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Año IV - Nº 248
Uruguay, 24 de agosto del 2007
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Julio Dornel

Revisando la Historia 
“Sembrar en los niños la duda razonable” 

por Julio Dornel
 
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            Durante los festejos relacionados con un nuevo aniversario de la Jura de la Constitución realizados recientemente en Villa 18 de Julio, él maestro Alexander Cardoso destacó durante la oratoria una “visión diferente  a la que habitualmente se plantea en estas  conmemoraciones”.

            Por ese motivo y queriendo ampliar el enfoque ofrecido en aquella oportunidad, volvemos sobre el tema contando para ello con la buena disposición del joven docente. “La tarea encomendada no pretende ser ni una aseveración  ni un cúmulo de datos, nombres y fechas, ya que esta información puede ser encontrada detalladamente  en los libros de historia de cualquier biblioteca y por otra parte  no es esa la intención de este trabajo. Partiendo de la base de que los historiadores  más reconocidos de nuestro país   han depositado  en libros el resultado  de investigaciones que nos brindan un marco teórico  fuerte para comprender y desarrollar una serie de causas, motivos e intereses  que desembocaron  en la elaboración de nuestra constitución, pretendemos plantear una visión un tanto diferente a la que habitualmente se plantea en conmemoraciones como esta. Me apoyo entonces  en estas investigaciones  y propongo la reflexión  colectiva de un acontecimiento histórico que ha sido pilar en el desarrollo de este país  como estado independiente. Invito a esta discusión al colectivo puesto que la historia no es y no debe ser, patrimonio de eruditos y considero imprescindible  que el pueblo se apodere de ella, ya que la nuestra es una historia construida desde la gloria y que debemos ciertamente revisar, si queremos comprender nuestro presente y trabajar por el futuro. Es una realidad  insoslayable -dijo Cardoso- que el ser humano avanza a partir del cuestionamiento  de las certezas  y como maestro joven  no debo ni puedo escapar a esta realidad histórica. Con esa convicción como bandera  trato cada día desde el aula de sembrar en los niños de hoy, hombres y mujeres dentro de muy poquito (y por cierto sujetos de derechos) la duda razonable. ¿Qué significa la duda razonable?  ¿Cómo se construye la duda razonable?  En nuestra opinión, realizamos una lectura consciente, reflexiva y crítica  de nuestra historia, y para ello es imprescindible el diálogo  frontal y colectivo sin más diferencias que las proporcionadas por nuestros talentos  y virtudes como lo dice claramente nuestra constitución y me permito agregar y resaltar, más allá de los rangos y el poder.  Por ello y  porque no puedo apartarme de mi condición de docente, no pretendo por este medio ni aplaudir ni atacar la génesis de una constitución que dejó sin dudas mucho que desear, no pretendo sostener verdades absolutas sino tratar de plantear una discusión  sana, tolerante y enriquecedora, acerca de la responsabilidad y el compromiso que tenemos todos los ciudadanos frente a ella, a pesar de los errores que desde  su nacimiento la hicieron desmantelarse y desmantelar  a una nación por entonces endeble. Sería redundante definir Nación y lo que se requiera para conformarla, pero también creo que los sentimientos son muy difíciles de   definir y en el mundo existen múltiples ejemplos de que la nación es un sentimiento y que puede mover a los pueblos a las mayores proezas. El pueblo oriental fue el primer pueblo de América en mantener ese sentimiento vivo más allá del territorio y del despojo ocasionado por el destierro ya que estuvo consagrado como Nación, ideológica, social y humanamente allá por el año 1811, en esa manifestación de identidad imborrable como lo fue la emigración, redota o éxodo del pueblo oriental. Quiero creer y creo que entre nosotros vive por lo menos un poquito de esa línea que nuestros antepasados nos legaron pero que cuando se juró esta Constitución brilló notoriamente por su ausencia. Estaba el territorio, estaba el ejercito pero faltaba el pueblo que tenía en su  recuerdo una imagen imposible de opacar, la imagen del único hombre capaz de liderar con justicia  un pueblo tan diverso como grandioso, alguien a quien no hacía falta nombrar para reconocer, el gran Jefe José Artigas. Es que esta Constitución, nacía tan necesaria como utópica. Sustentada en la defensa de la propiedad privada a cualquier costo, se olvidó que los dueños de la propiedad no eran precisamente los que más  habían luchado por nuestra soberanía. Y “olvidos” como estos, fueron los que la tornaron tan débil como una copa de cristal en una pulpería, que ante la menor revuelta todos saben de ante mano que será la primera en destrozarse. Será tal vez que la mano del gaucho estaba demasiado zanjada y áspera de tomar el puñal primero y la herramienta después, como para ceñirse  a las imposiciones del godo, o será que el amor por la libertad no le permitía aceptar el despotismo de Estado. Personalmente considero, que desde entonces ya, no se convencía con cuatro mentiras, al que de la patria sabía más que de las leyes. Esa Constitución, a pesar de las reformas varias realizadas, ni pudo entonces ni pudo nunca contemplar a los Orientales de a pie y nosotros “tan ilustrados como valientes” no hemos sabido o no hemos querido enmendar tal error, y si algunos tiene alguna duda, basta con leer  en la Sección II, DERECHOS DEBERES Y GARANTIAS capítulo I artículo 7 donde dice textual: “Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecieren por razones de interés general”.

             “Hay que tener mucho cuidado” -dijo el maestro Cardoso- “con lo que se entiende por interés general. Porque si algo está claro es que en general este país ha estado en deuda, una deuda que más temprano que tarde debe ser paga, y es deber de todos nosotros velar porque esto suceda. Porque aunque las utopías  sirvan para caminar, nuestro pueblo hace mucho tiempo que viene caminando y los que más han avanzado no son precisamente los que más llagas tienen en sus pies. Habría mucho para discutir acerca del origen y evolución  de nuestra constitución, pero mucho más acerca de lo que le debemos nosotros a esa misma Constitución, o en otras palabras; lo que le debemos a la gran mayoría de los orientales que han sido víctimas del manejo del Estado como una propiedad por parte de cúpulas que han ido acumulando y abusando del poder. Propongo entonces, reflexionar fundamentalmente acerca del compromiso que todos los ciudadanos debemos tener con este documento, porque a pesar  de las críticas, justificadas o no, este documento es una garantía  que nos permite coincidir y discrepar. ¡Basta ya de pecar de olvido! En las épocas más oscuras de nuestro país, fue justamente cuando nuestra Constitución fue más desconocida por el autoritarismo, fue víctima del manoseo y el despojo respondiendo a intereses que nada tenía que ver ni con la ciudadanía, ni con la soberanía, ni mucho menos con la patria. Y fue precisamente la época  en la que los orientales todos, fueron más vulnerables que nunca al Despotismo en su peor forma, como lo fue el ejercido desde el Estado, el que no respetó  a los representantes  del pueblo y por consecuencia  atentó contra la democracia y la libertad. Por eso, a pesar de las críticas y de los aplausos, sostengo firmemente que debemos rescatar la importancia y el inmenso valor  del documento, pero fundamentalmente el compromiso de todos, con nuestras coincidencias y discrepancias, de asegurar que nunca más se desconozca  esta herramienta de democracia, de asegurar que de una vez por todas, el sueño de Artigas se haga realidad y los más desposeídos finalmente sean los más privilegiados. Oriental, en nuestra historia está nuestro destino, en nuestras manos la construcción, en todo y en cada uno, asumir el compromiso.”

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