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La punta del hilo que nos lleva a la madeja
Fútbol, sangre y negocio
* Luis Tappa |
Voy a retomar un tema al que en varias oportunidades he tratado, para ello no podré evitar incurrir en redundancias y reiteraciones de cosas que ya dije en anteriores notas cuando he hablado de fútbol, pero el lector sabrá disculpar dadas las circunstancias que me impulsan a volver sobre un tema que había pensado abandonar definitivamente.
El Partido Peñarol-Cerro y un crimen incalificable
No se trata solamente de un alevoso asesinato, se trata de algo más, cuando suceden cosas como esta es señal de que algo anda muy mal en la sociedad, y no me refiero exclusivamente a temas como el alcohol o la droga. Sabemos muy bien que esta última puede ser factor detonante de situaciones extremas, pero no a este punto.
¿Drogados?, drogados es que matan rapiñeros y ladrones, cobardes que buscan en la droga el coraje que les falta para realizar sus actos, y la mayoría de las veces lo hacen por miedo, porque están asustados.
Hay algo más detrás de todo esto, el disparador de hechos como el que hoy nos ocupa, a mi criterio, debemos buscarlo en otro lado, no es tan simple la cosa.
Tampoco el fanatismo extremo por una enseña deportiva puede llevar a realizar actos tan repugnantes como este. Estos tipos son delincuentes comunes enquistados en el seno de una institución y disfrazados de barras bravas, las barras pueden ser muy bravas, pero hechos de esta naturaleza escapan a toda lógica y comportamiento normal de estas hinchadas, por más "pesadas" que sean.
Esto fue simplemente un crimen incalificable, de la misma manera que lo fue el otro ataque a un pibe hincha de peñarol, al que también le encajaron un puñalada por gritar por su cuadro, esto no terminó en muerte gracias a la intervención de un hombre que se jugó para salvarlo, si no estaríamos llorando dos muertes.
En mi cabeza sigue dando vueltas y vueltas la idea de que hay algo más detrás de todo esto; no soy psicólogo ni sociólogo como para analizar conductas humanas, solo soy un observador acostumbrado a mirar en profundidad sin dejarme llevar por la fantasía o la fanfarria de las soluciones fáciles, es por eso que hay algo que no me cierra.
Tampoco con lo anterior quiero dar a entender que pudiera haber existido algo personal entre estos hombres que hubiera provocado este desenlace, ¡no& nada que ver!, yo busco por otros lados la razón de tanta demencia.
Peñarol había ganado el partido, por lo que su hinchada debió salir contenta y festejando luego de las últimas amarguras. La víctima de este suceso, aunque su cuadro había perdido, estaba acompañado de su esposa e hijo, difícilmente hubiera provocado un incidente que causara la reacción violenta de algún desquiciado, ¡entonces! ¿Dónde está el motivo? No se mata porque si nomás, por el solo gusto de hacerlo o por la ridícula razón de que alguien lleve puesto un gorro con los colores del ocasional rival.
Si esta fuera una razón andarían matando gente constantemente, porque es lo más común ver chicos y mayores vestidos con gorros y camisetas de Peñarol, Nacional o cualquier cuadro, caminando tranquilamente por las calles, aunque en este caso se trataba de Cerro.
¿Que es lo que trastorna a estas personas para que lleguen a extremos tan deplorables? ¿Qué los impulsa? ¿Qué hizo que estos sujetos cometieran semejante salvajada?
¡Pero acaso! ¿No se sabía que podían ocurrir este tipo de cosas?
¿Porque razón siempre se llega tarde a poner remedio a situaciones que son totalmente previsibles?
El problema con Peñarol es algo que se viene arrastrando desde hace demasiado tiempo.
Con el correr de los días he oído tantas cosas, diversidad de opiniones y aportes de soluciones que serían imposibles de reproducir. Hoy salen todos a golpearse el pecho y a poner el grito en el cielo.
¿Pero quienes son todos?
