Año III - Nº 119 - Uruguay, 25 de febrero del 2005

 

 

 

 

Es difícil ser padre...
CRITICAS
por Ruben López Arce

Cómo estoy, papá?

La pregunta es inocente, casi angelical; sin embargo amerita una contestación que satisfaga su ego; el espejo no le miente, ella se sabe interesante, pero espera mi aprobación.

-Estás muy bonita, me gusta tu peinado, está muy bien combinado el conjunto que luces, en fin, te veo muy bien; claro,... en plan de opinar, agregaría que esa pollera está bastante corta, me atrevería a decir demasiado corta.

-Pero papá... es lo que se usa, está de moda. No seas malo, las muchachas de hoy se visten así; a nadie llama la atención una pollera de este largo, porque así lo determinan los catálogos modernos y la época actual.

Es un dialogo normal, entre padre e hija, la relación es fluida y la comunicación permanente. Hay receptividad de parte a parte por lo que todo está correcto. Ella acaba de vestirse para asistir al ensayo semanal de su grupo de canto coral. Después tiene pensado tomar un té o un vermouth en la confitería con algún dragoncito, que ya ha sonado en el ámbito familiar. Revolotea junto a su madre, se le ve feliz, da una vuelta más a mi lado y de improviso expresa:

-Debo irme, se me está haciendo tarde... Papá , a ti qué te parece, mejor no voy al ensayo; tengo ganas de llamar a mi "amigo" para que pase a buscarme, tomamos un café y luego nos vamos a casa de Isabel que es su cumpleaños y hemos quedado de visitarla.

-No me parece bien que faltes al ensayo, creo que haces mal en no asistir,... recuerda tu compromiso con las compañeras y el profesor. La actuación es la próxima semana y es una muy buena razón para que el grupo esté bien ajustado... y eso... exige ensayo.

Ella es así, de pronto tremendamente consciente de sus deberes y al momento, adorablemente irresponsable. Sus 19 primaveras dan razón a sus actitudes.

-Sí, papá te entiendo... pero si voy al ensayo, las chiquilinas me van a cargar porque estoy con toda la pinta, tú sabes cómo son las chicas... Además tengo que ir en ómnibus y... la verdad, esta pollera que está un poco corta... no sé, capaz que piensan que estoy provocando.

La escucho y no la entiendo, es decir no puedo creerlo, me siento anonadado, no salgo de mi asombro, tal vez ella no se da cuenta pero estamos en el punto cero, y me está dando la razón. Tal vez no piensa en lo que dice,... pero, me llama la atención, porque ella es muy inteligente.

Indudablemente a veces soy yo quien no entiende nada.

-Hija, estás muy bien vestidita y paquetona, porque según dices, tienes otro compromiso después del ensayo; tus amigas podrán chichonearte y festejarte, pero, esa es su forma de decirte que estás muy hermosa. Por otra parte, si usas esa prenda, es porque como me dijiste antes, está de moda, así que no comprendo tu temor.

-Ah papá, ¿ porqué no entiendes lo que quiero decir?

- Claudia, tu piensas que no lo entiendo, pero me resulta incomprensible que pienses de una manera y luego actúes de otra. Yo creo ser coherente, pero, con esa forma de pensar, tú no lo eres.

Pruebas al canto, vuelvo a decirte que esa pollerita está demasiado corta...

Levanta los brazos gesticulando ostentosamente, da gritos de desaprobación a mi comentario, mueve sus hombros y se retira de la habitación. Intuyo los pasos que da en su dormitorio. Su madre que la acompaña, le habla en voz baja y conociéndola como la conozco me parece escucharla comentándole que yo tengo razón en mi juicio. Escucho los murmullos de ambos y espero con la casi seguridad de que mi observación no será considerada.

Retorna junto a mí, sonríe, está feliz...está enamorada y todo resulta sencillo y sin complicaciones. Ventajas de la juventud. No hay misterios, la discusión no tiene secuelas y todo está bien.

La observo mientras los pensamientos se aglutinan en mi mente.. De pronto, sanamente sin ningún tipo de premeditación observo que tiene excesivo carmín en sus labios, incluso sus hermosos dientes están parcialmente enrojecidos por el exceso de pintura.

Es cierto. Mi espontaneidad puede haber incidido en una situación desencadenante, pero igualmente comenté:

-Mi amor, te pusiste tanto carmín en tus labios que hasta tus dientes están rojos. Si te maquillas de esa manera, te perjudicas tú misma, tu boquita y tus labios ya son de por sí grandes y hermosos pero por el exceso de pintura se agrandan los rasgos y eso no es bueno.

-¡¡Ayyy, papá, estás sólo para criticarme; desde que me acerco a tí sólo escucho tus críticas, que esto está mal, que esto no te gusta, que esto otro te molesta, por favor, nunca me dices nada positivo...¿Por qué eres así conmigo?

Es el segundo estupor de la noche. Sigo sin entender nada, y lo que es peor me doy cuenta de que ella, a pesar de ser muy inteligente, tampoco comprende nada.

No capta que se lo digo por ella misma, porque la amo más que nada en el mundo. Me pregunto por qué no entiende mi apreciación y el espíritu de mi acotación.

Tal vez nunca he sabido hacerme comprender pero desde que ella era una niña, siempre he deseado que sea la mejor, la más bonita, la mejor vestida, la más delicada, la de mejores atributos y condiciones; deseos de padre, siempre lo mejor, por ella y para ella.

Quisiera gritar en este momento a los cuatro vientos, que lo mío no es crítica, lo mío no es negativo, no es perjudicial. Justamente lo contrario, yo quiero evitar el comentario suspicaz, el murmullo peyorativo. Dios mío, es mi deber de padre evitar una situación fácilmente previsible, por lo menos para mí. Si está en mis manos aportar una solución, evitar un comentario desagradable, estoy obligado a decirlo, porque el amor y la fidelidad paternos así lo exigen.

Simplemente evito que sea enjuiciada por otros. Ser sincero por cariño no infiere una ofensa ni cosa que se le parezca. Creo que está muy por encima de una banal consideración de crítica. Todo esto me apena y me hace sentir muy mal. Quizás algún día, ella piense como yo... y a sus hijos, les haga comentarios en su beneficio y no como ella está pensando ahora...

- Es muy difícil ser padre....