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“Los locos que guían a los ciegos”:
Hacia una nueva crisis
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| por Agustin Etchebarne |
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1ª Parte: el Problema
Los últimos 80 años muestran una decena de intentos de encontrar un rumbo de crecimiento rápido y sustentable. Todos ellos acabaron en una nueva crisis profunda. La mayoría incluyó cambios apresurados de gobierno: 1930, 1943, 1955, 1962, 1966, 1970, 1976, 1983, 1989, 2001. Una visión posible es que esto obedece a cierta tendencia ciclotímica de los argentinos. Cuando todo va relativamente bien, ante la primera señal de alerta “construimos una visión catastrófica del futuro que inevitablemente se precipita hacia el presente”. Bastaría entonces con que el gobierno se concentrara en solucionar los problemas actuales -inflación, crisis energética, corrupción- para proyectarnos al mediano plazo y lograr el crecimiento sostenido.
Pero el problema es más complejo y sólo encontraremos su solución si logramos desentrañar su origen. En ese sentido existen dos temas fundamentales, uno de largo plazo y otro de corto plazo, ambos profundamente arraigados en nuestra sociedad y en nuestros dirigentes.
El profesor de Harvard, Dani Rodrik, en su libro “One Economics, many recipies”, muestra que nuestro caso no está sólo en el mundo. De hecho existe una fuerte correlación entre los países que tienen sólidas instituciones con alto crecimiento y baja conflictividad; mientras que los países con instituciones débiles suelen tener bajo crecimiento, alta conflictividad y crisis recurrentes.
¿No será entonces el principal problema la carencia de instituciones sólidas? Argentina creció fenomenalmente desde que terminó el período guerrero con la caída de Rosas. Al año siguiente, en 1853, se estableció una Constitución, escrita por Alberdi e inspirada en la de California, de 1849. Esta Constitución logró morigerar las disputas, una vez que la adoptara también la provincia de Bs. As., en 1860. A partir de entonces y hasta la guerra del 14, nuestro crecimiento sólo fue equiparable al de California y pocos países más. En pocas décadas, el país pasó de ser uno de los más pobres de América a la 7ª economía más avanzada del planeta.
Si la Constitución fue la piedra fundamental de las instituciones, el camino de sus reiteradas violaciones mostrará el derrotero de la declinación Argentina:
Ya en 1890, con Juarez Celman, una crisis financiera obliga a la renuncia del presidente; asume su vice, Carlos Pellegrini, y se promulgan impuestos inconstitucionales.
A los pocos años en 1907, bajo la presidencia de Figueroa Alcorta, se produce el robo más grande de nuestra historia(1); de un plumazo se destruye todo el andamiaje de propiedad privada y se nacionaliza el subsuelo. A partir de allí, el Estado pasa a ser riquísimo y desde entonces muchas de las grandes fortunas nacen de él. Luis Majul describe con detalle -en su libro los dueños de la Argentina- la relación entre muchas de las principales empresas y el Estado Nacional: Perez Companc, adjudicatario de zonas petroleras, Techint proveedor de caños sin costura para YPF, Bridas proveedor de YPF; Loma Negra proveedor de cemento para obra pública del Estado... La Ley de Compre Nacional fue un hito del crecimiento de esta “Patria Contratista”, que junto con los sindicatos y los bancos son las tres corporaciones que más beneficios obtuvieron del poderoso Estado nacional.
En 1927 la Corte Suprema de Justicia aceptó que los impuestos promulgados en 1890 eran inconstitucionales, pero consideró que en virtud del crecimiento de la administración estatal resultante de dichos ingresos, resultaban indispensables para evitar su colapso. A ese engendro jurídico se lo llamó: Doctrina de Facto. (2)
Utilizando la nueva doctrina, la Corte aceptó el gobierno revolucionario, de facto, de Uriburu. Desde entonces, al poder se llega de dos maneras: por elecciones democráticas o de facto.