Todos, son los mismos que fanatizan a la gente a través de un micrófono, la pantalla de un televisor o la página de un diario; todos, son los clubes que le facilitan las cosas a estos energúmenos que llevan al paroxismo de la locura el fanatismo deportivo, les otorgan privilegios y entradas gratuitas; todos, son los que manejan los hilos de estos espectáculos como Tenfield y la AUF, espectáculos que de deportivos ya no tienen nada; todos, son los que curran con el fútbol y solo ven dinero para ganar tras un pelota, sin importarles nada más.
¡Cuidado!, no es mi intención meter a todo el mundo en el mismo paquete, porque en cualquiera de estos sectores hay mucha gente honesta que también son víctimas de las circunstancias, incluso dentro de las mismas barras.
Al que le quepa el sayo que se lo ponga.
Hubo una mano que empuñó el arma, pero muchísimos brazos que empujaron esa mano. Y esto es solo el comienzo.
Que nadie vaya a pensar que pretendo con esto ensayar ni la más tibia defensa de este ser repugnante que manejó el cuchillo asesino, nada más lejos de mi intención, más bien estoy denunciando a todos los asesinos que colaboraron en esta macabra ejecución.
Todo es negocio, y también el fútbol lo es, y no un simple negocio, es un enorme negocio, los hilos que lo mueven permanecen bien ocultos para que la mayoría de los hinchas ignoren como se manejan las cosas tras bambalinas.
Hace largo rato que el fútbol se ha convertido en una de las fábricas de dinero más grande del mundo, se manejan cifras impensables, se compran y venden personas (llámense jugadores) como si fueran objetos; pero el fútbol solo es la pantalla, el gran negocio es la televisión, ahí está el papá de la criatura.
La propaganda, el constante machacar y machacar con el fútbol, la sucesión interminable de torneos y el fanatismo inducido por los medios para atrapar clientela llegan el extremo de meter la patria por delante como una cuestión de honor u orgullo nacional; estas cosas llevan, inevitablemente, y principalmente a quienes tienen escasos recursos intelectuales, a hacer del fútbol, "lev motiv" de su existencia, productos de la propaganda que culmina con el lavado de cerebro de las masas de incautos que caen en el.
Distinta es la posición de los jugadores, ellos se ganan la vida jugando fútbol.
El hincha común es el que aporta los recursos para que el fútbol siga existiendo, los otros, los fanáticos y barra bravas, son los convidados de piedra y los que aportan desorden y están a la orden del día en la crónica policial.
Mientras muchos ganan fortunas el hincha común solo gana efímeras satisfacciones y muchos sinsabores, de eso se trata.
Al fanático y al barra brava les importa un pito el daño que le hacen a su propia institución, esta clase de irredentos son sanguijuelas prendidas a los clubes, están para otra cosa y solo buscan los beneficios personales que los clubes les brindan, no ven más allá, la vida no les ofrece otros atractivos, y el oscuro laberinto de sus mentes obtusas quedan encerrados en el pequeño círculo que gira alrededor de los colores de una camiseta cualquiera. Pero repito, no son todos.
Aparentemente a nadie le llama la atención que en medio de este mundo convulsionado e injusto, donde pululan las guerras y a diario mueren de hambre y enfermedades miles de niños y personas de todas las edades, se desarrolle concomitantemente, en ese mismo mundo, una actividad deportiva exagerada que va más allá de lo razonable.
Pero este triángulo tiene muchos ángulos, y como les decía, el fútbol se ha convertido en un gran negocio de alcances inimaginables, igual que una infinidad de deportes con que nos saturan a diario.
Deporte y política caminan de la mano y está todo digitado para embrutecer y distraer.
Quizás por allí podamos encontrar la punta del hilo que nos lleve a la madeja.
¿Qué nos trasmite tanto deporte? ¿La falsa idea de un mundo armonioso y en paz? ¿O una máscara para ocultar la realidad y donde esconderse, como el avestruz, para no ver las cosas feas que este mundo caótico nos ofrece?
Nos inundaron de deportes, de distracciones y entretenimientos baratos.
¡Una lavativa!
Muchos años atrás no existían las barras bravas, estas hicieron su aparición, en su estado más febril, junto con la televisación de los partidos de fútbol.
