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| por El Cordobés Errante |
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La siniestra hipocresía
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"Respeto al Comunismo, solo puedo decirles una cosa, NO SOY COMUNISTA, ni los comunistas tienen fuerza para ser factor determinante en mi país..." (Fidel Castro - Discurso ante la Sociedad Americana de Editores de Periódicos de Washington, DC. USA. Abril 18, 1959]
“De ninguna manera caeremos en la órbita del Comunismo internacional, puesto que nunca recibimos ayuda de ellos para hacer la revolución, ni la pediremos para defenderla. Nos apoyaremos en la opinión pública de los pueblos de América” (Fidel Castro - Publicado en el periódico cubano Revolución el 23 de Enero de 1959]
En 1996 se celebró la Cumbre Iberoamericana en Viña del Mar, Chile. Desde entonces y hasta ahora, los máximos mandatarios de los países iberoamericanos vienen firmando todos los años declaraciones finales en las que los participantes ratifican su "compromiso con la democracia, el estado de derecho y el pluralismo político''. Lo paradojal es que durante estos once años, la dictadura totalitaria de Cuba ha signado todos y cada uno de estos documentos.
La primera vez que Castro firmó tal declaración, algunos se ilusionaron creyendo que el viejo tiranosaurio se estaba civilizando y que los años de la “pluriporquería” comenzaban a quedar atrás, como un triste recuerdo de la peor historia del pueblo cubano.
Más de una década después, el tiranosaurio marxista, a pesar de estar medio muerto, destruido física y mentalmente, con un ano “contra natura” y la mayoría de sus neuronas también, todavía sigue aherrojando las libertades elementales de los cubanos, prohibiendo la existencia de partidos políticos, excepto claro está al totalitario partido comunista, y persiguiendo sin piedad a periodistas y medios de prensa, que con heroica dignidad, se niegan a ser amanuenses del moribundo déspota y su régimen liberticida.
Ser, y proclamarse, libre pensador, siempre ha sido muy peligroso donde mandan los tiranos.
Si bien Castro es un ejemplo extremo de hipocresía política (los dos fragmentos transcriptos en el acápite de este artículo no tienen desperdicio), al mismo tiempo no deja de ser un ejemplo emblemático del doble discurso que afecta e infecta la ética política de la inmensa mayoría de los más conspicuos representantes de los izquierda iberoamericana, a la que lamentablemente no escapa la “fuerza política” que hoy gobierna la República.
Vaya un botón como muestra.
El 3 de julio de 2007 el Partido Nacional (1) impulsó una moción en la Cámara de diputados que intentaba repudiar el atropello perpetrado contra la libertad de prensa en Venezuela por el unicato de gobierno que rige en ese país, que en mayo de este año clausuró las estaciones de radio y televisión de la opositora Radio Caracas Televisión. (RCTV). El tema ha tenido una amplia cobertura de prensa a nivel mundial y por lo tanto no amerita extenderse en detalles, pero nos va a servir para demostrar el flagrante doble discurso de la izquierda telúrica que hoy nos gobierna.
Este atropello a una de las libertades básicas de cualquier sociedad democrática, fue perpetrado por la última rutilante estrella de la farándula política de la izquierda latinoamericana que, con excepción de los desgraciados sucesos de 2002, es el único golpista –y por partida doble-, de los últimos 46 años de la historia venezolana, el coronel Hugo Chávez Frías.
Un personaje grotesco, racista, golpista y violento, admirador de la periclitada satrapía cubana y descarado cultor de los métodos brutales de las S.A. hitlerianas. Un histrión que a fuerza de repartir insultos y petrodólares a diestra y siniestra, -literal y respectivamente-, se alquiló un lugar destacado en la galería de los nuevos héroes mediáticos del mundillo progresista. Y si bien muchos de los intelectuales de la “gauche caviar” reconocen en privado la mediocridad intelectual, el discurso barato y el inocultable sesgo populista y narcicista del mediático líder caribeño, igualmente lo defienden, porque en su visión maniqueísta del mundo, pese a todos sus defectos, Chávez decididamente está del lado ideológicamente correcto, o sea el de ellos, y eso, como siempre, alcanza y sobra para justificar cualquier tropelía que Chávez se mande.
Exactamente como en el pasado lo hiciera con Stalin, con Mao, con Khadaffi, y como todavía hoy lo sigue haciendo con Castro, la izquierda internacional ha incluido a Chávez como uno más de los intocables que, por razones políticas e ideológicas, califican para integrar la larguísima lista, en versión zurda, del tristemente famoso “our son of a bitch” del presidente Rooselvelt.
Con estos conspicuos antecedentes a nadie le llamó la atención que la moción de condena al gobierno de Venezuela no prosperara. Como era esperable en la Cámara de Representantes la totalidad de legisladores del Frente Amplio sostuvo que su posición oficial como “fuerza política” es la de “no intervenir en los asuntos internos de otros países”.
Si alguien tiene dudas basta darse una vueltita por la página web del diputado comunista Doreen Ibarra. Allí puede leerse lo siguiente:
“Requiero que la pretensión de algunos legisladores de la oposición, para que se emita una declaración en contra del gobierno de Venezuela en este tema, sea desechada, en defensa de la soberanía y autodeterminación de los pueblos.” [Doreen Javier Ibarra. Secretario General del Frente Izquierda de Liberación]
O para estar mas seguros aquí está la palabra del superior gobierno por boca del propio canciller de la República: “Estamos siguiendo de cerca el tema, pero la postura de la Cancillería es que este es un asunto interno de Venezuela que se rige por la legislación venezolana, como los medios de comunicación a los que ustedes pertenecen se rigen por la legislación uruguaya, y los otros estados no tienen derecho a intervenir en los problemas internos de otros países.” [Reinaldo Gargano, ministro de Relaciones Exteriores, La República, 31/5/2007].
