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Perder en La Haya
por Jorge Asís |
Nuestro carísimo corresponsal itinerante, Oberdán Rocamora, después de un relevamiento in situ, evalúa que estamos fritos.
LA HAYA (de nuestro enviado especial, Oberdán Rocamora).- Dista de resultar un augurio auspicioso que la cigüeña sea el símbolo de La Haya, capital administrativa de Los Países Bajos.
La cigüeña significa, como símbolo, que los uruguayos nos embarazaron.
Introdujéronnos la dureza de dos plantas que superan la dimensión del problema.
Por la ineptitud proverbial de la dirigencia, el dolor de la derrota puede entonces intensificarse.
Hasta el extremo caricatural del grotesco.
La cuestión que, otra vez, el cronista se encuentra frente al Vredespaleis.
Trátase del Palacio de La Paz, sede de la Corte Internacional de Justicia.
El último recurso que la Argentina encontró para admitir el paso del tiempo.
Hasta que la llegada del invierno, con la magnificencia de las lluvias, con las clases de los chicos, logren descomprimir las ceremonias festivas de los cortes.
Con los reflejos periodísticos de la celeridad, el jefe, don Asís, no vaciló en abrir las arcas del desmantelado monedero. A los efectos de enviar, al cronista, al costado playero de la Holanda Meridional.
Conste que el Portal decidió comprometerse con la Guerra Santa de Gualeguaychú. Ofrecer aportes constructivos para adaptarnos, con anticipación, a los procedimientos burocráticos del multilateralismo.
La conclusión del trabajo de campo, efectuado in situ, es negativa. Indica que, para Argentina, triunfar en La Haya es una utopía.
Municipalización de la política exterior
La municipalización de la política exterior, en la Argentina, contrasta con la nacionalización de la política, en Uruguay.
Y Gualeguaychú, aunque se le incorpore Colón y Concordia, no puede, aunque sea muy pequeño, con el Uruguay.
La táctica errónea consiste en el afán de ganar tiempo. De huir hacia adelante.
La ignorancia acomodaticia de la dirigencia argentina supone que Kirchner mantiene una hegemónica fortaleza.
Sin embargo Kirchner es prepotente víctima de cierta congénita debilidad.
Resulta entonces probable que Kirchner produzca, al traer el dilema aquí, a La Haya, otro de los próximos papelones internacionales más apasionantes de nuestra historia. Para colmo con aval parlamentario.
La Unesco, comparada con la Corte Internacional de Justicia, es un organismo que se caracteriza por la eficaz practicidad.
Integran la Corte quince miembros que saben viajar y vivir. Juristas designados por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Mandato por nueve años y con reelección.
Son autónomos, aunque es innegable que resultan sensibles a los lineamientos de la política exterior de los países que los postulan.
EL TRIBUNAL
Para colmo, pocos días antes del arribo del cronista a La Haya, cambiaron las autoridades. Veníamos casi dispuestos a emitir la recomendación de captar, con el rigor de la marroquinería, a Shi Jiuyong, el presidente chino.
Sin embargo se produjo el cambio de ficha. Y asumió la presidencia del tribunal, de manera inconveniente, la sexagenaria inglesita Rosalyn Higgins.
Con semejante jurista prestigiosa, seguro, vamos muertos.
Basta contemplar la densidad de su fotografía para darse cuenta que Rossalyn es una académica que se toma las cuestiones del derecho internacional con seriedad.
Entonces es improbable que Rosalyn pueda impresionarse con los melodramas de Busti. Con la firmeza argumental del canciller Taiana. Con la impetuosidad del embajador Estrada Oyuela, que pasa a la historia de la diplomacia por tocar el timbre de la cancillería de Uruguay, para la tapa de Clarín, mientras Patiño Mayer hablaba, muy tenso, por celular, con un Tercer Secretario.
Dato menor para tener en cuenta: Rosalyn está casada con Lord Higgins.
Lord Higgins es un viejo amigo de parrandas del desterrado diplomático Oscar Spinoza Melo. No estaría de más contactarlo. Pero arrancamos 0-1.
Ahora, el vicepresidente, es el jordano, Awn Sawkhat Al-Kasawneh.
Aquí también estamos fritos. Porque Jordania, de por sí, mantiene cierta identificación natural con Uruguay.
Trátase de un país pequeño entre gigantes, con atracciones turísticas distintas, sustancialmente redituables. Como Petra y Punta del Este.
Quien lo conoce a Awn, aunque sin confianza para valijearlo, es don Asís.