A partir de entonces se han adueñado de los clubes, son ellos quienes mandan y no hay dios que les ponga freno, entonces los clubes son culpables por permitir esta situación, pero no hacen o no pueden hacer nada, porque los dirigentes les tienen miedo.
¿Hasta cuando las mafias de las barras bravas seguirán, como parásitos, comiendo y destruyendo todo?
Todo ese montaje de cintas y papel picado, cohetes, bengalas, banderas, tamboriles y bombos, es solo camelo.
Camelo, sí, solo camelo para la televisión, hay que darle al espectador todo ese espectáculo multicolor para que encienda un televisor y disfrute cómodamente sentado en su casa (previo pago de una suma considerable para que lo conecten al cable) de este fútbol a la "carte" prefabricado y retorcido, armado, cocinado y servido en la mesa para gusto del consumidor.
Si algún día se destapara la olla podrida que hay detrás del fútbol comprenderíamos con rabia como nos han estafado, como han jugado con los sentimientos de la gente y hemos sido manejados, como vulgares marionetas, para fomentar y llevar adelante el gran negocio de la era moderna.
Por estos lados nos creemos muy vivos, pero en realidad somos un montón de perejiles, que al son de las trompetas, bailamos el ritmo que nos tocan.
Tras la "gloriosa celeste", las banderas y el himno de la patria, salimos a jugar partidos internacionales como si fuéramos a la guerra. Se usan los símbolos patrios para enardecer multitudes, también la prensa colabora con la "manija" constante de quienes también viven de este gran negocio que, tras cortinas musicales alusivas a grandiosos acontecimientos e interminables gritos de gol, nos empujan, nos llevan y nos soliviantan el ánimo hasta que quedamos prontos y adobados, "como pal' horno", dijera Landricina en un conocido cuento.
Algo parecido sucede en los encuentros de entrecasa, donde se le pretende dar lustre a este fútbol menor mediante el sistema de machacar y machacar en mil programas deportivos que inundan los canales de radios y televisión, todo con la intensión de justificar la presencia en pantallas o la concurrencia de la gente a las canchas, ¿Y para que? para ver un espectáculo futbolístico lamentable, en un medio lamentable.
Solo el fanatismo puede arrimar a la gente, porque no hay nada para ver, los partidos y el fútbol son deplorables, aburridos y por momentos insoportables.
No tengo datos, pero seguramente debemos ser el país que tiene más periodistas y programas deportivos dedicados al fútbol "per cápita" en el mundo.
Tanto nuestros jugadores, como la gente que le gusta el fútbol y hasta el propio periodismo deportivo, cargan sobre sus espaldas desde épocas inmemoriales la espada de Damocles de haber ganado en algún lejano tiempo títulos importantes dentro de este deporte.
Hasta nos hicieron creer que éramos invencibles, que "donde juega la celeste todo el mundo boca abajo", este mito finalizó en el año 1954, hace 56 años, una vida.
Títulos que el 95% de la gente que habita el país no vio, o no recuerda porque eran muy chicos cuando esto sucedía. Solo tocan de oído y se afilian a la teoría de lo que les contaron para seguir creyendo en pajaritos volando; de eso vivimos, de recuerdos; de eso nos fanatizamos, de ilusiones pasajeras.
Hoy nos hacen creer que si no ganamos hemos fracasado y cada vez que perdemos se consumen miles de horas de radio y televisión buscando culpables, excusas y motivos de tanta "mala suerte", luego, la guillotina de la prensa afilará la cuchilla para que rueden cabezas de directores técnicos, dirigentes, jugadores etc., porque aunque les parezca mentira, seguimos siendo los campeones de América y del mundo, los exquisitos, los de la garra, los de la gloriosa celeste, ¡dejémonos de joder de una vez por todas!
Políticos jugando a dirigentes de fútbol y dirigentes de fútbol jugando a políticos, fútbol, negocio y política, he ahí las patas de la sota.
