Miembro de
     
Año III - Nº 174
Uruguay, 24 de marzo del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 

 
NUEVOS TIEMPOS VIEJAS COSTUMBRES EN LA POLICIA


Lo del título parece una frase arreglada para llamar la atención en esta vorágine globalizadora, donde la proliferación de slogans, avisos y otras maniobras vinculadas a campañas de marketing, emergen y se transforman en moneda corriente. Pues no, es una frase reveladora de una visión positiva de futuro y a la vez la comprobación de una ortodoxia mezquina y costumbrista, más aferrada a conceptos perimidos o arcaicos de una cultura y un modelo que ya muestran síntomas inequívocos de una agonía terminal.

Muchas veces las viejas costumbres se relacionan con valores culturales acogidos en el seno de una sociedad, donde aquellas la distinguen, la caracterizan o le dan un sello de identidad que perdura a través del tiempo.

Otras veces, sin embargo, la expresión "viejas costumbres", refleja la negativa postura ante el progreso, la creatividad, la ambición y hasta la sana intención de proyectarse a un futuro mejor. La Policía de nuestro país ha estado afiliada, relacionada e identificada con esas viejas costumbres. Demasiado subordinada, demasiado subalternizada, con férreas ataduras que le impiden aún hoy, desenvolverse y transitar hacia un desarrollo integral, en lo que a su vida institucional se refiere.

A través de sus largos años, una y otra vez la Institución Policía ha estado enfrentada a resolver su presente, rescatando su pasado y esperando que el futuro le depare una realidad diferente, aún cuando haga poco por él. Así ha sucedido en los tiempos de caos, después en tiempos militaristas, luego a su regreso a la civilidad y por último hoy, con este nuevo escenario donde la incertidumbre y hasta velados temores, no permiten vislumbrar aún un futuro mejor. Debemos rescatar a un puñado de valientes que en plena agitación social y en condiciones por demás adversas, impulsaron hace muchos años una Ley que le ha dado forma y contenido a nuestra Policía, hoy Policía Nacional.

La historia de esta Institución tan señera ha transcurrido impregnada de sacrificios, renunciamientos, valentía, honor, pero también humildad y abnegación, modelando en su transcurrir un perfil de identidad tal, que la ha distinguido a través de los tiempos como una verdadera muralla de contención entre el delito, la trasgresión y la violación de los derechos consagrados y la sociedad a proteger, trascendiendo así épocas, regímenes y corrientes filosóficas, ideológicas y políticas, manteniendo como consigna la defensa de la ley y la sociedad.

Pero también y ello es innegable, ha mantenido un matiz de permisividad, un cariz complaciente, quizás hasta cierta complicidad con los antojos de los "jefes de turno", producto tal vez, de esa cercanía y relación con quienes desde el poder, han ejercido un manejo tendencioso y discrecional, amparados en los vacíos legales, en los intersticios de la legitimidad, o simplemente en el disfraz o la ausencia de moral.

Sin ser peyorativos, si nos remontamos a los tiempos de "Menchaca", podremos apreciar que la conducta "político partidaria-policial" de este legendario personaje policial (que se remonta a más de un siglo de nuestros días), lejos de marcar un modelo de servidor público transitaba sí, por una multiplicidad de banalidades y correspondencias con el Juez jurisdiccional de la época, involucrándolo con sus excesos, actos de corruptela y/o abusos de autoridad. Claro está, siempre "en nombre de la autoridad" y "deseándole a Usía que gozara de buena salud", en todos y cada uno de los cierres de los Partes de Novedades que elevaba a su superior. "Partes" que se hicieron famosos y se trasladan hasta el presente como un anecdotario fiel de sus andanzas poco claras.

Lo anterior enunciado, aparece como una leyenda picaresca y liviana, aunque bastaría situarse en aquel escenario para arribar a otras conclusiones más enojosas y reveladoras. Ubicarse en aquel contexto significaría de alguna manera soportar el agobio de una autoridad centrada en el abuso, la injusticia y la inequidad. Y todo ello -muchas veces- por el insignificante hecho de no pertenecer al partido de gobierno.

Así la figura del policía nació y creció acompasada y amparada en ese ambiente característico, donde su proceder, lejos de contar con la reprobación y el rechazo social, era contemplada y aceptada como una de las tantas reglas de convivencia.

Aunque parezca exagerado, quienes hemos estado en la Policía algunos años, podemos establecer una correspondencia, una especie de paralelismo entre aquellos personajes del pasado y quienes en todas y cada una de las épocas, han hecho recordar con sus dudosos ejemplos, ese especie de estigma que acompaña la figura del policía.

Así, generación tras generación, el servicio policial funcionó como una eficaz herramienta para la contención del delito, pero siempre muy cercano a él.

Aunque parezca ofensivo y lesivo este ensayo, no pretende serlo, sí es un trozo de nuestra historia recogida y con otra lectura. Sabemos que existen resabios y rechazo desde tiendas de la interna por todo aquello que signifique autocrítica. No se pretende desvirtuar la imagen de la autoridad, aunque está claro que su relación con quienes han gobernado nuestra patria durante casi 200 años, ha sido más estrecha de lo que el cumplimiento del servicio reclama.

Sin dudas, esta aproximación dedicada a estos temas de interés, proseguirá en siguientes entregas, donde intentaremos mantener el hilo conductor de un perfil muchas veces oculto o simplemente ignorado por los propios actores de la vida institucional policial.

LA COMISIÓN DIRECTIVA
 
 
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No- 9739, dec 694/974 art. 1 inc A