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LA CREMÁ
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por Graciela Vera
Periodista independiente
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Apenas dos minutos iniciado el martes 20 de marzo, la Fallera Mayor de Valencia daba la tradicional orden que año tras año da inicio a un espectáculo único, difícil de imaginar y posible de admirar.
¡Que hable la pólvora! dijo Marta Reglero y en 'la nit de la cremá' la pólvora habló desde la Plaza del Ayuntamiento.
Habló tan fuerte que miles de gargantas quedaron mudas durante tres o cuatro minutos de espectacular despliegue pirotécnico.
Cientos de estrellas, luces de colores que ascienden para dejarse caer luego de un viaje loco, haciendo piruetas, uniéndose a otras luces o abriéndose en abanico para zambullirse en la nada.
El edificio del Ayuntamiento cuya iluminación lo destaca en las noches con una blancura casi espectral se tiñó de colores mientras en el balcón, acompañando a las autoridades, la Fallera Mayor y su corte eran el centro de atención.
No hacía falta más para que cualquiera de los miles de espectadores que se agrupaban en la plaza y calles adyacentes se sintiera satisfecho. Habían sido cinco días increíbles; sin embargo, la parte principal de la fiesta recién iba a comenzar.
Las Fallas de Valencia finalizan el día de San José y en la madrugada de ese al día 20, tradicionalmente se da fin a los festejos en honor del Patrono con la cremá de la Falla oficial, en la plaza principal de la ciudad.
Tradición que este año dejó paso a la imposición, no de los hombres sino del tiempo.
El temporal de viento que azota a toda España desde las primeras horas de hoy estuvo a un tris de hacer fracasar el día principal de la fiesta fallera.
El viento hizo que más de 80 de los 760 monumentos falleros, entre los grandes y los infantiles, fueran declarados de alto riesgo por estar ubicados en calles estrechas, con lo que su quema podía resultar en peligro para los edificios adyacentes.
Este año los bomberos han tenido que multiplicarse y por seguridad y como una excepción, esos 80 monumentos arderían con posterioridad al de la Plaza del Ayuntamiento.
No importa el orden. Ha servido para alargar una fiesta que nadie quiere que termine.
Valencia ha recibido este año a más de millón y medio de turistas que han recorrido la ciudad gozando ante cada obra de arte, emocionándose con la Ofrenda Floral a la Virgen de los Desamparados; sonriendo ante 'los despertaes', disfrutando con las 'mascletaes' y los castillos de fuegos artificiales o simplemente, observando los pasacalles falleros.
Una y cinco de la mañana, el viento se ha hecho cómplice y ha calmado su furia. La cremá no tendrá problemas.
Se enciende la traca que en un geométrico recorrido rodea el monumento que comienza a arder, quizás más rápido de lo que todos deseamos.
Costó 600.000 euros, siete toneladas de madera, dos de ellas de pino, 600 metros de corcho blanco, casi treinta metros de altura que son pasto de las llamas.
Todo ha salido a la perfección, la Falla arde como está previsto, de la manera en que debe quemarse, de arriba hacia abajo.
El humo cubre el gentío y por momentos apenas se adivinan los edificios que rodean a la gran Plaza del Ayuntamiento
Han pasado apenas quince minutos y solo se vislumbra entre las llamas, la estructura de lo que ha sido una espectacular creación. Una obra de arte condenada desde su nacimiento a convertirse en cenizas.
La pólvora se ha callado y las voces vuelven a llenar de idiomas, la noche.
Valencia es una ciudad multinacional donde turistas de cinco continentes han capturado en sus cámaras, lo que quizás de otra manera no pudieran describir.
Terminaron las Fallas del 2007.
Comenzaron las Fallas del 2008.
Valencia, en el levante español, a 20 de marzo de 2007
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