Porque Al-Kasawneh presidió la Comisión IV de la Conferencia General de Unesco, del 93.
Vamos 0-2.
LA PERRADA
Tratemos entonces a los trece jueces de la perrada.
Raymond Ranjeva es de Madagascar. Un jurista, también sexagenario, que puede convertirse, después de un análisis minucioso, en una versión internacional del diputado Romagnoli.
No estaría del todo mal recomendar que se encarguen, del acercamiento y captación del juez Ranjeva. Por ejemplo la senadora Vilma Ibarra, La burrerita de Ipacaraí. Y el Alberto, el melancólico Becquer del gabinete.
Ojo que Ranjeva puede ser sensible a la problemática ambiental. Con optimismo, 1-2.
Después viene el chino, Shi Jiugong. Conste que el chino se encuentra bastante deprimido por hallarse en la frontera de los ochenta años.
Aunque el sabio Shi Jiugong tiene el pelo aún más oscuro que el profesor Fayt.
Aparte, los chinos no suelen caracterizarse por detalles del refinamiento, y de pureza, de los desquicios fabriles.
Razón por la cual se evalúa, precipitadamente, que el chino nos garca.
Traerlo entonces, al nominado Jaime, a La Haya, con una Vuitton, puede ser un despropósito.
Aunque Jaime se jacte de su venerable experiencia con los chinos. Pero con los chinos de Hong Kong y de Macao. Aquellos que instigaron a Kirchner para protagonizar, acaso, el papelón más significativo de la "presidencia transformadora". Como la conceptúa, fascinado hasta el desborde, Ernesto Tenenbaum, en Veintitrés, uno de los semanarios menos insoportables de la comarca. La diferencia es 1-3.
Según nuestro relevamiento, el africano Abdul Koroma, de Sierra Leona, es un jurista trabajable.
Conste que don Asís también lo conoció en la Unesco. Le envía saludos.
Koroma tiene 62 años pero, por los privilegios de la negritud, aparenta 45.
Por africano, Koroma siente una simpatía natural hacia la complejidad del peronismo.
Por lo tanto, para ganar sus favores, recomiéndase enviar a un potable trencero. Alguien que sepa armar, aunque no esté muñido de efectivo. Por ejemplo Eduardo Valdez. Acaso el Chiche Aráoz. O Patricio Lombardi.
Aquí podemos descontar, 2-3.
Después, si se vence la tentación neutral de la abstención, puede asegurarse el apoyo casi combativo, hacia nuestra santa causa de Gualeguaychú, de Gonzalo Parra Aranguren.
Es un jurista de Venezuela. Trátase de un septuagenario largo, que se dispone a comerse, con frenesí, los penúltimos bizcochos de la burocracia internacional.
Basta, aquí, con un llamado telefónico de Chávez. Aunque para apretarlo.
Podría reforzarse la gestión con el envío simultáneo de Alicia Castro y Uberti. Los dos juntos, para agregar méritos hacia la carrera por la embajada. Transitorio empate, 3-3.
Con Thomas Buerguenthal, sonamos. Otro septuagenario, un yanqui que viene de Harvard.
La única alternativa para amansarlo consiste en que Kirchner vuelva a pedirle los sabios consejos a Domingo Cavallo. Sin embargo Kirchner se encuentra en deuda moral con el Mingo. Y es sabido que Kirchner carece de códigos, y no suele caracterizarse por pagar sus cuentas.
Buerguenthal sólo podrá inclinarse a favor del Uruguay. 3-4.
Sin más palabras, Hizashi Owada es japonés. Seguro también coloca, a la Argentina, bolilla negra.
Para tratar de impresionarlo a Owada, el cronista decidió chapear con su amistad con el influyente señor Kikuchi. Pero no logró hablar, siquiera, con la secretaria.
Owada apenas mandó preguntar, por un asistente del chofer, si Argentina ya había pagado su deuda a los tenedores de bonos japoneses.
Además, Owada quería saber si el país se encontraba al día, por ejemplo, con las contribuciones obligatorias al sistema de organismos de fiolos de las Naciones Unidas.
Contribuciones que sirven para pagar, sin ir más lejos, los diecisiete mil euros de sueldo. A ellos.
3-5.
Con Bruno Simma, el alemán, tampoco está para tirar cohetes. Ni cabe la esperanza de sondearlo.
Con Bruno Simma somos boleta seguro. Porque mantiene, como cualquier jurista alemán, fuertes vinculaciones con la Siemmens, empresa que es bastante más significativa que la propia Alemania.