Todo se justifica con lo de la idiosincrasia y la vieja excusa de darle una alegría al pueblo, gracias, pero el pueblo no necesita de estas alegrías, lo que el pueblo necesita es bienestar y que no les falte trabajo y comida, esa es la alegría que se le debe dar, lo otro son satisfacciones pasajeras que no llenan ninguna mesa.
Las manos que manejan las marionetas se sirven de todos, igual que en las guerras, la tropa es la que va al frente y esta sale de los estratos más bajos de la sociedad, son la carne de cañón, pero no les cuesta nada porque en su infinita ignorancia están dispuestos a pagar el precio, en el fútbol es lo mismo.
Cuando Cassyus Clay se negó a ir a la guerra de Vietnam fue acusado de cobarde y no se cuantas cosas más, y hasta lo metieron preso, pero no fue un cobarde, fue un hombre inteligente y un valiente porque se enfrentó solo al sistema.
Nosotros no somos inteligentes ni valientes, y estúpidamente nos dejamos enredar como moscas en la telaraña de mentiras tejidas por quienes manejan el negocio y nos llevan del hocico como el turco al oso del circo.
Es hora de que nosotros hagamos lo mismo con respecto al fútbol, ha llegado el momento de decir ¡basta!, ¡hasta aquí llegamos!
Cuando suceden cosas como las que acabamos de vivir no podemos dejar de ver la realidad brutal que se esconde en el fútbol, ¿que hay todo un entorno social detrás? ¡De acuerdo! pero el fanatismo, inducido o no, más la droga, el alcohol, la ignorancia etc., son también los elementos de los que se alimenta el monstruo, pero no son en absoluto la totalidad del problema.
Por ahí se dijo que también profesionales académicos integran barras bravas, y es cierto, estas barras las integran gentes de todos los estratos sociales, pero esto no cambia nada, hay muchos profesionales que pasaron por la Facultad, pero la Facultad por ellos no, lo vemos a diario, pero los que se queman y van al frente por lo general son otros.
En momentos de que esto escribo se habla de que ya se sabe quienes fueron los cómplices, si es así, también se debería saber quien es el asesino, porque los detenidos tarde o temprano van a hablar hasta por los codos tratando de ponerse en la mejor posición posible. Siempre fue así, a la hora del "apriete" hay que darles una piña para que abran el pico y cien para que se callen la boca, les espera muchos años de cárcel& ¡Pienso! Y no creo que nadie esté dispuesto a comerse un "garrón" de esa naturaleza.
Este ser enfermo, detestable e infrahumano, que fue capaz de empuñar un cuchillo para segar una vida por gusto, es tan culpable como todos los que están detrás de la parte sucia en el negocio del fútbol, estos fueron quienes realmente movieron su brazo asesino, el solo fue el instrumento, el descerebrado que culminó la obra.
Pueden imaginar mil soluciones, esgrimir leyes y sacar decretos de la manga, pero nada será realmente efectivo porque el gran negocio deberá seguir funcionando, aún a costa de vidas y rejas.
Esto sucede no solo aquí, en el Uruguay, pasa en todos lados porque el negocio es el mismo y es mundial.
Tenemos el ejemplo, bien cerquita nomás, en la Argentina, ¿Cuántas muertes se han producido en partidos de fútbol? Sin embargo el circo continúa y siguen habiendo muertes a pesar de vigilancias y medidas adoptadas, mientras las barras bravas continúan haciendo de las suyas, escondidos y protegidos dentro de los propios clubes.
También se habla de la prohibición de entrar a las canchas de elementos conocidos y considerados peligrosos, pero es que estos sucesos generalmente no ocurren dentro de los estadios, sino fuera de los mismos y luego de terminados los partidos.
La última onda de estas barras es entrar al estadio a los 20 minutos de comenzado el partido, o sea que lo que menos les interesa es el encuentro en sí, van a otra cosa, y hay ojos en el público y cámaras de TV listas para ellos cuando hacen su gloriosa entrada triunfal.
¿Como hacer para cortar esto?, porque hoy son unos y mañana serán otros, es una calesita que no se detiene nunca, y mientras muchos se llenan los bolsillos otros pagan con sangre o cárcel tanto desquicio.
