Año III - Nº 127 - Uruguay, 22 de abril del 2005

 

 

 

 

Centro América, buscando espejos donde reflejarse
Hay modelos inevitables que es preciso evitar
por Bernardo Pilatti

Por estos días, el concejal haitiano Philippe Derose, me dijo a modo de mensaje que los pueblos deberían mirar al suyo como un espejo en el cual, evitar reflejarse. Centro América tiene hoy una oportunidad histórica de evitar reflejarse, no solo en la crisis haitiana, si no en otras crisis cercanas. La presencia de seis gobiernos democráticamente electos junto a un estado de derecho que es defendido a ultranza, crean los elementos necesarios para que sean construidos los mecanismos adecuados con que proteger sus endebles democracias.

Y no son endebles por falta de estructura, son endebles porque Centro América tiene una sola forma de ser viable: integrada.

Integrarse exige adoptar modelos similares y para ello es necesario girar la vista y aprender lo bueno o lo malo de nuestros vecinos cercanos o lejanos.

La crisis haitiana, con su larga influencia sobre República Dominicana; el factor Chávez sobre Venezuela y sus vecinos, la casi perpetuidad de la guerrilla colombiana ya decididamente asumida como organización terrorista, el eterno desbalance boliviano o la inagotable herencia de malos gobiernos de Perú. Toda América es una escuela de como 'no debe gobernarse". Hay excepciones, por cierto que las hay, pero habitualmente son sobrevivientes de amargas experiencias. Chile por ejemplo. Después de una dictadura como la de Pinochet, el reciclaje nació en sintonía tal que el experimento los lleva decididamente hacia el primer mundo.

Brasil mejora con una izquierda 'light' y Uruguay navega por las cornisas, aunque siempre dando una imagen positiva y equilibrada.

Argentina es indescifrable, pero las marchas piqueteras, la salida del escenario de la una vez (hace mucho tiempo) poderosa clase media y la presencia de una decena de presidentes en apenas un lustro, dan una idea de que, como ejemplo no sirve.

México es una suma de nacionalismo y pujanza contradictoria, entre un mensaje que se cae hacia la izquierda y una economía que navega rauda por la derecha. Pese a todo es un país del primer mundo atado de por vida al éxito económico estadounidense y que puede despegar mañana o tal vez pasado, dependerá de sus hombres y su liderazgo, pero va en el mismo barco que Chile, por ejemplo.

Centro América es otro país. Con millones de habitantes, con un enorme capital turístico y humano, en el más redituable de los cruces de caminos y a medio paso del norte y un paso del sur.

¿Entonces que esta faltando? Operar, funcionar, como un país o mejor dicho, como una verdadera asociación de estados, desde la selva del Darién hasta el último puesto fronterizo entre Guatemala y México.

El ejemplo europeo de comunidad va mas allá de si mismo. Es un espejo ideal de convivencia en grupo apegados a principios democráticos inalterables. No hablemos pues de comunidades bolivarianas al bochinchero, autoritario y peligroso estilo Chávez o experimentos que nunca terminan de consolidarse como la comunidad andina o el MERCOSUR. Hablemos de un bloque de naciones, asociadas para adecuar consensos en aquellos temas que a todos involucran. Seguridad, comercio, dominios territoriales, explotación de recursos, etc.

Pese a las pandillas, pese a las diferencias que hoy provoquen las migraciones internas, Costa Rica por ejemplo, hay un territorio apto para encerrarlo en una política comunitaria regional y productiva. Hemos traspasado un ciclo de gobiernos corruptos y de gobernantes que hoy viven bajo la vergüenza de sus malos actos.

Ese episodio ha sido una dura, pero eficaz enseñanza y mensaje al mundo. Hoy tal vez, sea el momento propicio para que los nuevos líderes aprovechen esas enseñanzas, creando un legado diferente, un legado que provoque orgullo y los introduzca por la puerta noble a los libros de historia. La unión centroamericana de naciones, por darle un nombre, debería ser el hijo de este presente.