Por lo tanto, la evaluación recomienda, en especial, que no se les ocurra enviar, para lobbyarlo a Simma, al diputado Rafael Bielsa. No se lo debe ver al Rafa por las cercanías ni para inspirarse en su versificación frente a la nostalgiosa playa de Schveningen. Viene peor, 3-6.
Tampoco se puede ser muy optimista con Peter Tomka. Ya se anticipa una víspera de goleada. Trátase de un cincuentón del artificio de Eslovaquia.
Tomka se doctoró como checoeslovaco, pero, en cuanto comenzó a conformarse el abdomen de hombre respetable, se le bifurcó el país.
A cualquiera que llegue, en Eslovaquia, dispuesto a invertir 500 euros, pueden recibirlo con serpentinas, papel picado y labriegas frescas. Tomka apoyará, una fija, la construcción de las plantas. 3-7.
El francés, aunque nacido en Alejandría, Ronnie Abraham, es otro cincuentón con tendencia al refinamiento. Tampoco parece ser muy persuadible para conmoverlo con la Guerra Santa de Gualeguaychú.
Aunque se lo envíe, incluso, para melonearlo, al doctor Zaffaroni. Acompañado del gordito menos interesante de los Sabsay.
Ocurre que fueron demasiados los desplantes innecesarios de Kirchner a Francia, para cautivarlo, a Ronnie, con nuestra cruzada purificadora. 3-8. El partido está cocinado.
Menos aún Kenneth Keith, de Nueva Zelanda. Basta con una lectura de almanaque de multilateralismo para saber que Nueva Zelanda mantiene, con Finlandia, aspectos infinitamente más unificadores que el salmón y las rubias de piernas largas.
Si donde está la Ford están los Estados Unidos, Botnia se identifica, directamente, con Finlandia. Ya perdemos 9 a 3, en adelante es para humillación.
Con el desasosiego de Fernando Pessoa, se acaricia el final de esta crónica contaminante.
Bernardo Sepúlveda Amor es de Méjico. Basta con un simple correo electrónico de la cancillería mejicana para que se paguen, al contado, aquellos desplantes memorables, de Kirchner y Chávez, Laurel y Hardy, en la catastrófica Cumbre de Mar del Plata. 3-10.
Mohamed Bennouna, de Marruecos, puede ser una incógnita. Sin embargo en Casablanca cuesta menos comprarse una túnica de colores que respirar con profundidad. 3-11.
Por razones casi idénticas de sistemática contaminación espiritual, es escasamente plausible que el ruso, Leonid Skotninov, pueda apoyarnos.
3-12. Una suerte que sean, los jueces, nada más que quince.
RECOMENDACIONES FINALES
Entonces, la evaluación certifica que La Guerra Santa de Gualeguaychú se pierde, en La Haya, 12 a 3.
Recomiéndase que Argentina evite el papelón de desplazar sus litigios municipales hacia la capital de la cigüeña empomadora.
Aparte, que se sepa, la Argentina de Kirchner, no puede sorprenderse por el resultado del estudio.
Tan potenciado por su fragilidad, el gobierno argentino dista de caracterizarse por haberse esmerado en la atención del frente de la diplomacia.
En el máximo nivel presidencial, hasta suelen jactarse, incluso, de la pedantería encubierta de no recibir jamás, siquiera, a los embajadores.
Para que Kirchner, por ejemplo, les de la mano. Para sacarse una fotografía y colgarla en el despacho.
Ocurre que Argentina decidió ceder la espalda, con olimpismo inexplicable, a la comunidad internacional. Por la supina ignorancia de creerla inútil.
Y hoy recurre a ella para pedir la palangana con el agua tibia del alivio.
Habrá que tener, en adelante, en cuenta, un dato elemental. Que un embajador significa la más alta representación de un país en el interior de otro país.
Si el presidente del país receptor, no recibe nunca, por ejemplo, al embajador, degrada, de manera directa, al país que el diplomático representa.
Preferible, entonces, para terminar, es reiterar la recomendación. Que no se traiga, a La Haya, la discusión que no se puede resolver con un vermut. O con unos mates.
Que se aguarden, en todo caso, las convenientes lluvias serenas del invierno.
Hasta que cesen, invariablemente, los cortes, las interrupciones de la racionalidad.
Para asegurar, sin entregarse a los desaconsejables derroteros, que los residuos de las plantas uruguayas se parezcan, gracias a la sofisticación de la tecnología, al agua termal que nos vende Cecilia Zuberbuhler.
Oberdán Rocamora
Publicado con autorización de Jorge Asís - jorgeasisdigital.com
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