¿Que hay que terminar con las barras bravas?, ¡cierto! y no debe de ser muy difícil si hay voluntad, hay que cortarles los víveres, después veremos cuantos quedan.
Pero lo terrible no son las barras en si, lo terrible es que dentro de estas barras puedan convivir elementos capaces de cometer semejante barbaridad y se pueda coexistir con ellos, porque no todos son iguales. No se debe confundir a las barras de aliento con estos elementos capaces de cualquier tropelía.
Y que no se me diga que la policía no los conoce, elementos tan peligrosos no pueden pasar desapercibidos
No creo que esto sea la solución definitiva, pero va a ayudar, y al periodismo deportivo le digo que baje la pelota al piso y se haga un análisis de conciencia, tampoco estoy diciendo que ellos sean los culpables.
La culpa se debe de encontrar en el montón de factores que se juntan para que estas cosas sucedan.
En el desgraciado caso actual, si se comprueba que son integrantes asiduos de la barra brava de Peñarol, de esos que no pagan y tiene la entrada asegurada, que no le saquen puntos, que desafilien directamente al club o lo suspendan por uno o dos años, si no está toda la dirigencia comprometida, por lo menos parte de ella debe saber muy bien a quienes les da entradas, deben hacer frente a las consecuencias de sus actos, y esto lo digo como hincha de Peñarol que soy.
Pero lamentablemente esta solución no va a ser posible, porque no van a matar a la gallinita de los huevos de oro, el negocio está primero y las luces del tablado deben de continuar encendidas.
Peñarol puede aducir, y seguramente lo hará, que el club no es responsable de las acciones de sus hinchas, ¡por supuesto& se entiende!, sería terrible que fuera así, pero si el individuo o individuos que cometieron este atropello consiguieron entradas gratis, ellos los pusieron allí, ¿o no?
Hoy le tocó a Peñarol, mañana puede ser Nacional u otro club cualquiera, que a nadie se le ocurra pensar que estos actos de barbarie son potestad exclusiva del Club Atlético Peñarol.
No hace mucho, y también contra Cerro, detuvieron a tiempo a varios hinchas de Nacional armados como para la guerra, con cuchillos, revólveres y acopio de municiones, el que lleva un arma es porque está dispuesto a usarla, de adorno no se portan.
Por ahora está todo convulsionado, el fútbol detenido, se aplicarán sanciones y surgirán medidas intentando controlar la situación, pero será un tiempito, como siempre, hasta que esto se calme y se olvide, no pasará mucho antes de que volvamos a las andadas.
Hay que tomar medidas drásticas& ¡ya!, nunca tan oportuno aquello de que "A grandes males grandes remedios", no sea cosa que luego se haga costumbre y estos sucesos pasen a ser solo una noticia más en la crónica policial de todos los días.
Se haga lo que se haga nada devolverá la vida a Héctor Da Cunha, un hincha de Cerro que cometió el fatal error de ir a presenciar un partido de fútbol& con su esposa e hijo, y que estos tuvieron el terrible infortunio de ver y soportar, indefensos, como asesinaban al ser querido delante de sus propios ojos.
Ella, por mujer y por fuerte, sabrá sobrellevar la desgracia, pero, ¿como borramos de la retina y memoria del niño este horroroso suceso?
Debemos descolgar el cuadro de Obdulio Jacinto Varela de la pared y olvidarnos de glorias pasadas.
Ya lo he dicho en otras oportunidades, el honor de ningún país, cabe dentro de una pelota de fútbol, y el pueblo uruguayo no se merece esto.
Mientras tanto los estadios seguirán vacíos gracias a esos grupos que dicen querer y seguir a una institución, ¡mentiras! No quieren a nadie y solo le hacen daño al fútbol todo y especialmente al club que dicen querer, la prueba palpable es Peñarol, con los puntos perdidos está penúltimo en la tabla anual, flaco favor le hicieron.
De cualquier manera está muy claro que esto no es nada comparado con lo que hicieron.
Pero Insisto, no se que es, pero hay algo que no me cierra en todo esto, algo huele mal en Dinamarca dijo William Shakespeare en una de sus famosas obras.
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