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1685 |
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| * Fernando Quiroga |
Domingo, en los pueblos de España siempre hay misa (seguro que no seremos los únicos) voy a buscar a mi hija que se fué de excursión, y junto al Ayuntamiento, como no, está la iglesia, desde la cuál se oye el sonido del órgano majestuoso.
Siempre pienso en ése ariano (de Aries) descomunal que era Bach, pero oyendo el órgano más clara me llega su memoria.
El año 1685 debe ser uno de esos años en que la humanidad se tiene que felicitar colectivamente por el nacimiento de tres grandes genios de la música.
Johann Sebastián Bach, Haendel y Scarlatti nacieron el mismo año y dejaron una huella tan profunda como fácil de seguir en el gran mapa de la gran música escrita e interpretada a través de los tiempos.
Ninguno de ellos eran tiorbistas, pero Johan Sebastián compuso algunas obras que son de obligada interpretación con el laúd o con la tiorba alemana.
Una tiorba alemana es un instrumento con una afinación muy peculiar, está afinada como un laúd barroco, en re menor, pero tiene unos bajos dobles muy largos que sobresalen de la tastiera como los de la tiorba italiana, aunque el instrumento no tiene esas medidas tan espectaculares como su pariente transalpina.
En la Pasión según San Juan aparece un "arioso" que es cantado por el bajo, y que incluye la mención "lauten" en el manuscrito y en las ediciones posteriores.
Éste "arioso" no está escrito en tablatura, una forma de escritura instrumental propia del laúd y de los instrumentos de cuerda pulsada.
Está escrito como si fuera a ser tocado por un instrumento de tecla, pero que en la peculiar afinación del laúd barroco en re menor es sorprendentemente fácil de tocar.
Bueno, fácil es un decir, porque cuando entran las violas se puede armar un toletole curioso con los contratiempos y más de una vez se ha visto todo el conjunto parado sin tocar una nota y mirándose los intérpretes entre sí.
Bach escribió además cuatro suites que aparecen en las colecciones de laúd desde entonces, y un preludio-fuga y allegro, y un preludio que se toca generalmente en re menor.
De las cuatro suites hay una que coincide con la número cinco de cello, una que coincide con una partita para violín, una para clave, y la que solamente buscando mucho se encuentra alguna correspondencia es la número uno.
Del preludio-fuga y allegro no se conocen correspondencias, o al menos yo no las conozco.
Y es que Bach tenía algunos alumnos de composición que eran laudistas, uno de ellos, Schuster, fue el que hizo la tablatura para laúd de la suite número cinco para cello.
Generalmente eran copistas excelentes de la obra de su maestro, porque acá en Europa en esos años se aprendía muchísimo de copiar las obras de los grandes creadores, es más, la letra de Bach se ha confundido muchas veces con la de sus alumnos, o viceversa, y solamente por las aguas que aparecen en las partituras originales de Bach se puede saber si son escritas por él o no.
Las aguas de los papeles pautados (así llamamos a las hojas con pentagramas) han creado más de un dolor de cabeza a los investigadores, porque tampoco había muchos fabricantes de papel pautado en esos años.
La cosa es que entre obras transcritas, obras escritas en notación para tecla y otras en tablatura, los laudistas de hoy podemos interpretar esa música inmortal que para mí, junto a la de Mozart, son los exponentes más altos del paso del gran pájaro azul, el de la música, aquél que lo abarca todo con su vuelo.
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