Año III - Nº 110 - Uruguay, 24 de diciembre del 2004

 

 

 

 

Ejercicio humorístico:
entre lo idílico y lo real&

Fernando Pintos


La publicidad es una bendición, sobre todo para los publicistas, que tan bien viven gracias a ella. Pero también para los periodistas, pues privados de ella, los medios masivos de comunicación contemporáneos no podrían existir. Sin embargo, esas imágenes que proyectan los anuncios publicitarios son& ¿Cómo decirlo con la mayor precisión? Tal vez idílicas sería el vocablo más adecuado, aunque muchos preferirían un término mucho más crudo y directo: irreales. La anterior reflexión me conducido a pergeniar el siguiente travieso ejercicio de fantasía humorística, en donde la realidad podría estar un poquitín exagerada& Y espero que nadie se ofenda con mis inocentes acotaciones.

Lo idílico: Una dulce ancianita está tejiendo con placidez en la sala de su casa, acompañada por el gato mimoso. Afuera, un delincuente manipula el pestillo de la puerta. La señora se pone a ladrar carrasposamente. El infame ladronzuelo huye esgrimiendo su inofensiva linterna. Adentro, la viejecita sonríe satisfecha&
Lo real: La señora está inquieta y esgrime una cuchilla con hoja de 30 centímetros, mientras esboza un rictus de aprensión. La contaminación ambiental y múltiples agentes químicos en el agua han transformado a su manso gatito en una alimaña mutante con antenas y colmillos de sable. ¡Y se devoró ni más ni menos que 18 vecinos tan sólo en la última semana! ¿Será ella la próxima víctima? Se escuchan tremendos ronquidos de motor en la calle. Repentinamente, un bulldozer hace añicos la puerta e irrumpe en la sala, seguido por una partida de asesinos truculentos armados con metralletas. Se escuchan balazos, aullidos lancinantes, granadas que estallan& Parece una réplica de la batalla de Stalingrado. Inmediatamente después, la casa arde en llamas. Emotiva escena final, donde un felino mutante merodea entre los escombros buscando restos humanos.

Lo idílico: La playa. El mar. ¡Ese sol esplendoroso suspendido en el firmamento! Las olas rumorosas. Toda esa gente tan joven, tan sana, tan parejamente tostada. Unas chicas preciosas con breves trajes de baño. ¡Todos sonríen! La vida es bella. El protagonista fuma y disfruta. Los ojos femeninos vuelven hacia él& El cigarro lo convierte en el estereotipo de un ganador&
Lo real: Truculento hospital de cancerosos. Un pasillo sucio, atestado con dolientes, quejosos y moribundos. La última aspirina que había en el hospital se acabó el día anterior. El protagonista (es el mismo del mar, el sol, etcétera) está en el suelo, tirado sobre una camilla cochambrosa. Cadavérico y con la piel apergaminada, boquea angustiosamente mientras dos familiares se acongojan junto a él. Un médico pasa a su lado pero se aleja, sin mirarlo, mientras exhorta con alaridos al paro sindical. El protagonista tartajea quejumbroso, mientras intenta atrapar la última bocanada de oxígeno: ¿Por qué no dejé a tiempo el maldito cigarrillo? La Parca, entretanto, se acerca sonriendo (aderezar el producto con la música de Tales From the Crypt).

Lo idílico: Dos corredores (ella muy hermosa, él atlético). Las palmeras. El mar. La arquitectura colonial. La musiquita suave y vigorizante. Gente buena que saluda. Las palomas revolotean tiernamente (sin ensuciar a nada ni a nadie). El puerto. El puente. La playa, Dos jóvenes que corren sin hallar obstáculo. El límite parece ser el futuro&
Lo real: Dos corredores. El sol, la brisa, el campo, la sed sahariana, la deshidratación. Una multitud los confunde con dos tipos que asaltaron un bus extraurbano y pretende lincharlos. Dos corredores. El smog criminal, el embotellamiento de tránsito, las bocinas y los insultos a diestra y siniestra. Pasa un energúmeno en Land Rover, a punto de atropellarlos. Dos corredores. Los baches, los pozos, las grietas sísmicas, los accidentes telúricos, el esguince. Una corredora. El cielo azul, los piropos subidos de tono, la brisa, los zopilotes, el paisaje& La patota.