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Año III - Nº 170
Uruguay, 24 de febrero del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 

 

De vacaciones por
la Barra del Chuy

* Luis Tappa

Estoy disfrutando de unas hermosas vacaciones en la Barra del Chuy, desenchufado totalmente del ruido citadino y a menos de cien metros del mar, esto me ha permitido reencontrarme con la naturaleza y la maravilla de una costa inigualable.

También el rencuentro con viejos amigos, alguno integrante de esta misma página.

Ya a esta altura ha mermado bastante el turismo, no hay tanta gente y la vida se va haciendo casi normal para quienes viven todo el año en tan privilegiado lugar.

Al fondo, la desembocadura del arroyo Chuy

Aquí no suceden cosas extraordinarias ni situaciones dignas de contar, solo la paz y armonía de un lugar maravilloso y las largas caminatas mañaneras por la orilla del agua, donde aparte de algún ocasional madrugador solo vemos arena y mar.

La extensa y ancha franja de playa se pierde en la distancia hasta donde nos alcanza la vista, parece no tener fin, y nuestros ojos se deleitan y descansan en aquella inmensidad de olas y médanos.

Solo el aletear de las aves costeras y el majestuoso vuelo de las gaviotas acompañan la policromía de un paisaje hasta cierto modo monótono, pero que a la vez conforman un escenario donde reina la armonía y cada pieza ocupa su lugar para formar una escena perfecta.

El alma se regocija ante tanta majestuosidad y el corazón se nos inunda de vida, de paz, de armonía.

La playa interminable

Muchos podrán decir que es demasiado para ser un simple playa, pero no es una simple playa, es la playa y es todo, es observar cuando caminamos y nos alejamos un poco que ni siquiera hay marcas de pisadas en la arena, es sentirnos casi frente a frente con el universo, hay un dejo misterioso flotando en el aire, que nos transforma, que nos conmueve, nuestros pensamientos se pierden en mil divagues y nuestra imaginación vuela libre y lejos, como las gaviotas.

No es lo mismo en diciembre y enero que en febrero o marzo, en aquellos meses hay más bullicio, en estos todo comienza a volver a la normalidad, aunque en las playas, por más gente que haya, siempre estarán tan alejados unos de otros como para ni siquiera oír las conversaciones, tan grande es.

Es entonces que imagino las apiñadas playas montevideanas y no logro entender como sentirse a gusto en lugares así.

Espuma y yodo

Quisiera quedarme para siempre, pero debo volver, y aunque aún me quedan 15 días para estar aquí, no falta mucho para un nuevo regreso, y esta vez para toda la vida, un sueño largamente acariciado por mí y que está cada vez más cerca.

Porque no se trata solo de la playa y la mar, es todo el entorno que compone este maravilloso lugar, el verdor interminable de los campos, el Chuy, la Fortaleza de Santa Teresa, el Fortín de San miguel y sus bosques, la increíble Laguna negra, la flora y fauna del lugar, el silencio de los campos, el murmullo del mar y el canto de las aves.

Rocha, maravilla de la naturaleza a nuestra disposición y uno de los lugares más bellos del mundo.

Mientras en Montevideo muero lentamente, la vida me espera plena en la Barra del Chuy.

Para algunos muy poca cosa, para mí& ¡muchísimo!

 
 
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