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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 387 - Uruguay, 23 de abril del 2010 |
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Yo iba al fútbol y disfrutaba, a comienzos de los años sesenta del siglo pasado. Era un liceal hincha y socio de Peñarol. No era para menos, pues en cinco años (el “quinquenio de oro”) Peñarol salió campeón uruguayo los cinco, de América tres e Intercontinental dos. Vi a aquella delantera del “pardo” Abbadie (no recuerdo si se escribe así), Pedro Rocha, el “Lito” Silva. Alberto Spencer y Juan Joya, bailando ballet ante el Santos de Pelé, el Real Madrid y el Benfica, entre otros. Me cansé de cantar “sí, sí señores, soy aurinegro…..” y de agitar una bandera victoriosa, amarilla y negra.
Luego empecé a interesarme por la política y a apartarme de a poco del balompié. La ruptura (casi) definitiva fue cuando vi una discusión repugnante en TV entre dirigentes, durante una elección, en la que se decían de todo y no parecían ser del mismo club. Me convencí (sigo pensándolo) que es un negocio para algunos, que forran sus bolsillos con el amor (y los billetes) de los hinchas, el “jugador número 12”. Luego fueron los años de la dictadura, de la resistencia, la cárcel y el exilio. No le prestaba atención al fútbol. Cuando volví a Uruguay tampoco. Y eso que, aunque uno no quiera enterarse, por todos lados en la televisión aparece el fútbol. Pero hace unos años me picó de vuelta el bichito. Les conté a mis hijos que cuando era chico, en Reyes pedí una camiseta de Peñarol, y no la recibí, quizá por motivos económicos, y veía cómo otros chicos se paseaban con la de Nacional. Mis hijas me regalaron, después de veterano, una camiseta de Peñarol, ahora con avisos publicitarios impresos.(en aquella época no tenían, creo…)
Y fuimos al estadio. Con mi esposa y mis hijas. A la Olímpica, por las dudas. A un clásico. Detrás nuestro un energúmeno le gritaba al juez que lo habían traído al mundo por la puerta trasera, no por la delantera (traducido a un modo elegante, él no decía eso). Le pedí que no hiciera eso, que había damas. ¡Para qué! Sólo logré que gritara más fuerte. Luego Peñarol hizo un gol y me paré para festejarlo. Me llamó la atención que fui el único. Un veterano al lado mío me aconsejó que me mudara para la otra mitad de la tribuna, porque me iban a matar. Recién ahí me di cuenta que en esa mitad sólo había banderas de Nacional, y las peñarolenses estaban en la otra mitad. En los sesentas eso no pasaba. Íbamos a cualquier tribuna todos juntos, y se gritaban los goles sin miedo a los que estuvieran alrededor. Ahora veo que hay una verdadera operación de guerra para el clásico del próximo domingo, porque ha habido hasta muertos luego de partidos de fútbol. Ahora sí que no me agarran más. Y aconsejo hacer lo mismo. Mírenlo por TV.© Antonio Romero Piriz para Informe Uruguay Compartir este artículo en Facebook
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