Año III - Nº 149 - Uruguay, 23 de setiembre del 2005

 
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La Injusticia de la Justicia
* Luis Tappa
 

Que los robos a casas, pequeños comercios y no tanto, piñas, rapiñas y pungas, están a la orden del día, no es una novedad para nadie.

Aunque se le pretende restar importancia, por parte de la Policía, y se nos dice que ha disminuido el nivel de delincuencia, todos sabemos que es una mentira y lo comprobamos a diario.

¿Qué defensa tiene el ciudadano contra tanto atropello? ¡Pues ninguna!

Tiene que dejarse robar y hasta matar pacientemente, porque si intenta defenderse o defender su familia, le pueden pasar dos cosas:
1) Que resulte muerto o herido.
2) Que termine preso.

O sea, que cuando resultamos asaltados, pase lo que pase, perdemos... ¡siempre perdemos!

Se nos dice que no debemos hacer nada, que para eso está la justicia.

Entonces debemos permitir que entren a nuestra casa ladrones, copadores y hasta violadores y asesinos, para que cometan con total impunidad sus tropelías y hasta nos maten. Después el estado hará justicia.

¿Qué bárbaro, no?

Debemos dejarnos matar para que ellos hagan justicia, porque si por defender nuestro hogar, nuestra familia y nuestra vida, llegamos a matar o lastimar a un delincuente, vamos presos para toda la vida.

Esto es lo que se nos ofrece como justicia.

Estos asesinos entran y salen de la cárcel, si es que los agarran, como perico por su casa, pero si nos matan, nosotros no salimos más del hoyo, y si nos violan o matan una hija o a la patrona, deberemos llevar en la conciencia, por el resto de nuestras vidas, haber permanecido impasibles mientras esto sucedía, por miedo a la cárcel.

Conozco el caso de un muchacho, hijo de una vecina, en la época que en que vivíamos cerca del prado. Este mocito, que recién había cumplidos los 18, no tuvo mejor idea que juntarse con un amigo y rapiñar a una pareja, les robaron 150 pesos, a los diez minutos estaban presos, los agarraron cuando pasaban caminando tranquilamente por la puerta de la Comisaría, hasta ese grado de estupidez tenían. Ambos eran primarios, nunca habían cometido un delito; pues bien, les dieron cinco años de cárcel y a los tres años medio los soltaron por buena conducta. Me parece muy bien la pena que les dieron, se lo merecían. Pero no es esto lo que me preocupa, lo que me preocupa es; si este muchacho, siendo primario, estuvo 3 ½ años adentro por un delito, como es posible, y quisiera que alguien me lo explicara, que hombres de 25 o 30 años tengan prontuarios con 20 o 30 entradas por rapiñas e incluso homicidios, y hasta más de uno, estén sueltos; y aquí viene la gran pregunta, ¿Cuánto tiempo cumplieron por cada uno de esos delitos? Y que no se me diga que la mayoría los cometieron siendo menores. El botija del cuento evidentemente no tuvo un buen abogado, por qué me da la impresión que todo depende de eso y tener dinero.

Contando con un buen abogado, ¿se puede delinquir y sacarla regalada? ¿De eso se trata la justicia?

Por lo tanto, sea como sea, siempre perdemos nosotros, las victimas.

¿Con que cara podremos mirar a nuestra familia si permitimos estos atropellos sin hacer nada?

Aunque no se trata de machismo mal entendido, se trata de la obligación que juramos un día de defender nuestra familia, nuestro hogar y nuestro honor.

"El primer cuidao del hombre es defender su pellejo" dijo Fierro.

Se ha dado en culpar a la situación del país, la pobreza y la miseria, de todo este circo, pero no es cierto, conozco infinidad de gente que vive en extrema pobreza pero que no salen a robar y se las arreglan como pueden. Al ladrón y al asesino se lo lleva en el alma, se nace con el.

Estos mal nacidos no tienen escrúpulos y la mayoría roba para vicios y drogas o porque esa es su manera de vivir, no para comer.

El pobre, que desesperado de hambre roba un pan o una gallina, pero jamás mata, no tarda ni diez minutos en caer, y también se fuma una cana de película, pero son los menos y también son víctimas de la injusticia.

No quiero que se me malinterprete, no estoy haciendo apología del delito, pero tenemos el derecho de defendernos, porque estos delincuentes roban, violan y matan con total impunidad.

No podemos esperar a que nos maten para que luego la injusticia haga justicia.

Esta misma impunidad es lo que alienta la delincuencia, se saben protegidos por la ley y también saben que no se los puede tocar. Igual que los menores asesinos, que drogados pululan por la ciudad.

Después, si por esas cosas lastimas o matas a alguno, te tiran con todo el código por la cabeza; que si tenía un cuchillo y usaste un revolver, es alevosía; que si tenía un revolver y usaste una 16 de dos caños, es alevosía; que si le pegaste dos tiros en vez de uno, es alevosía; que si tenía un revolver pero tiraste primero, es alevosía; que si le partiste la cabeza de un garrotazo y tenía una pequeña navaja, es alevosía.

Tenemos razones y exigimos que se legisle mejor sobre nuestro derecho a defendernos, sin tanta pantomima de quien tenía mejor arma o quien atacó primero. El solo hecho de entrar por la fuerza a una casa con cualesquiera sean las intenciones, ya es un ataque alevoso, al que tenemos el derecho de repeler.

¿O el derecho a la vida y la defensa personal no cuenta?, porque inevitablemente, salvo rarísimas excepciones, terminas en cana.

Muy cerca de mi casa hay un saloncito, al pobre hombre lo han robado un montón de veces. Hace cuestión de un mes, me contaba, que estando solo en su domicilio, bañándose, sintió unos ruidos extraños, se envolvió en una toalla y salio, es entonces que alcanza a ver a un hombre joven caminando hacia la puerta de su casa con un electrodoméstico en sus manos, alcanzó a manotear un garrote y lo corrió, pero el hombre se fue, cuando salió a la calle ya no lo vio más. Hizo la denuncia en la comisaría correspondiente, y cuando contó como habían sucedido las cosas, la policía le dice, "Menos mal que no lo alcanzó y lo lastimo, porque si no usted va preso", ¡Tomá!

Si seguimos así dentro de no mucho tiempo los chorros no van a tener necesidad de romper puertas ni ventanas para entrar, va a alcanzar con que toquen timbre y nos digan...

- Buen día, con su permiso, vengo a robar, ¿Sabe que no me puede tocar, verdad?
- Si, si, pero faltaba más buen hombre... pase y "trabaje" a gusto, mientras tanto yo voy a llamar a la policía, ¡pero de aquí a que vengan!

¿Le parece ridícula una situación como esta, querido lector?
¡Espere y verá!