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Wilson: un blanco por Javier García
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Hay algunos que descubrieron a Wilson luego de llegar al gobierno. Hicieron lo imposible para evitar que pudiera ser presidente de todos los uruguayos. Cuando se cansaron de agraviarlo, como bien recordó el presidente de la Convención blanca Carlos Daniel Camy en el homenaje que el Partido Nacional le rindió en el cementerio del Buceo, fueron y pactaron su permanencia en prisión hasta que pasaran las elecciones.
Aquel al que acusaron de ser financiado por la ESSO, al que denunciaron como traidor a sus principios, al que abandonaron en los momentos más difíciles, es ahora descubierto en su grandeza. No es que haga falta que éstos lo hagan, no tenían autoridad para calificarlo en su vida y no la tienen ahora para usarlo cuando ya no está con nosotros.
Quienes juntan en el morral un conjunto de traiciones a su persona protagonizaron esta semana una pequeña jugada política, tan pequeña como sus autores. Nunca reivindicaron la posibilidad de homenajear al caudillo, es más, se cumplieron 19 años de su muerte y en este largo tiempo nunca le rindieron uno, no lo hicieron en público ni en privado.
De pronto, ya en el gobierno, el oligarca de antes se transformó en el más popular de los caudillos, el traidor pasó a ser un personaje patrimonio de todos los orientales. Y no se dan cuenta que lo es pero no porque ellos así lo bauticen, sino que lo es a pesar de ellos. Lo es ahora y lo era antes, cuando estos lo insultaban.
Pero hay que ser caradura para utilizar a Wilson y todavía hacerlo con el inocultable objetivo de aprovecharlo en contra de su propio Partido, el que lo acompaño en el duro trance que la política siempre le depara en algún momento a los grandes líderes, que es aquel de la incomprensión de muchos.
Quisieron provocar al Partido Nacional y que este reaccionara y lo lograron, pero no en el sentido esperado. Lograron la unidad más hermosa de todos los blancos que se indignaron por la algarada.
Este año hubo mucho más gente que años anteriores en el Buceo. La hora en que se realiza no es la mejor, a las 11 de la mañana, y eso le dificultaba concurrir a unos cuantos. Pero el jueves éramos una cantidad porque muchos ante la provocación reaccionaron. Lo hicieron en respuesta a la mezquindad de quienes quisieron usar su memoria para inventar otro Wilson, alejado de su Partido y en contra de su Partido. Qué pequeños, y que ignorantes.
Los homenajes son instantes, son apenas el gesto que exterioriza un afecto. Lo más importante no termina siendo el que se realiza con símbolos sino el que todos los días se presta con las conductas. Por ello si han descubierto a Wilson enhorabuena, nadie les pedirá un arrepentimiento público por las heridas causadas, entre otras cosas porque sería inútil la reparación, y además estoy seguro que el caudillo ya los perdonó. Pero pueden hacer una cosa, que es empezar a aprender de sus enseñanzas. Y ahora que están en el gobierno aplicar aquella de la responsabilidad en política. De saber que el dirigente político debe hacer lo que corresponde sin mirar en los costos personales que sus decisiones conllevan. De estas Wilson tomó varias en su vida, una le costó el exilio, la persecución y casi su vida, otra la cárcel y que le arrebataran ser presidente y otra la incomprensión y el agravio.
Por todas ellas es tan grande y hoy tantos quieren homenajearlo. En todas ellas anida la lealtad, valor del que carecieron quienes desde los sillones gubernamentales empezaron a descubrirlo esta semana.
Hay que ser caradura para utilizar a Wilson y todavía hacerlo con el inocultable objetivo de aprovecharlo en contra de su propio partido.
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