Año III - Nº 127 - Uruguay, 22 de abril del 2005

 

 

 

 

La Memoria Perdida

Hace algunos años que la posibilidad de demoler el centenario edificio que ocupa actualmente la Receptoría de Aduanas, determinó un movimiento popular que en forma elogiable demostró a las autoridades correspondientes el interés de preservar su antigua construcción.

En aquella oportunidad participaron en la movilización los clubes de servicios, grupos ambientales, educadores y prensa en general que emitieron finalmente un memorandun dirigido a la Comisión Nacional del Patrimonio Histórico, detallando la actividad desarrollada y los servicios prestados por este edificio durante el siglo transcurrido desde su construcción. Las gestiones realizadas culminaron exitosamente y el edificio fue declarado Monumento Histórico manteniendo hasta el momento su antigua arquitectura y sirviendo a las distintas oficinas de la Dirección Nacional de Aduanas.

El primer edificio de la Sucursal Chuy del Banco de la República en la Avenida Internacional

Sin embargo en las últimas décadas hemos visto desaparecer muchos edificios que representaban importantes puntos de referencia para las nuevas generaciones. Algunos ejemplos los tenemos en varios edificios públicos o simplemente en algunas viviendas construidas a principios de siglo y que forman parte de la historia fronteriza.

No debemos olvidar que también los marcos que fijan los límites fronterizos con Brasil, están sufriendo el deterioro natural que provocan los años. Es posible que las urgencias de la frontera para acompañar el progreso edilicio, esté dejando de lado la preservación del patrimonio, demoliendo numerosas viviendas construidas a principios de siglo.

Si tuviéramos que mencionar algunas haríamos referencia a la vieja comisaría, la casa de don José Rodríguez Vigliola, el edificio que ocupaba la talabartería de Talayer y Ramírez, la casa de doña Flora Ventura, de don Manuel Iglesias, de la familia Fosatti, de Vogler, el correo, la administración de rentas, la escuela, etc., etc.

No pretendemos de ninguna manera que en nombre de estos valores, las oficinas públicas o la enseñanza continúen funcionando en viejos edificios, sin la comodidad que requieren los nuevos tiempos.

Pretendemos en cambio que se mantengan los principios de protección como testimonio de nuestro pasado y que por otro lado se construyan nuevos edificios, modernos funcionales para las oficinas públicas.

Las viejas edificaciones representan un bien cultural de la población y sabemos que una vez demolidos nunca serán recuperados.

Restaurante Carioca ( 1950 ) en el centro de la Avenida Uruguay

Sería necesario que alguna legislación controlara la voracidad inmobiliaria, haciendo respetar algunos edificios que por sus antecedentes representan un testimonio de nuestra evolución ciudadana.

La demolición descontrolada amenaza con hacernos perder los puntos de referencia que pudiéramos tener y que son fundamentales para la relación emocional que deben cultivar los habitantes con su ciudad.

Las autoridades y la población en general deben tomar conciencia sobre la importancia que tiene la preservación de estos edificios.

Por ese motivo señalamos la elogiable actitud de los vecinos que sin formar una comisión como suele suceder en estos casos, asumieron en aquella oportunidad la defensa del edificio de la Receptoria de Aduanas considerando que se trataba de una herencia histórica de gran valor para las futuras generaciones.

Sería bueno que la preservación reclamada para la Receptoría se extendiera también para otros caserones que sin ser centenarios representan valores antiguaos por su viejo estilo colonial o alguna fachada que todavía lucha por sobrevivir.

Para citar solamente un ejemplo diremos finalmente que en los últimos metros de la calle Francisco de los Santos se puede observar todavía la floresta natural que protege hace 90 años la casa de doña Flora, que tras una época de esplendor ha visto desaparecer su viejo estilo colonial.