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Año IV - Nº 239
Uruguay, 22 de junio del 2007
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Fernando Pintos

¿Será ahora igual?… ¿O tal vez sea peor?

por Fernando Pintos
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            Leyendo todas las semanas Informe Uruguay, así como la edición digital de El País, me hago una idea aproximada de a qué extremos está llegando este Uruguay del año 2007. El asunto, en verdad, me provoca una pena inmensa. Porque, en resumidas cuentas, se trata de mi país, y no de Disneylandia o la isla de Gilligan. Y a nadie que esté en su sano juicio puede gustarle que a su país lo maltraten de tan infame manera.

            Entonces, me he topado con uno de los artículos que publiqué en el recordado semanario Nueva República, en el Año de Gracia de 1984, bajo un título grandilocuente, extenso y moroso: «De la mano de una prensa alienante la juventud uruguaya cae en los abismos de la desinformación y la deformación». En realidad y para aquel preciso momento, la situación era tal cual se describía. Comenzaba a insinuarse la debacle que, finalmente, sufrió el país a manos de un gobierno frenteamplista.

            Ahora bien: después de 23 años de «democracia», o más bien relajo abierto —que por algo el país está hoy como está—, me atemoriza pensar en qué panorama podría ser, con toda precisión, el actual. Pero tengo algunos índices bien claros que explican el grado de alienación y estupidez a que ha llegado buena parte de los uruguayos: 1º) le dieron el Gobierno a esa colcha de retazos denominada «Encuentro Progresista» (el símbolo más obvio para tamaña clase de «partido» debería ser un cangrejo); 2º) hoy por hoy, la fuerza política con mayor intención de votos en Uruguay es el MLN Tupamaros. Y si todo esto no significa una turbadora escalada de decadencia y degeneración… ¿De qué otras formas se le podría llamar?

            De cualquier manera, los invito a leer mi artículo de ayer, y a poner atención a la estricta realidad de ahora mismo… ¿Habré estado tan errado y lo seguiré estando en estos momentos. Para desgracia del Uruguay, no lo creo. Pero, veamos, que es como decir, leamos:

            «…Usted intenta hoy día entablar una conversación coherente con algún joven, tomando como base obligada los grandes temas de fondo de Uruguay y del mundo. Y entonces, ¿Con qué panorama se encuentra? Con el de la desinformación total. Nuestra juventud padece de una pavorosa anemia informativa. Formativamente, la situación está lindando ya con el cáncer. Nuestros jóvenes ignoran casi absolutamente lo que pasó en este país tan sólo doce o trece años atrás. Desconocen realidades geopolíticas que rompen los ojos. Desprecian, como si de majaderías se tratase, coyunturas internacionales flagrantes...

            ¿Qué es el Marxismo leninismo?; "No sé"... ¿Qué cauces siguió el proceso de la subversión en el Uruguay?; "No sé"... ¿Cómo se generó, desarrolló y culminó la guerra de Vietnam?; "No sé"... Y ese fatídico "No sé" irá concatenándose, con ecos malignos, allí donde cualquier pregunta importante se pueda plantear. Y todavía peor es cuando, por alguna extraña casualidad, "saben". Conocimientos deformados, información pervertida, conceptos espurios… Aquellos que "saben" parecen repetir, igual que loros atorados con gofio, una burda lección, la cual consiste apenas en una serie de burdos versitos, aprendidos trabajosamente y lastimosamente recitados. ¿Por vía de qué trágico eufemismo alguien puede tener la osadía de afirmar que la sangrienta dictadura comunista que soporta Cuba es "una democracia"? ¿A partir de qué horroroso equívoco se puede colocar, ¡en el sitial de héroe!, la fantochesca figura del cura comunista Ernesto Cardenal, uno de los principales capitostes de la Junta Sandinista de Gobierno? ¿En nombre de qué sórdida demagogia se puede hacer malabarismos conceptuales que ubiquen al acto comunista del pasado 1º de mayo en el terreno de las "manifestaciones democráticas”?

