente de que el Sr. Raúl Sendic Junior tiene todos los derechos del mundo a honrar la memoria de su padre, pero no a costa de los dineros de la sociedad, ni tampoco permitiendo que una situación subjetiva determine una política energética muy cerca del colapso.

Si no nos empezamos a mover hoy, para mediados del año próximo, las curvas del aumento de consumo de gas-oil y el suministro del mismo se cortarán: en ese punto, aunque tuviésemos el dinero para adquirir petróleo ( aunque fuese a U$S 150 el barril) y aunque la sociedad estuviese dispuesta a pagar esos exorbitantes precios, el crudo hecho es que no habrá petróleo para nosotros.

Me dirán, Chávez nos lo vende; Chávez nos ha dado una zona de la cuenca del Orinoco, para que Ancap haga las prospecciones y saque petróleo. Si viene petróleo venezolano, los únicos realmente beneficiados serán los que manejan asfalto y posiblemente UTE, si logra encender ese barro. Los demás comenzaremos a sufrir el desabastecimiento. En ese punto las autoridades saldrán como los bomberos a apagar incendios y autorizarán a cualquiera a la fabricación de biocombustibles. Este hecho es ya de por sí muy peligroso, no por los riesgos personales que se corren sino por la prostitución del negocio. Los operadores de la fabricación de biodiesel deben probar su idoneidad, su compromiso para con los usuarios de sus productos, y una larga lista de análisis de control de calidad, que muy pocos sabemos cuántos son y lo caros y engorrosos que pueden llegar a ser.

Aquí no se trata de una cuestión política puramente, se trata de que un país, en el término de un año se puede ver paralizado por falta de combustibles, y a partir de allí se tomará al menos 6 u 8 meses en tener a punto un combustible alternativo.
Este negro panorama, lo podemos obviar si dejamos de lado cuestiones sentimentales, antipatías partidarias y nos concentramos en el bien del país.
Sabido es por muchos mi filiación política, pero el hecho de trabajar con personas del calibre del Diputado Pozzi, que siempre vé una salida por uno u otro lado, me da la confianza necesaria para seguir con este proyecto hasta sus últimas consecuencias.

Otro hecho a destacar es que si no hacemos algo, y urgente con el control de la contaminación, los tiempos no nos van a dar respiro. Los famosos "bonos de carbono", los cuales el Uruguay necesita, no los va a con seguir si no es con un cambio radical en su política energética.

La idea que hemos manejado desde hace unos días es la formación de una Cámara de Prominentes fabricantes de Biodiesel, y también la formación de una comisión multidisciplinaria integrada por miembros del Poder Legislativo, miembros de los fabricantes de biodiesel, Ministerio de Industrias, Ancap y básicamente representantes de los grandes consumidores, quienes serán los que pongan un cable a tierra.