Año III - Nº 123 - Uruguay, 25 de marzo del 2005

 

 

 

 

 

 

Ahora soy el Jefe
por Rubén López Arce

 

Fueron años muy felices
con problemas pasajeros
laburaba de "cajero"
esquivando las perdices,
porque los momentos grises
fueron pocos sin dudar,
cuando me tocaba errar
reponía, y a otra cosa
mi vida era color rosa
entre cobrar y pagar.

Once años de cajero
conceden mucha experiencia
no precisa mucha ciencia
pero sí, un ojo certero
hay que ser medio ligero,
astuto como el que más
el Banco es el Mandamás
nunca pierde, siempre gana
y eso no es una macana
pues no perdona jamás.

Y mi ciclo terminó
porque me llegó el ascenso
y deploro cuando pienso
que el ascenso apareció.
El Gerente me llamó
para darme el notición,
mucha felicitación,
con el cambio, que era bollo,
pero era bruto embrollo
peor que una maldición.

Porque ahora no trabajo,
no laburo como es ley
ahora yugo como un buey
como peón de más abajo,,
porque esto es un relajo
y no es contradicción
soy Jefe de la Sección
SECTOR MONEDA EXTRANJERA
y esa ha sido en mi carrera,
mi mayor desilusión.

Sector Moneda Extranjera
un bodrio sin discusión,
allí soy dueño y señor
como rey de una quimera
allí soy quincha y cumbrera
de mi rancho payasesco
soy jefe casi grotesco
porque grito y me rezongo
doy órdenes y dispongo
porque mando y me obedezco.

 

 

Tal cual como se ordenó
me borraron de la caja
y me ajustaron la faja
sin ninguna compasión.
Soy Jefe de la sección,
pero sin indios al mando
me paso el día contando
toda la plata extranjera
y quedo de lengua afuera
con los ojos lagrimeando.

Mi trono está en un rincón,
el más triste del Tesoro
allí mi vida atesoro
con dólares en montón,
que llegan en borbollón
de todas las Sucursales
paquetes descomunales
que rompo y contabilizo
como un advenedizo,
sin cargo ni credenciales.

Me atoro con los paquetes,
respiro por las orejas,
a nadie importan mis quejas
hablo sólo, a los billetes,
prisionero sin grilletes
guardián muy bien vigilado
soy rey ,pero destronado
en un reino sin vasallos
y en los dedos tengo callos
de hacer paquetes y atados.

Cuento del uno hasta el cien
cinco mil veces por tarde
por eso siempre hago alarde
de saber contar muy bien.
Pero me avivo recién
de mi simpleza al hablar
mi hija, que es escolar,
también hasta cien cuenta
sin ponerse barullenta
ni pretender alardear.

Aquí pasaré un tiempito
manoseando los billetes
contando, haciendo paquetes
y el diario balancecito
podrían irse un poquito
a donde cayó el avión,
y meterse esta sección
donde el sol no puede entrar,
porque yo soy sin dudar,


13.VII.1980