Año III - Nº 127 - Uruguay, 22 de abril del 2005

 

 

 

 

PARTIDOS TRADICIONALES: FINAL DE UN CICLO

Desde su fundación los partidos tradicionales han tenido entre sus objetivos primordiales, transformar al país y mantener la vigencia de los ideales que tan caros les resultaran a muchos de sus hombres.

Lo que gestó la perduración casi milagrosa de estos partidos en el Poder fue en primer término la identificación de sus hombres en torno a determinados programas.

Los antecedentes nos demuestran que ser blanco o colorado no significa compartir sin reservas determinadas orientaciones, sino sostener como principio básico, la libre discusión de las ideas.

Estos ideales partidarios se gestaron inicialmente junto a Rivera y Oribe que eran los que mejor representaban el anhelo de libertad y emancipación que reclamaba el país.

Los partidos tradicionales han sido esencialmente partidos de hombres libres y por eso sus trayectorias están jalonadas de una serie muy prolongada de luchas internas, de discrepancias y encendidas polémicas que le dieron durante 170 años una asombrosa capacidad para permanecer en el poder.

Sin embargo fue esa también la causa que ha determinado su derrota final poniendo fin a un ciclo que difícilmente encuentre parangón en los países americanos.

Si tenemos en cuenta la vida independiente del Uruguay, es evidente que toda la evolución política, social y económica desde su emancipación a la fecha, es fruto de la acción gubernamental de los partidos tradicionales blancos y colorados que han forjado la realidad que vivimos hoy como nación al punto de ser considerada como ejemplo entre las repúblicas Latinoamericanas.

Los partidos tradicionales fueron arraigando en el espíritu público de nuestro país, las más avanzadas concepciones de libertad, de justicia y de derecho, sin perder las virtudes de una tolerante convivencia.

Estos partidos lograron además que los conflictos laborables se dilucidaran en términos pacíficos, teniendo en cuenta que estaban en juego los sagrados principios de justicia social.

De esta manera se fue construyendo un país que no admite el menor cercenamiento de sus fueros individuales y que participa con pasión generosa en sus luchas políticas.

En noviembre ha finalizado un ciclo. Le ha correspondido al Frente Amplio asumir el Gobierno. Si grave es la responsabilidad de los dirigentes blancos y colorados por haber adoptado una política equivocada que los condujo a la derrota, mucho mayor es la del Frente Amplio que tiene en sus manos el destino de un país en el que sus adversarios con todos sus errores han cumplido una obra de progreso y notables proyecciones.

Del grado de comprensión política y de flexibilidad que demuestren los nuevos gobernantes depende la suerte del país. De ellos dependerá que el Uruguay pueda seguir la línea ascendente trazada por los partidos tradicionales.

Confiamos en que con patriótica inspiración sepan proceder de acuerdo a los reclamos del país, haciendo honor a la confianza que les dispensó la ciudadanía.

Al abandonar el gobierno los Partidos Tradicionales, la ciudadanía sabe perfectamente que estas colectividades políticas han sido siempre un factor de paz, de tranquilidad, orden y respeto a las instituciones y la Ley.

Si bien en los últimos años el país ha tenido que enfrentar serias dificultades económicas y sociales no debemos olvidar que entre 1999 y el 2003 debió soportar la mayor recepción de su historia, generada fundamentalmente por factores externos como lo fueron la crisis brasileña, la argentina y también los errores del gobierno para enfrentar con éxito estas situaciones. Sin embargo es justo destacar que se salió de la crisis con un crecimiento económico muy importante, como lo han destacado los propios adversarios políticos.

Por su parte las nuevas autoridades han señalado que se le otorgaran otras proyecciones al MERCOSUR para llevarlo a una vocación más política para que pueda incorporar un tratamiento igualitario de la producción en los foros internacionales. Si se logran estos objetivos y se coordinan las políticas energéticas y sociales es evidente que el país mejorará sus indicadores y las desigualdades se irán estrechando.

También es cierto que no podemos seguir viviendo en un continente donde más del 30 % de su población está viviendo bajo la línea de pobreza. Dentro del conjunto de medidas anunciadas por el nuevo gobierno es oportuno destacar el Plan de Emergencia para abatir la indigencia, aunque pensamos que si el país no continúa con su crecimiento el mismo no dará los resultados esperados.

La gran mayoría de los uruguayos apuesta al cumplimiento del Programa político que el Frente Amplio presentó para ganar las elecciones. Queda en evidencia el fracaso de algunas políticas del siglo pasado por cuyo motivo la ciudadanía reclama por las reformas que apunten a las políticas sociales. Es fácil advertir que el gobierno de Tabaré seguirá los pasos de Lagos o Lula y no los de Chávez o Fidel sin dejar de lado la dependencia que nos seguirá atando a los acontecimientos mundiales.