Uno que ha transitado desde hace muchos años como observador, muchas veces privilegiado de la historia, sabe muy bien que semejante prurito ético no intervencionista suele atacar a la izquierda cuando algún país dominado por un régimen ideológicamente afín se lleva por delante los derechos elementales de sus ciudadanos o los de su vecino del patio trasero. Basta recordar las patéticas justificaciones de lo ocurrido en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968 o en Afganistán en 1979.
Ahora veamos la otra del queso progresista.
Fíjense en esto.
El lunes 23 de julio de 2007 la Mesa Política del Frente Amplio emitió una declaración que expresaba: "su más fraterna solidaridad con las luchas de los trabajadores y el pueblo peruano, con la huelga nacional de los días 11 y 12 de julio, con la prolongada brega del magisterio y con las reivindicaciones de las organizaciones sociales y populares". Además, "rechaza la política represiva que el presidente Alan García colocó en manos de las Fuerzas Armadas y que ha ocasionado detenciones, entre ellas las de dirigentes sindicales, políticos y campesinos".
Y remató esta resonante muestra de cómo se hace para “No intervenir en los asuntos de otros países” con esta perlita:
"Los pueblos de América Latina se consustancian con la lucha de los trabajadores y el pueblo de Perú contra el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y por un cambio de rumbo en la vida de ese país."
Tiempo estimado entre las dos declaraciones: 30 días.
Los comentarios deberían sobrar, sin embargo pude escuchar como un periodista progresista insultaba la inteligencia de los uruguayos intentando establecer que existe una diferencia entre el Frente Amplio y el gobierno. En cualquiera de los gobiernos anteriores tal cosa hubiera sido de recibo, dado que era público y notorio que el gobierno estaba integrado por una coalición de partidos, pero en este gobierno, integrado de arriba abajo por los más representativos y altos dirigentes de la “fuerza política”, sostener que las declaraciones oficiales del Frente no tienen que ver con lo que opina el gobierno, es tan ridículo como sostener que aquel entrañable muñeco llamado Chirolita podía decir algo sin la intervención de su alter ego, el recordado ventrílocuo Mister Chasman.
La hipocresía, esa forma cobarde del cinismo, cuando se torna un instrumento habitual tiene como consecuencia inevitable que, tarde o temprano, el doble discurso se vuelve insostenible y la inmoralidad política de los farsantes queda expuesta ante la opinión pública.
Lo que los hipócritas ignoran o desprecian es que la única forma de transitar por el mundo de la política sin mácula es hacerlo con grandeza, y eso excluye siempre al doble discurso y la hipocresía. Los hombres que han sido grandes en la política fueron aquellos que en el acierto o en el error, en la victoria como en la derrota, sobre todo en esta última, siguieron siendo fieles a sí mismos y a sus principios más allá de las personas involucradas.
Esa es la principal diferencia entre los auténticos defensores de las libertades humanas y republicanas, y quienes integran el patético corso de tramoyistas éticos que, según quienes sean las víctimas del atropello y quién sea el atropellador, denuncian o justifican la alcaldada de turno.
La hipocresía como medio justificado por el fin supuestamente superior de las ideologías dogmáticas y cerradas, ha sido históricamente un instrumento político utilizado a diestra y siniestra por los totalitarios de todos los tiempos. Pero ha sido la izquierda el ámbito donde más se ha extendido la ética cojitranca del doble discurso en ancas de sus intelectuales mas conspicuos. Desde Galeano a Saramago y de Sartre a Noam Chomsky, los mayores cultores de la hipocresía política son tan siniestros en su ética como en su ideología.
Decía Abraham Lincoln que se puede engañar a todo el mundo durante un tiempo. También se puede engañar a algunos todo el tiempo. Pero definitivamente no se puede engañar a todo el mundo, todo el tiempo.
Hubo una vez un país llamado Unión Soviética.
Durante más de 70 años el régimen totalitario soviético trató de engañar a todo el mundo, todo el tiempo.
Implotó en 1989.
Tome nota el superior gobierno, la mesa política del FA, Chasman y Chirolita.
Tupambaé, agosto de 2007
(1) - El Espectador 04.07.2007 Oficialismo rechazó condena a Chávez por caso RCTV
Los diputados del Frente Amplio rechazaron ayer una moción de condena al gobierno de Venezuela presentada por los legisladores de la oposición. El planteo había sido realizado por el Partido Nacional, quien pedía repudiar la decisión del presidente Hugo Chávez, de no renovar la concesión de la onda a Radio Caracas Televisión.
Durante la sesión el diputado colorado Washington Abdala, dijo que sus colegas frenteamplistas iban como “ovejitas” en defensa de Chávez y que eran “genuflexos”.
Desde la bancada oficialista se mantuvo la posición de “no intervenir en los asuntos de otros países” y la acusación a RCTV de haber respaldado el golpe de Estado del 2002 contra Chávez.
Al momento de la votación los parlamentarios blancos y colorados se retiraron de sala
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