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Año V Nro. 339 - Uruguay, 22 de mayo del 2009   
 
 
 
Carlos Alem

Mirándonos el ombligo
por Carlos Alem

 
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         Cómo y porqué salimos adelante los niños de nuestra generación, sin ordenadores, sin consolas, sin el botellón. Creo que logramos sobrevivir gracias a no tener nada de lo que hoy tienen los niños. A falta de tener, lo inventábamos, lo creábamos, lo transformábamos. Nuestros juegos eran de creación, eran de niños, o sea practicar para ser adultos a su debido tiempo, sin un antes ni un después. Hoy por el contrario es genio quién compite con una máquina, y esta juega con el niño.

         Teníamos algo que es fundamental en la vida, el poder de ser sorprendidos, de ilusionarse, tener la posibilidad de dimensionar lo conseguido por intermedio del esfuerzo.
Eramos niños que jugábamos para aprender, y aprendíamos para vivir, cumplíamos los pasos naturales, no teníamos la posibilidad del "copiar y pegar".

         Fuimos niños "silicótios de tiza", frente al enorme pizarrón negro mate, en algunos casos hasta de pizarra, pero París estaba en Francia, y Europa no era un país. Fuimos niños del vaso de aluminio Mariposa, con la leche sin azúcar, claro que había quienes lo degustaban con Vascolet. Eran los millonarios, los que tenían padres que eran bancarios, o.....que se yo, simplemente tenían padre. No era mi caso, mi vaso de aluminio iba montado a pelo, sin jergón y sin riendas.

         ´Fuimos los de la generación del texto único, donde cabía todo y todo era nada, del maestro dependía, y en la mayoría de los casos cumplía con el deber sagrado de enseñar, con sueldo de soldado. Eran los maestros de "infantería de a pié" .

         Comprendes amigo porque sobrevivimos, porque nos enseñaron a treparnos a la vida, al igual que en el 147, Peñarol-Aduana, maricón el que se quede en la parada a esperar el otro.

         A disfrutar del tibio abrigo, al acceder al interior del autobús después de haberte cagado de frió en el pasamano exterior.

         Fui niño de "camiseta" térmica del Diario, de la Mañana, del suplemento infantil del País, pegado al pecho, para vencer el frío de las mañanas de "Expendio", ¿los recuerdas?, aquellos donde la leche se vendía más barata, pero había que levantarse a las 4 o 5 de la madrugada para tres botellas de leche, "con la tarjeta".

         Al fin al cabo tengo dudas si no soy un naufrago sobreviviente, hoy con más pasado que futuro, viéndolas venir al encuentro de mi primera nieta.

         Si señor, un día fui niño, cuanto me alegra poder recordarlo, pero más por  poderlo contar.

Desde Aljaraque-Huelva
Carlos Alem

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