Año III - Nº 149 - Uruguay, 23 de setiembre del 2005

 
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Sus propios vecinos
los desmienten

 

 

Gobernador Ricardo Comlombi

«No le tenemos miedo a la industrialización», expresó el gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi, al inaugurar el Tercer Congreso Forestal Argentino y Latinoamericano ante más de mil representantes de empresas vinculadas al sector.

 

«Corrientes, con el apoyo del gobierno nacional realizó importantes esfuerzos en el sector forestal. Desde la década de los años ‘70 se viene tratando de diversificar la actividad productiva en zonas de escasa rentabilidad. Hasta ahora se logró crear una gran masa forestal, fundamentalmente por el potencial y ventajas comparativas que tiene la provincia para esta actividad. La realidad de hoy es la necesidad de consolidar el desarrollo de la inversión primaria en la implantación de los bosques. Es imprescindible adoptar acciones para incrementar la cadena de valor, propiciando que la materia prima se industrialice en la provincia», sostuvo el gobernador.

 

Este es precisamente el punto: completar la cadena productiva con el valor agregado que de trabajo y recicle riqueza en el medio, antes que seguir exportando materia prima para que este proceso se haga en el exterior, con el producto primario sin el menor valor agregado, como hasta hace poco hacíamos en el Uruguay.

 

En una coyuntura (porque no es otra cosa) en que el gobierno provincial de Entre Ríos, por urgencias electorales de sus principales figuras se ha lanzado a una grotesca cruzada ante organismos internacionales en procura de detener por el argumento que sea la inversión de las empresas Botnia y ENCE en plantas de celulosa en el Uruguay, la respuesta a los delirios la encontramos así de cerca, en los contundentes argumentos del responsable de la provincia vecina, a pocos kilómetros del centro del movimiento entrerriano contra las plantas de celulosa, como si fuera otro país y más aún, otro mundo.

 

Colombi hace hincapié en que «con el apoyo del gobierno nacional» Corrientes realizó importantes esfuerzos en el área forestal, y que sería el lujo de la miseria dejar enterrada esta riqueza y sacarla en bruto solo porque hay grupos que sostienen que el mundo debe dejarse tal como está, y posiblemente seguir haciendo fuego frotando palillos y bebiendo agua de las cañadas.

 

«Algunos no quieren a las industrias. Pero nosotros las vamos a controlar para que no dañen al ambiente, las vamos a ayudar a que generen riqueza y bienestar para los argentinos»... «No queremos más ver salir los rolos en bruto de la provincia. queremos ver salir tablas, molduras, machimbres. Queremos ver salir muebles. Queremos ver salir pasta, sí, pasta y papel. No le tenemos miedo a la industrialización. Si en Europa se pueden hacer las cosas bien, en Corrientes también las vamos a hacer y las vamos a hacer mejor», expresó el gobernador ante el Congreso Forestal Argentino y Latinoamericano.

 

Gobernador Jorge Busti, denunciado por irregularidades (Foto Seprin)

Puede compartirse o no el grado de entusiasmo de Colombi respecto a las posibilidades de desplegar tecnología en controles que supere a la de los europeos, pero en efecto de lo que se trata es de hacer las cosas bien, y con este paso será suficiente para que el desarrollo industrial se logre sin agredir al medio ambiente, que constituye el deseado desarrollo sustentable que tan recurrentemente se trae al tapete.

 

En Uruguay este principio debe ser política de Estado, y no es porque sí que el gobierno de Tabaré Vázquez rompió abruptamente con grupos ambientalistas que se habían incorporado a sus filas durante la campaña electoral con el convencimiento que un gobierno izquierdista paralizaría de inmediato el proceso de instalación de las plantas celulósicas iniciado durante la Administración Batlle.

 

Nada más lejos de la realidad. Los gobiernos de izquierda, de derecha, del centro, no deben estar para seguirle el juego a los delirantes, sino que más allá de las diferencias (que no son tantas, al fin de cuentas, a la hora de asumir responsabilidades de gobierno) están para adoptar decisiones en función del interés general.

 

Y esto implica promover la inversión y las fuentes de trabajo, sin abdicar de principios como la preservación del medio ambiente, evaluando la relación costo beneficio en función de los aspectos involucrados y estableciendo reglas de juego claras, para que nadie se llame a engaño.

 

En Uruguay no pretendemos hacer las cosas mejor que los europeos, pero sí exigir a los inversores el mismo nivel de seguridad que observan en su propia tierra, sin dejar de aplicar nuestros propios controles. Eso es desarrollo sustentable para beneficio de todos, que es mejor que seguir agitando cual marionetas banderas verdes mientras nuestros pueblos se empobrecen día a día.

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