            La respuesta es una. Más allá del vacío ideológico que vivimos; por encima de la incesante infiltración del marxismo en todos los niveles (principalmente la enseñanza); pasando por sobre las explicaciones simplistas de los determinismos económicos (la crisis, el desempleo, la reducción del poder adquisitivo, blá, blá, blá): la referencia más evidente al grado de confusión que vive actualmente la juventud uruguaya se puede radicar en la acción disolvente de los medios de comunicación masiva. Unos, que desinforman (diarios, radios, televisión). Otros, que directamente deforman (semana­rios, revistas "de información", revistas "de humor"). Y quizás el breve análisis de uno de esos tantos semanarios que por allí circulan («Opinar», en este caso), pueda reforzar esta explicación que estamos aportando, en relación con un fenómeno cuya trágica magnitud pocos captan, hoy día, en el Uruguay del "Retorno a la Democracia"…

Una guerra sorda que estamos perdiendo

            Mientras en muchos lugares del mundo la agre­sión comunista se encuadra dentro de lo que podemos denominar una "Guerra caliente" (zonas quemantes de un inmenso planisferio cubierto por la "Guerra fría"), con choques armados, acción terrorista constante, intimidación de las poblaciones civiles, genocidios deliberados y otras lindezas por el estilo, nuestra más apacible región recibe el impacto de una acción claramente delineada, a partir de 1974, por Boris Ponomarev, quien fue el principal cerebro rector de los planes soviéticos de subversión a escala mundial. Y, ¿cuáles son las directivas de Ponomarev para sojuzgar a cualquier país? Muy simples. Pauta irrenunciable número uno: apoderarse del control de los medios masivos de información y propaganda. Pauta irrenunciable número dos: asegurarse el control de las Fuerzas Armadas. Así de sencillo y de genial. Y así de importante el orden dado a estas pautas.

Ponomarev había leído a Mao-Tse-Tung, y conocía a fondo la importancia de uno de los axiomas de la praxis revolucionaria esgrimida por el líder chino: "un revolucionario debe moverse entre el pueblo, con la misma comodidad con que un pez lo hace dentro del agua". (Y que le pregunten al fantasma del Che Guevara si esto es o no cierto).

            Sabía Ponomarev, además, que este enunciado tenía una contrapartida sugestiva, todavía más interesante que su simple exposición: si el pueblo permite que el revolucionario marxista se mueva en su seno "como pez en el agua", rechazará, hostilizará y saboteará a sus verda­deros defensores, esto es: a las fuerzas regulares y a la Policía del Gobierno agredi­do por los revolucionarios.

            Y si la pauta uno es apoderarse de los medios de comunicación, la explica­ción surge lógica y eviden­te; de esta manera les resulta posible transformar a un pueblo en el "agua" que ellos necesi­tan para transitar cómoda­mente en sus múltiples acti­vidades subversivas, anu­lando en gran medida lo acción de contrainsurgen­cia, por fuerte y organizada que ésta resulte.

            De tal forma, en el curso de esta sórdida guerra li­brada con medios no con­vencionales, el Uruguay es­tá siendo trágicamente de­rrotado, día tras día. Se trata de un proceso largo, paciente y silencioso. Las armas son la mentira, el eufemismo, lo cínica deformación de la realidad y la abyecta co­quetería de ciertos grupos aparentemente democráticos con los grupúsculos marxistas. Y la víctima inocente, la víctima propiciatoria de tal sacrifi­cio, es la juventud. Entonces, convengamos en que mientras opinar es una cosa, desinformar es otra muy diferente.

            Leer, siquiera brevemen­te, el ejemplar del semana­rio «Opinar» correspondiente al jueves 3 de mayo de este año (1984) conlleva, por cierto, un determinado esfuerzo intelectual (cada día que pasa comprobamos que, a pesar de todo, nuestra capacidad para el asombro siempre permite ir un poco más allá). Pues intentarlo obligará a una lectura plagada de contrasentidos y, en defi­nitiva, incluso algunos momentos cumbre que pueden lindar con la náusea irrestricta. Porque, si bien tenemos la seguridad de que ni el doctor Enrique Tarigo ni la mayoría de sus colaboradores cercanos son comunistas o simpatizantes con el comunismo, algún desprevenido que leyera con cierto detenimiento las páginas de este periódico podría muy bien arribar a una conclusión totalmente opuesta.

            Pasando por alto la refe­rencia inicial al ruido de ollas con que fue recibido un buque uruguayo al arri­bar a las Islas Canarias, resulta destacable el amplio espacio brindado al "Caso Roslik" (dos páginas), y al acto frenteamplista del 1º de mayo (dos páginas más), en ambos asuntos, con la clásica retórica de ataque con sordina marxistoide. Acusación contra el “Régimen” de un lado; pane­gírico encendido de un acto organizado por el comunis­mo, del otro. Luego de destinar una página entera al so­nado Plebiscito de un sector del Partido Nacional se encontrará, en la página 13, una obli­gada referencia a la "va­liente batalla legal" librada por la Junta Sandinista de Nicaragua, en la Corte Inter­nacional de Justicia de la Haya, contra el Gobierno americano que apoya a las guerrillas que preten­den desestabilizar a los "bue­nos chicos" de Managua. Si hablamos de libros, en la página 15 figura una entre­vista exclusiva (otra página entera) a la comunista chi­lena Isabel Allende. Su li­braco, "La casa de los espíri­tus", la ha llevado en un año (dicen), a lograr una celebridad semejante a la antes alcanzada por firmas tan prestigiosas como Vargas LIosa o García Márquez (la novela es un repugnante brulote de propaganda marxista, apuntado contra el actual gobierno de Chile, y contra las últimas genera­ciones de demócratas chile­nos)...

