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LA SELECCIÓN URUGUAYA NO
CLASIFICARÁ PARA ALEMANIA 2006
* Fernando Pintos
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Y bueno: finalmente se produjo el fatal desenlace. Jugando en calidad de visitante contra dos rivales realmente endebles -aquellos mismos que nos pintaron la cara, de manera vergonzosa e histórica, en el estadio Centenario-, este Uruguay de Jorge Fossatti apenas pudo empatar. Tanto la cantaleta de que "sobraron las situaciones de gol y que las pelotas no quisieron entrar ", como algunas otras ingeniosas justificaciones, en este momento están de más. A estas alturas, tenemos drásticamente agotado el capítulo de las justificaciones. Y también huelgan los berrinchitos de Fossatti contra la prensa. ¿O qué esperaba? ¿Perder la clasificación y que lo recibieran con alabanzas, aplausos y gemidos de plañideras alquiladas? ¿Tal vez soñará con ser recibido en gloria por las viudas de Gardel? ¡Que se lo saque de la cabeza con peine fino! Porque al igual que Gardel, la selección de Fossatti ya es historia. Una vez más, contando con un plantel plagado de estrellas altamente cotizadas e incluyendo en sus filas al flamante goleador de la liga española, Uruguay resultó impotente a la hora de jugarse el todo por el todo. Es decir: Uruguay fue un equipo anodino, ineficiente y con muy poco, por no decir ningún espíritu.
Así que digamos adiós a esa tabla de salvación vergonzosa, a esa ilusión bochornosa que habíamos estado acariciando desde tantos meses a la fecha: ganar cuando menos el derecho a un repechaje con el fútbol de Oceanía. Y digámosle adiós a esa posibilidad con alegría: cuando menos, la selección uruguaya no continuará haciendo sus papelones de costumbre a nivel internacional& Porque el hecho de que los uruguayos hayamos estado esperanzados con la remota posibilidad de conseguir un quinto lugar en la tabla sudamericana para ir a repechaje, ya de por sí es humillante y brinda una imagen acabada de nuestra decadencia futbolística. Posiblemente, además, ello está pintando un panorama bastante completo de nuestra decadencia como país, de nuestro quebrantamiento económico, del deterioro de nuestras instituciones, de nuestra devaluación como personas, de nuestra deteriorada autoestima& Felizmente, la mayoría de aquellos grandes jugadores que vistieron la camiseta celeste en 1924, 1928, 1930, 1950 y 1954, no habita ya este mundo. Porque si así fuera, más de uno se moriría de la pena y la vergüenza con este lamentable espectáculo. Y no sólo lo harían con justísima razón. También harían muy bien en hacerlo.
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Entrenamiento de la Nueva Selección Nacional
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Éramos reyes y ahora somos mendigos. Pero es ésta una extraña mendicidad. Países como Paraguay, Ecuador o Chile, no tienen ni la décima parte de los jugadores que nosotros tenemos jugando en el extranjero. Jugando, ganando excelentes sueldos y primas, cotizándose alto a nivel internacional. Pero parecería ser que ni el número ni las cotizaciones son importantes, aunque la calidad y la hombría sí que importan. Y repito, una vez más a riesgo de aburrir, que a la mayor parte de estos jugadores uruguayos de aquí y de ahora, lo que les falta es hombría. Y a todos esos desgraciados que han sido improvisados como directores técnicos de la celeste, suele faltarles de todo un poco, pero principalmente algo imprescindible: cerebro. Podemos agradecer a Juan Ramón Carrasco el que haya hundido, con su extraña y retorcida manera, a la selección, hasta llevarla a perder ignominiosamente, en el Centenario, contra Venezuela y Perú. Al menos, cuando dirigió a Fénix en la Libertadores de América, ganó en Montevideo a los pumas de la UNAM por cinco a cero, y fue a perder por idéntico marcador en Ciudad Universitaria de México. Y ése fue, a la postre, un mucho mejor resultado que dejarse golear, en casa, por venezolanos y peruanos. ¡Bravísimo, Carrasco! ¡Así se hace! ¡Nada de cosas a medias! Y también debemos agradecer a Jorge Fossatti, ése que pasó toda la Copa América santiguándose, la medianía con que ha dirigido a esta selección, los problemas con Recoba, los problemas con Forlán, jamás haberse fijado en Nery Castillo, los problemas con medio mundo& Y, principalmente, agradecerle que en este último partido contra Perú, tuviera el capricho de mantener en el campo de juego a Zalayeta y Chevantón, ese par de zoquetes, y la tardanza enfermiza en dar ingreso a Estoyanoff y al Chengue Morales, quienes hicieron las cosas muchísimo mejor que los anodinos sustituidos, aunque con poquísimo tiempo para producir algún cambio radical en el desenlace del encuentro. ¡Usted sí que aprendió bien de Víctor Púa, Fossatti! ¿Qué tal si ahora ensaya aquella cantinela de "ir a la guerra armado de escarbadientes"? Hablemos de Fossatti& Pero también hagámoslo acerca de los dirigentes del fútbol uruguayo. Alguna tara importante deben sufrir, pobrecillos, para ser incapaces de colocar un buen director técnico al frente de la selección nacional. Bien podrían traer a un extranjero, como Carlos Bianchi, Bora Milutinovic o el ingeniero Pellegrini, pero no lo hacen. Podrían traer a algún uruguayo de los que dirigen en el extranjero, como Nelson Acosta o el Pocho Cortés, pero no lo hacen& De seguro resultaría excesivamente caro y les restaría a ellos viáticos y prebendas. Para colmo, cuando se les ocurre optar por un D.T. extranjero, ¿a quién eligen? A un personaje detestable, como Daniel Passarella. Pero. existe explicación para todo: seguramente, lo habrán elegido por aquello de que Dios los cría y ellos se juntan.
Por si todo lo antedicho fuese poco, analícense cuidadosamente los guarismos acumulados por la selección uruguaya a lo largo de los 15 partidos disputados en las dos ruedas de esta penosa serie eliminatoria. De estos 15 encuentros, Uruguay apenas ganó cuatro, empató seis y perdió cinco. Lo menos que hizo fue ganar, como bien se verá. Despues, con 19 goles a favor, ocupa el sexto lugar en efectividad (si la clasificación se ganara por capacidad goleadora, estarían fuera del repechaje). Pero, lo peor de todo es que con 26 goles en contra, Uruguay es la segunda defensa más goleada, superada apenas por la endeble defensa boliviana, que ha recibido 30 anotaciones, a razón de dos por encuentro. Con esos asquerosos numeritos, que son nada menos que fruto de la inoperancia, la inefectividad, la mediocridad, la impotencia y el cretinismo aunados de directivos, entrenadores y jugadores, ni siquiera el mismísimo Cándido de Voltaire podría hacerse ilusiones de ver a la celeste jugando el Mundial de Alemania 2006. Y este columnista tampoco se hace ilusiones. Porque es mejor que esto se corte ahora, que exponerse a todo color en la gran vidriera universal, para protagonizar papelón tras papelón y tropiezo tras tropiezo, frente a miles de millones de posibles espectadores de la televisión satelital.