La larga crisis del 30, generó nuevos inconvenientes, en 1932 el gobierno legisló el nuevo impuesto a los réditos, limitado en el tiempo a tres años hasta que se superara la crisis. A eso se lo llamó Doctrina de la Emergencia. Pero tanto el nuevo impuesto como la emergencia fueron prorrogados hasta nuestros días, aumentándose sucesivamente su alícuota y cambiando su nombre por el de impuesto a las ganancias. Ambas doctrinas, de Emergencias y de Facto, terminaron de destruir nuestra Constitución.
En la década del 30 se siguió avanzando sobre las libertades individuales, se dictó la Ley de Alquileres (reduciendo un 20% su precio) robando parte de la propiedad de los inversores inmobiliarios. Más tarde, el gobierno de Perón complicaría el problema con la ley de Congelamiento de Alquileres, provocando una fuerte reducción de inversión privada para viviendas en alquiler (principal causa de la aparición de villas miseria). La creación de la DGI y del BCRA(2) como señala Meir Zylberberg fueron otros hitos importantes en el avance de las instituciones totalitarias. Con respecto a la moneda, basta con señalar que desde la creación del BCRA, la moneda se devaluó hasta un punto tal que hoy son necesarios 31.000.000.000.000 de pesos para comprar 1$ m/n de 1935. La sorpresa es que aún hoy muchos economistas insisten en señalar que el peso devaluado es la solución de nuestros problemas.
En 1949, Perón decidió sepultar definitivamente la Constitución liberal americana de 1853-60, y se dictó una nueva Constitución con el modelo fascista-europeo. En 1957, La Revolución “Libertadora” restableció la Constitución liberal, pero con un agregado –el art. 14 bis- contrario a las ideas liberales de Hume, Locke y Adam Smith, que originalmente inspiraron a Alberdi.
Mientras tanto, la Constitución renovada jamás llegó a cumplirse. Sus principios básicos, la República y el Federalismo fueron continuamente violados hasta su desaparición completa. Todos los gobiernos, con la excepción de Illia y De La Rúa, cambiaron la Corte Suprema, y destruyeron la independencia judicial. El Ejecutivo gobernó por Decretos de Necesidad y Urgencia tanto en gobiernos civiles como militares, sepultando la división de poderes. El Federalismo desapareció bajo el peso de los impuestos federales y de la supuesta Coparticipación Federal. Por fin, cualquier Ministro de Economía pedía la suma del poder público para cambiar leyes e inventar todo tipo de nuevos impuestos (Lavagna, Cavallo, Machinea, Fernández, por citar algunos).
Con la destrucción de nuestras principales instituciones, Rodrik nos aseguraría alta conflictividad y un bajo crecimiento con gran volatilidad… Y eso obtuvimos.
El segundo tema es la utilización de la macroeconomía en el corto plazo. En el mundo los macroeconomistas intentan morigerar el ciclo económico utilizando sus herramientas, monetarias y fiscales, para desacelerar el crecimiento cuando se crece por encima de la tendencia (de manera inflacionaria) y para incentivarlo si caen por debajo de la misma (y hay deflación).
En Argentina, incentivamos el crecimiento cuando vamos rápido y estamos obligados a hacer el “ajuste” cuando caemos en recesión. Kirchner no es la excepción, hoy crecemos por quinto año consecutivo al 9% anual, bien por encima del crecimiento tendencial y con graves problemas inflacionarios. Sin embargo, el gobierno aumenta un 40% el gasto público y entre un 25 y un 33% la cantidad de moneda.
No es necesario ser un genio ciclotímico para presentir hacia dónde vamos.
(*) Cita del Conde de Gloucester al ver pasar al enajenado Rey Lear guiando a un ciego: “Es el mal de nuestros tiempos, los locos que guían a los ciegos”… W. Shakespeare - King Lear.
(1) Guillermo M. Yeatts, El robo del subsuelo.
(2) Meir Zylberberg , Las raíces totalitarias del fracaso argentino. De la emergencia de 1932 a la de 2006.
Agustin Etchebarne - Lic. en Economía y socio de Delphos Investment, consultor de Economía, Finanzas y Mercados Internacionales. Fue fundador y ex presidente de Democracia Directa y de Ciudadanos por el Cambio.
Fuente: Fundación Atlas 1853
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