            Pero, como con todo esto no parecería alcanzar, demos la vuelta de página. En la que exhibe el número 16 leeremos una extensa nota sobre el obsceno cura revolucio­nario nicaragüense Ernesto Cardenal. Por lógica y en honor a la coherencia, la re­ferencia obligada, aquello que más resalta, es su "gran canto de amor a la revolu­ción: En Cuba". Comparte la página un comentario melo­so sobre la novela "Don Juan el zorro", deliciosa alegoría de un marxistoide vernáculo: el sempiterno Francisco Espí­nola.

            Empero, quizás el punto más alto de este cenagal impreso esté ubicado en un reportaje realizado sobre el can­tante cubano Silvio Rodrí­guez (la autoría es de Aníbal Gloodtdofsky), sobre el cual redundaremos un poco más adelante, ya que se trata de la aberración mayor. Baste señalar, en lo previo, los co­mentarios cinematográficos. Seis películas se comentan, y sintetizando, para captar el mensaje con claridad, habremos de separarlas en dos grupos: A) "Cine comprometido": donde figuran el libelo marxista italiano "San Miguel tenía un gallo" (ditirambos a gra­nel); el bodrio argentino "Como un pájaro libre" (agotaron el diccionario de elogios); la caótica e intras­cendente "Carmen" de Sau­ra (el desideratum de la maravilla, elevado a la ené­sima potencia)... B) "Cine censurable": la excelente película policial francesa "La soplona", y las correctas producciones americanas "Sin aliento" y "Mo­mento de Decisión"…  ¡Para todas ellas, unáni­me repudio! Y eso queda claro, pues de cine "capitalista" se trata, y el sacrosanto deber revolucionario exhorta a lapi­dario con creces. ¡Vaya escupitajo contra la cul­tura!

La Cuba paradisíaca que no se conocía (ni se sospechaba)

            Habíamos dicho que el plato fuerte de todo este disparatario impreso era una nota acerca del cantante cuba­no Silvio Rodríguez (tres cuartos de página), titulada, muy sugestivamente: "América, revolución y canto». Comienza todo con una descripción de la actuación del patético "divo" en la Feria Inter­nacional del Libro de Bue­nos Aires ('"Cuba, Cuba, el pueblo te saluda", aullaba un montón de energúmenos que, sin embargo, habrán  tenido a continuación el supremo cuidado de seguir ali­mentando sus tan ruines como inútiles hu­manidades en el seno de la sociedad "capitalista" ar­gentina). A ello sigue una serie de preguntas, de cuyas corres­pondientes respuestas po­demos extractar los tras­cendentales conceptos que a continuación se enumeran: 1º) Cuba es una democracia. 2º) Fidel Castro es un héroe, comparable a personajes literarios míticos... Como Prometeo, por citar un ejemplo. 3º) Fidel Castro es un gran tipo. 4º) Cuba es una democracia donde se trabaja para cons­truir el socialismo. 5º) No hay presos políticos en Cuba… Solamente hay gente presa por hacer contrarrevolución activa, por atentar contra las instituciones y el pueblo cu­bano (es evidente que, así enfocado el asunto, resulta obvio que los tupamaros y comunistas que están en las cárceles uruguayas no son presos políticos). 6º) Toda la gente ­que ha huido de Cuba es la que no se puede desprender del egoísmo; los que no tie­nen alma de redentores. 7º) Fidel Castro deja salir libremente a todo aquel que quiera irse de Cuba. 8º) Que, ¡felizmente!, Alfredo Zitarrosa regresó a Uruguay desde el exilio

            Como consecuencia obvia, después de leer todas estas “preciosidades", hice memoria, busqué en mi co­lección de “Nueva República”, y me puse a contemplar, filosóficamente, la portada del número 13 (correspondiente al 16 de marzo del 1984), leyendo y releyendo, una y otra vez, la simbólica leyenda que acompaña aquella movida ilustración gráfica:

            "Si éstos no son bolches… ¿Los bolches dónde están?…».

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